Paul McCartney hasta 1966

Vamos a hablar de un muchacho.

Un joven que con su sonrisa, su personalidad y su arte hacía felices a muchas personas. Alguien a quien la gente que lo rodeaba no podía evitar querer. Y que merece ser recordado por lo que era.



Me ha costado saber cómo enfocarlo. Parece mentira, con lo que sé de él. Quizá ha sido precisamente por eso: ¿cómo resumir en diez hojas todo lo que quiero contar? Y es que no lo he hecho, porque al margen de mis explicaciones, el que mejor va a describir cómo era Paul va a ser él mismo, con sus fotos, sus entrevistas y sus actuaciones.

He intentado ser objetiva, pero este artículo está escrito desde el corazón, más que ningún otro que haya publicado hasta ahora. No creo que lo haya conseguido, espero que sepáis perdonarme.

Os presento a James Paul McCartney.

No hay apenas fuentes fiables sobre la infancia de Paul. Ya sabemos de dónde han salido prácticamente todas. Él no solía hablar de este tipo de cuestiones, era muy celoso de su vida personal y sus sentimientos. Desbordaba simpatía y naturalidad, pero en el fondo se sentía incómodo cuando le preguntaban por estos temas.

Lo poquito que sabemos es gracias a alguna de sus entrevistas en vida, y al testimonio de George y de algunas de las personas que lo conocieron entonces. Tampoco de lo que contó Dot nos podemos fiar: en la única entrevista que ha concedido en su vida estaba muy dolida.

James McCartney y Mary Mohin se casaron en 1940 en Liverpool, siendo ya algo mayores para la época. Tuvieron dos hijos, Paul y Michael. Eran una familia feliz, que se basaba en valores como el amor, el respeto a los demás y el trabajo duro. Jim especialmente, solía dar sabios consejos a sus hijos, les escuchaba y a la vez les animaba a pensar por sí mismos.

18 de Junio de 1942, fue cuando todo empezó, y hasta ahora he tenido una vida muy buena y feliz, aunque no perfecta, por supuesto.

Y es que la familia McCartney pasó por momentos de grandes dificultades económicas. James era vendedor de telas de algodón y su salario, la mayoría de las veces, no era suficiente. Menos mal que Mary era enfermera (su especialidad era ayudar a traer bebés al mundo), una mujer valiente y trabajadora, a veces hasta la extenuación. Su esposo y sus hijos la admiraban muchísimo.

Por eso supuso un terrible golpe su muerte, en octubre de 1956

Mi mamá murió cuando yo tenía catorce años. Aquello fue una gran tragedia… la muerte de mamá. Desearía tanto que hubiera vivido para vernos llegar a ser famosos, porque habría estado muy orgullosa.

Se ha dicho que Paul, en ese momento, se apoyó en la música para superarlo. Es posible que le ayudara, pero yo creo que le interesaba desde hacía mucho tiempo. Jim era músico, tocaba la trompeta y el piano y había formado parte de una banda de Jazz con su hermano. También el abuelo de Paul, Joe, había sentido atracción por la música, le encantaba la ópera y había tocado la tuba en una orquesta militar.

Jim no sólo influyó en su hijo en este aspecto. Por un lado, hacía gala de una gran sencillez. Cynthia en su biografía recuerda que, cuando iban a casa de Paul, a menudo lo veían con un mandil sirviendo el té o realizando otras tareas de la casa.

Pero, por otro lado, también lo recuerda reprimiéndola por no comportarse en ocasiones como una señorita, recomendándole que aprendiera buenas maneras y la etiqueta necesaria para hablar con la gente. Y es que Jim era un hombre elegante, serio y circunspecto que, a pesar de pertenecer a una clase social media-baja, hacía gala siempre de una educación y unas formas exquisitas. Y esto es algo que también heredó Paul.

Sin embargo, él tenía algo más. Muchas de las personas de su entorno lo calificaban como un niño increíble, con una forma de hablar, de mirar y de moverse que encandilaba a todo el mundo. Era de esas personas que, estén donde estén, acaparan toda la atención, como si brillaran con luz propia.

Una de sus profesoras lo describía como «un niño dulce, amable pero con un agudo sentido del humor, capaz de decir las cosas más lindas y a la vez de gastar las bromas más pesadas sin perder la sonrisa y ese brillo en los ojos que hacían que fueras incapaz de enfadarte con él».

Un niño con un tremendo carisma y un amor por la música que, unido a su genialidad innata, lo convirtieron en el hombre que vamos a ver ahora.

Uno de sus rasgos más bonitos y únicos era su sonrisa, tal y como decía su profesora.

Una sonrisa abierta y franca, muy natural.

Fruto de su optimismo y su forma sencilla de ver la vida.

Yo era un chaval que parecía hacerlo todo desde atrás hacia delante. Solía escribir al revés, y cada vez que mis maestros leían mi cuaderno tenían convulsiones. Esto me acarreaba dificultades fuera de la escuela, también. No era capaz de aprender a montar en bici porque insistía en pedalear al revés. Estaba convencido de que mi forma de hacerlo era la correcta, y que todos los demás estaban equivocados.

Entonces mi papá me dijo: «Si es así, ¿cómo es que todos ellos han llegado ya hasta el final de la carretera y tú estás todavía aquí»?

«Ése es el punto», pensé, y empezó a ocurrírseme que, posiblemente, toda mi teoría debía de estar equivocada.

John a menudo se reía de él. En broma, solía llamarle «carita de bebé», porque Paul siempre mantuvo un aspecto infantil, como «aniñado», algo que lo hacía muy atractivo para sus fans.

Su mirada influía mucho en este aspecto. La mirada de Paul era inocente, soñadora, incluso un poquito dormida.

Déjame contarte cuál era mi principal interés fuera de la escuela en aquellos días: el movimiento Boy Scout.

Era genial estar en el campamento. Solíamos cocinar alubias estofadas y salchichas, y nos las comíamos con grandes rebanadas de pan caliente. Después también era genial, puesto que nos sentábamos alrededor del fuego, envolviéndonos en mantas para protegernos del frío, y cantábamos canciones con un viejo banjo.

El campamento estuvo bien hasta que acabó, porque el día después de volver a casa desarrollé «El sarpullido». Has oído hablar de «La gran plaga de Londres», ¿verdad? Pues esto era «El gran sarpullido de McCartney». Empezó en el desayuno, en la punta de los dedos. Para la hora de comer ya había «reptado» hasta mi muñeca, y a la hora del té yo era una masa enrojecida andante. Así que tuve que ir al hospital.

 

 

No importa si estaba serio o sonriendo, ni tampoco los años que pasaran. Esa mirada la tuvo toda su vida. Y es que se trata de algo inherente a todas las personas, que refleja su personalidad y su interior, y no cambia jamás.

Es curioso que, a pesar de este aspecto tan aniñado, Paul hiciera gala de una tremenda masculinidad, algo cándida y muy refinada, pero sobre todo muy despreocupada.

Y, con todas estas cualidades, no es de extrañar que tuviera una gran presencia en el escenario, incluso desde sus primeros tiempos como artista.

Todos la tenían, claro, pero en el caso de Paul se sumaba el hecho de que se dejara la piel en las actuaciones, irradiaba entusiasmo y se notaba a la legua lo que disfrutaba.

Daba igual lo «comedido» y «correcto» que intentara ser en las presentaciones:

Al final terminaba dejándose llevar y pasándolo muy bien, porque había nacido para ello y lo sabía. Paul jamás dejó de hacer conciertos porque para él eran su vida.

Adoraba al público, el ambiente que se creaba en sus conciertos y las muestras de cariño y de admiración de las fans. Nunca le molestó el ruido que se generaba. En una ocasión, en una entrevista para la cadena escocesa STV, afirmó que le encantaban los gritos, porque creaban una atmósfera estupenda, y ellos estaban allí para eso.

Otra de las cosas que se aprecia cuando se ven conciertos y entrevistas de los Beatles es el compañerismo que había entre ellos. Un cariño y un respeto que llenaba de magia el ambiente. Lo pasaban genial juntos, ya fuera paseando por la playa o ensayando:

Es lógico: se habían conocido de muy jóvenes, habían compartido el amor por la música, se habían marchado juntos a Hamburgo, teniendo que lidiar con la penuria económica, viviendo apiñados en la parte trasera de un cine. Y luego, también juntos, fueron viendo, día a día, como su esfuerzo se veía recompensado.

Cuando tenía quince años me fui un fin de semana de vacaciones en autostop con George y John. Estábamos de pie a un lado de la carretera, con el pulgar levantado, cuando un enorme camión se detuvo. Por supuesto, los otros dos se colocaron delante, como era habitual, y yo, que era el último, tuve que sentarme en una parte del motor que estaba en la cabina.

Cuando ya habíamos viajado unas cuantas millas, dije: «¡caramba, hace calor aquí!»

«Estás un poco rojo, quizá tu «gran sarpullido» ha vuelto», respondieron los otros dos. Unos diez minutos más tarde lo volví a mencionar:

«Nunca había sentido tanto calor», dije.

«Vale, no sigas con eso», respondieron los otros.

Justo entonces eché una ojeada abajo. ¡Mis pantalones estaban en llamas! Al instante empecé a arrancármelos.

«Sólo porque sientas un poco de calor, no tienes por qué desnudarte, ¿verdad?», exclamaron mis amigos.

«¡Estoy ardiendo!», grité. Entonces fue cuando se dieron cuenta. En segundos habían alejado los pantalones de mí y apagaron el fuego. Resultó que la parte del motor sobre la que había estado sentado era la batería, y los cables hicieron un cortocircuito con los corchetes metálicos de la parte de atrás de mis vaqueros y me prendieron fuego.

Mi papá no se rió demasiado cuando se lo contamos después.

Paul, especialmente, era un buen compañero, leal y sincero. La amistad era un valor muy importante para él.

Si leemos los pocos extractos que aún existen del diario personal de Mal Evans, notaremos en seguida cuánto lo apreciaba, por encima de los demás. Era su favorito. No es que fuera un santo, también le gastaba bromas, pero siempre intentaba tratarle con cariño. Y esto para Mal era muy importante.


Pero esta faceta alcanzó su máxima expresión con John. John era más que su amigo o compañero, era casi como su hermano. Se comprendían, se compenetraban y, sobre todo, se querían mucho. No en vano son el dúo compositor más importante de la historia de la música.

Y ello, a pesar de las diferencias que había entre ellos. Eran como la noche y el día, la luna y el sol. Paul, comedido, romántico y optimista. John, histriónico, ácido y taciturno.

A Paul, debido a que le preocupaba mucho su imagen ante los fans, no le agradaban demasiado las bromas y payasadas que solía hacer John en el escenario. Una prueba de ello es el concierto en Washington, en su primer viaje a USA.

Para él era muy importante quedar bien ante los fans norteamericanos y se nota cómo se siente incómodo con los gestos de John fingiendo ser un discapacitado mental mientras da palmas.

No sabemos qué cara puso cuando John, en el concierto anterior, en el Royal Variety Performance, proponía que los ricos hicieran sonar sus joyas en lugar de aplaudir. Pero nos la podemos imaginar, después de haberle visto decirle a la Reina, con su mejor sonrisa:

Thank you very much, indeed.

Pensaría lo que fuera, pero era políticamente correcto hasta la extenuación.

En cualquier caso, aunque no le gustaran estas típicas salidas de tono de John, las soportaba siempre, porque lo respetaba y admiraba mucho. Su opinión era fundamental para él. Sabía que eso formaba parte de su carácter, y a un amigo hay que aceptarlo como es.

Como ya adelantaba más arriba, Paul no solía hacer el tonto en los conciertos. Ante todo, era un profesional. El resultado de la actuación era fundamental para él. Controlaba cada acorde, cada nota. No son pocas las veces en que le vemos marcar el ritmo de sus compañeros y estar pendiente de cómo sonaba cada instrumento.

Todos nos acordamos del concierto en el Budokan de Tokio, aquel desastre con los micrófonos. A Paul no le gustó nada, pero a pesar de todo supo cantar, tocar y mover el micro a su posición original las veces que hizo falta sin perder el ritmo.

Esta preocupación por su trabajo es lo que motivó que asumiera en su momento el bajo, cuando Stuart anunció que dejaría el grupo. Se preocupó de buscar bien el modelo que usaría, adecuado a su complexión, su estilo y su forma de moverse y tocar. Un bajo con el mástil más corto de lo habitual, mejor para alguien acostumbrado a la guitarra. Un modelo de una marca que ya conocía y con el que empezó a prepararse un mes antes de que su compañero se fuera, para que eso no afectara a los compromisos que tenía la banda.

En conciertos, en el estudio, y también en las entrevistas. Paul era profesional, por mucho que le costara.

En este vídeo Paul estaba enfermo. Sufría de una fuerte gripe estomacal que incluso hizo que le fuera imposible actuar aquella noche, motivo por el que se canceló el concierto. Pero mientras pudo, estuvo al pie del cañón, como es el caso de esta entrevista, en la que se nota el tremendo esfuerzo que está haciendo, sobre todo al final, cuando John, que sabe perfectamente lo que le pasa, le dirige una mirada de comprensión:

Pero Paul no era siempre tan serio. Aunque digamos que no se prodigaba en payasadas, tampoco es que no tuviera sentido del humor. Al contrario, le encantaban las bromas, eso sí, sin perder jamás las formas. Tenemos ejemplos muy divertidos.

Ésta también es muy graciosa. Ringo está enfadadísimo, no debía de tener muchas ganas de responder obviedades. Paul en cambio está muy natural y cómodo. «Compras periódicos baratos, tienes noticias baratas».

Presentando en francés. Estaba bromeando, porque él sabía hablar bastante mejor en este idioma:

Aquí tenemos la diferencia entre Paul y John. Paul era bastante menos histriónico, menos dado a hacer gestos exagerados y con un gran sentido del ridículo:

Bueno, salvo honrosos momentos:

O durante la boda de George, en la que bebió más de la cuenta y pasó todo el tiempo gritando: «¡vivan los novios!»

¿Quién no ha visto esta entrevista? En ella se ve a un Paul bastante tímido, aunque se ríe como el que más.

Ésta también es muy conocida, se le nota nervioso y le falta algo de soltura, seguramente aparecer él sólo, sin el apoyo del resto del grupo, le incomodaba, aunque no por ello dejaba de lado el sentido del humor:

Y esta es mi favorita. Lo describe mejor que ninguna. Su diplomacia cuando le preguntan si le gustan los Mod o los Rockers, su humildad cuando dice que John es mucho más inteligente que él y la forma tan divertida en que sale del brete de tener que desmentir su compromiso con Jane. Es redonda:

Existe una anécdota de 1964, en el cumpleaños del padre de Paul. Cuando llegó el momento de darle los regalos, éste le entregó un gran sobre, que Jim abrió expectante, para encontrarse con un feo y vulgar cuadro de un caballo.

Intentando ser correcto y agradecido, pero sin poder disimular un punto de decepción, dijo: «oh, qué bonito, me gusta mucho».

Entonces Paul rió y sacó de su bolsillo una foto. Era una foto de un caballo real, que acababa de comprarle, y que le aguardaba al lado de su casa, en Cheshire.

El padre de Paul se quedó estupefacto y luego, con lágrimas en los ojos y dándole un abrazo, le dijo: «jodido mamón…»

Mi papá me ha ayudado mucho con mi carrera. Él solía liderar una banda de Jazz allá por los años veinte, y sabe mucho sobre el negocio de la música. Desde luego, nuestro tipo de música está un poco alejada de un hombre tan mayor y algo pasado de moda, pero a él le gusta, y a nosotros lo suyo.

Un día voy a comprarle a mi papá una bonita y gran casa. Hay un poco de oposición a ello. Mis tíos, que han cuidado de nosotros desde que mamá murió, y la señora que hace la limpieza para papá, argumentan que una casa pequeña es mejor.

«Esta ya es bastante mala con todas tus cosas esparcidas por todas partes», refunfuñan, «mira esos zapatos sobre el felpudo, abrigos sobre las barandillas, guitarras por todo el suelo».

Pero Paul cumplió su promesa, pese a las protestas de la asistenta de Jim. Un año después de esta entrevista le compró a su padre una casa con un inmenso jardín, que llamaron «Rembrandt».

La foto de arriba está tomada allí. Siempre me ha gustado mucho, porque se trata de una imagen casual, y por lo tanto muy natural, de padre e hijo. También porque, a pesar de estar en casa, en el jardín, en un momento de descanso, ambos visten elegantes.

Paul era muy presumido. Sabía perfectamente que era guapo, y además que los trajes le sentaban muy bien y le daban un aspecto serio y adulto. No era como John, que siempre se sintió incómodo con chaqueta y corbata, y en cuanto podía se las quitaba o directamente prescindía de ellas.

En el documental Anthology se nos muestra una entrevista del 63 en la que Paul comenta que se alegró de que Brian les recomendara vestir más elegantes, porque sentía que la gente se reía de ellos cuando salían al escenario enfundados en cuero. John le interrumpe contradiciéndole, porque él no tenía esa impresión.

El caso es que Paul aceptó de buen grado el cambio, le encantaba tener buen aspecto, y no lo disimuló nunca:

Gasto mucho dinero en ropa. Me gustan las camisetas de cuello alto, los pantalones ajustados y los calcetines negros. No puedo soportar los de colores. También me encantan los trajes, las chaquetas y las botas de ante o cuero.

 


La película A hard day’s night, al contrario que Help!, trataba de recrear el carácter de cada uno de ellos tal y como eran. En el caso de Paul, desde el primer momento lo mostraron comedido, coqueto y muy preocupado por su imagen.

El único con corbata…

 

Bueno sí, una foto un tanto «preparada», lo sé. Pero no he podido evitarlo. Todo un señorito inglés…

En esta imagen de arriba vemos que, incluso vistiendo informal, solía hacerlo de forma cuidada y elegante.

En su última aparición, ya en septiembre del 66, aunque los tiempos cambiaban y habían comenzado a usar otro tipo de colores y estilos (véase la exagerada camisa de topos de Ringo), Paul, para esta ocasión tan especial, optó por este traje de raya diplomática, que además ya había usado en anteriores apariciones, como en el aeropuerto de Heathrow antes de partir para la gira de Estados Unidos.

Aunque en esta imagen lo veamos alegre, así como en los conciertos de esa última gira, la verdad es que Paul tuvo un cambio muy brusco de actitud durante aquel año. Pero de eso hablaremos en otro artículo.

Llegados a este punto, muchos estarán pensando: «Bueno, ya basta, ¿es que estamos ante el hombre perfecto? ¿Ni un fallo, ni una sombra? Venga, Ruth, algo te estás callando».

Pues sí, Paul tenía un tremendo defecto, si es que lo queremos llamar así: le perdían las mujeres bonitas.

De hecho, era bastante infiel. A lo largo de su vida tuvo multitud de relaciones, la mayoría esporádicas, otras un poco más serias.



Mi gusto con las chicas varía. Sobre todo me gustan las chicas con el cabello largo y una estructura ósea muy fina.


Efectivamente: igual que con todo lo demás, Paul tenía un gusto exquisito con las mujeres. Siempre muy guapas y refinadas.

Sabemos que Paul tuvo dos hijos no reconocidos: Philip, con Anita Cochrane, y Bettina, con Erika Huebbers. Hay ciertos rumores de que podría haber una tercera, Michelle, hija de una chica francesa. Y también hay quien dice, no sin algo de razón, que podrían ser más…

Y es que Paul no creía en el matrimonio por compromiso. Exceptuando a su novia de juventud, Dot, con la que se prometió cuando quedó embarazada, en el resto de las ocasiones no tuvo ni la más mínima intención de casarse con las futuras madres de sus hijos. Si bien tampoco se desentendió del todo, ya que tanto a Anita como a Bettina las ayudó económicamente.

Si le preguntaban en una entrevista solía decir, directamente y sin tapujos, que no le gustaba el matrimonio, que eso «no era lo suyo».

Y es que para Paul, a pesar de sus numerosos ligues esporádicos, el amor era algo importantísimo. A lo largo de toda su carrera escribió preciosas canciones de amor. A John lo exasperaba, y se reía a menudo de él por este motivo. Fue por eso que cedió su canción A world without love, ya que a John le pareció demasiado cursi y romántica hasta para él.

No me importa lo que digan, no me quedaré en un mundo sin amor.

Paul conoció a Jane en abril de 1963, en el programa de la BBC Juke Box Jury. Después del programa la invitaron a ir a una fiesta con ellos. Según nos cuenta Cynthia, Paul se quedó inmediatamente prendado de su belleza. Pasaron toda la noche hablando y congeniaron muy bien.

Al año siguiente se trasladó a vivir a casa de los padres de Jane, en una habitación que le prepararon en el ático. Siempre me ha llamado la atención este hecho: en los años sesenta no era habitual que unos padres, más tratándose de la seria y tradicional familia Asher, permitieran que el novio de su hija durmiera bajo el mismo techo que esta.

Pero el caso es que así fue. A Paul le vino muy bien por la cercanía al estudio, ya que por ese tiempo le habían retirado el permiso de conducir por exceso de velocidad. Pero es que, además, se sentía muy bien conviviendo con una familia tan ilustre, con una educación exquisita, de la cual aprendió mucho y terminó de pulir su estilo.

Se dice que Paul le era infiel a Jane, y así fue. Se dice que la relación estuvo plagada de luces y sombras. Pero lo que está claro es que, al menos al principio, él estaba enamoradísimo de ella.

La famosa pulsera que Paul lucía en su brazo izquierdo, y que no se quitaba nunca (ni siquiera para bañarse) siempre ha sido un pequeño misterio para muchos. ¿Quién se la regalaría? ¿Qué ponía?



En una ocasión, una fan le preguntó, en una publicación, por el origen de la misma. Paul respondió: ¿Dónde la conseguí? Sólo diré que tiene un gran valor sentimental para mí.

A juzgar por el momento en que apareció la pulsera, y basándonos en esto, deduzco que se la regaló la propia Jane. Y puedo además afirmar que jamás se la quitó. Sin embargo, no quiso decir de dónde había salido. Como ya decíamos antes, él era muy celoso de su intimidad.

Una de las cosas que más le dolía a Paul era la constante separación que tenían que afrontar debido a sus carreras profesionales. Jane era una mujer muy moderna para su época, independiente y autónoma. Él no tuvo más remedio que aceptarlo, pero le pesaba mucho:

Sea como fuere, la relación fue salvando todas las dificultades a lo largo de los dos años y medio que estuvieron juntos. Él estaba dispuesto a todo por ella.

Hemos hablado del aspecto físico, de su personalidad, de su sentido de la amistad, de su forma de comportarse en público y de su idea del amor.

A pesar de que ya lo hemos tratado muchas veces, no me gustaría terminar este artículo sin abordar, aunque sea de forma breve, el aspecto musical.

Como músico experimentado, Paul sabía tocar varios instrumentos; algunos no se conocen demasiado, como es el caso de la batería o incluso el sitar. Siempre se le ha considerado principalmente bajista, y es que fue con este instrumento donde alcanzó el máximo nivel de calidad. La línea de bajo de Rain, compuesta e interpretada por él, es considerada de las mejores de la Historia:

La canción And I love her es otro buen ejemplo. Aunque el bajo no sea excesivamente elaborado, es impresionante cómo complementa a la canción. Se podría escuchar sólo el bajo y la voz de Paul y sería lo mismo.

Pero también sabía tocar la guitarra muy bien. Un ejemplo de ello es el impresionante solo de Taxman, que George le pidió que interpretara.

También es impresionante ver cómo, a pesar de la dificultad del bajo de Long Tall Sally, lo ejecutaba a la perfección sin perder un ápice de fuerza al cantar:

Otro aspecto a tener en cuenta es la voz. Paul tenía una voz muy grave. En muchos sitios lo catalogan como «Tenor bajo» (a pesar de que eso no existe; pero lo anterior a tenor es barítono y tal vez les pareciera excesivo, dependiendo de qué canciones y qué época tuvieran en cuenta).

Hemos podido escuchar varias entrevistas suyas. La mejor forma de comprobar hasta qué grado su voz era grave es oírle hablar.

Cuando empezó su carrera, cantaba con su voz en bruto, sin pulir todavía, tal cual le salía. Los Decca Tapes son un estupendo ejemplo de ello. Demos gracias por tenerlos:

Pero ya entonces se notaba en qué medida era capaz de alzar la voz y alcanzar tonos agudos. Porque, esto es importante, la verdadera cualidad de Paul, lo que lo hacía grande como cantante, no era el hecho de cantar notas altas. Sino que fuera capaz de pasar de una voz que de su natural era gravísima a una mucho más aguda en apenas una nota. Es lo que llamamos «alzamiento», y eso es algo que sólo alguien con un rango muy amplio y con un buen manejo de su voz es capaz de hacer.

El mejor ejemplo de esto es Yesterday (por fin una excusa para ponerla en este artículo). Y precisamente en esta palabra concreta, donde al final del estribillo realiza un alzamiento de voz perfecto, no sin algo de esfuerzo, pero sin quedarse sin aire y sin perder potencia en la voz:

No existe una sola interpretación en vivo de Paul cantando Yesterday en la que falle en este alzamiento. Repito: no existe.

Ya conocemos un poco mejor a James Paul McCartney, ¿verdad? Pero nos falta un aspecto fundamental en su historia. Yo diría que decisivo.

Él siempre fue prudente con temas controvertidos, al contrario que John, que rabiaba por dentro al no poder expresarse abiertamente (por recomendación de Brian) y no pudo evitarlo en más de una ocasión. Sin embargo, en las pocas ocasiones en que Paul lo hizo, nos dejó un retrato perfecto de su forma de pensar .

En una de tantas veces en que le preguntaron por el ruido ocasionado en sus conciertos, respondió:

No sólo no nos importa que las fans griten, es que no consideramos que debamos pedirles que no lo hagan. Tenemos que respetar el derecho de las personas a gritar y a expresarse como quieran.

Entrevista para Melody Maker, 1964:

Coleman: ¿Crees que tenéis cierta responsabilidad sobre vuestros fans, ya que ellos os tienen en un pedestal?

Paul: No. Sé que sería una bonita respuesta si dijera que sí, que tenemos una responsabilidad con los fans. Pero sería innoble usarlo en mi beneficio. La respuesta es no. No creo que tengamos ninguna responsabilidad, francamente, y hay que explicarlo bien. Es insultar a la inteligencia de los jóvenes decirles lo que tienen que hacer. A veces hay gente que nos lo aconseja, pidiéndonos que vayamos a una reunión y le digamos a un montón de gente que no deberían beber alcohol. ¿Por quiénes nos toman? Se reirían de nosotros si les dijéramos a los jóvenes de Gran Bretaña que no beban. Sería condenadamente impertinente. Yo no tengo el derecho de interferir en la vida de nadie. ¿Tú crees que porque los Beatles digan «no vayáis por ahí pegándole a la gente», los criminales pararían? No lo harían. Y es una desfachatez que esperen eso de nosotros. Me sentiría como un perfecto idiota diciendo «no bebas».

La negativa tajante y contundente de Paul de usar su fama para influir en la juventud. Y también su condena.

Paul y el asesinato de Kennedy

Mark Lane es un abogado, investigador y escritor. Fue legislador del Estado de Nueva York y es famoso por su fuerte activismo a favor de los derechos civiles. Fue un gran crítico de la Guerra de Vietnam e investigó y denunció los numerosos crímenes injustificados que se cometieron durante la contienda.

Pero por lo que realmente es conocido Lane es por haber sido uno de los primeros en hablar claramente de una conspiración para asesinar a Kennedy.

Mark había sido amigo suyo y le había apoyado en su candidatura para la presidencia. Tras su muerte, debido a las dudas que le suscitaba la versión oficial, inició una investigación que le hizo declarar delante de la Comisión Warren que varios testigos habían señalado a otra persona como el asesino del agente Tippit, por cuya causa fue detenido Oswald en un primer momento.

Con el tiempo hizo una recopilación de testimonios y contradicciones que ponían en Jaque las conclusiones de la infame Comisión, y que decidió exponer en un libro.

Es ahora cuando entra en escena James Paul McCartney.

Según una reciente biografía publicada por Mark, Citizen Lane, en la primera mitad de 1966 pasó un tiempo en Londres, donde se encontró con el Beatle. Tras una respetuosa presentación, Paul le preguntó por el libro.

Tengo entendido que usted ha escrito un libro sobre el asesinato de Kennedy. Me gustaría leerlo.

Lane le explicó que todavía no se había publicado, y que sólo tenía su copia personal manuscrita.

Si tan sólo pudiera prestármelo… Le aseguro que lo mantendré a salvo y se lo devolveré en unos pocos días.

Según indica Lane en su relato, ante el interés de Paul decidió entregárselo. Le fue devuelto por éste sin que le hiciera ningún comentario, algo que le sorprendió y desilusionó a la vez. Pero esa misma noche, Lane recibió una llamada.

Paul, sin siquiera presentarse, dijo:

Bueno, él no pudo matarle, ¿verdad?

Lane no reconoció a Paul al principio, y se mostró molesto por la interrupción y por la forma de abordarle con la pregunta. Paul se disculpó en seguida:

Lo siento. Paul, Paul McCartney, nos conocimos la otra noche. Y me refiero a que es posible que Oswald no haya matado al presidente Kennedy.

Lane se dio cuenta en seguida de que el libro había conmocionado fuertemente a Paul. Quedaron para cenar unos días después y discutir el tema. Fueron a un discreto restaurante polaco y en medio de la cena una anciana, fan de la banda, le pidió un autógrafo. Paul lo firmó como: «Feliz cena. Paul McCartney, amigo de Mark Lane».

Continuaron hablando durante horas, hasta que una multitud de al menos 200 personas, conocedoras de que Paul se encontraba allí, se congregaron en la puerta, obligándolos a salir por la parte trasera del local y continuar la charla en el apartamento de Lane.

Fue entonces cuando Lane le habló del proyecto de crear un documental que acompañase al libro, cuya grabación estaría prevista para noviembre de ese mismo año.

Paul se ofreció a colaborar componiendo la banda sonora para el film. Lane le advirtió del gran riesgo que eso supondría, ya que el tema era muy delicado y podía poner en peligro su vida. Pero Paul le respondió:

Algún día mis hijos me preguntarán qué he hecho en mi vida, y no puedo responder únicamente que he sido un Beatle.

Semejante ofrecimiento fue muy difícil de rechazar por parte de Lane. Paul era el artista más famoso del mundo en aquel momento, estaba en lo más alto de su carrera, y le estaba ofreciendo su talento y su fama (aun a riesgo de su propia posición de cara a los fans) para ayudarle a difundir la verdad sobre el asesinato de Kennedy.

Sin embargo, aquel proyecto no fue posible. Oficialmente, el director con el que Lane estaba trabajando en el film, se negó a que Paul participara. Debía ser la única persona en el mundo que, al parecer, consideraba que su aportación «no otorgaría más popularidad al documental». Permitidme que dude de sus intenciones, pues cosa que tocaba un Beatle por aquella época, cosa que se convertía en oro y alcanzaba las más altas cotas de difusión.

Además, a Paul le habría sido imposible realizar el trabajo, pues moriría unos meses después.

Un día me casaré, pero no sé cuándo. Cuando encuentre a la chica adecuada, supongo. Entonces simplemente pasará, el amor… el matrimonio. Ella seguramente será de naturaleza amable, porque no me gustan las personas malas. Pero realmente no sé nada sobre ella.

Tendremos una casa realmente fabulosa, con papel de seda en la pared y suaves alfombras, y una piscina con forma de guitarra.

Seré muy casero, también. Llegaré de un show, el fuego estará crepitando en la chimenea, y mi mujer estará acurrucada en un enorme sofá. Quizá haya también dos o tres pequeños McCartneys en lo alto de las escaleras, esperándome para que les dé las buenas noches. Puedo imaginármelo todo, excepto que no he colocado la cara de ella todavía. Tal vez sea una artista, o una periodista, o una fan. Sí, quizá una fan… Debo abrir bien los ojos en el futuro.

 

Lady Ruth
Con la colaboración de Paulina Mcknick, Noemí Bowie, Helena Starkey, Beatrice Hills, Radha Batler y Jaime Macarni.



10 comentarios en “Paul McCartney hasta 1966”

  1. Muy interesante, podemos decir que Paul conocía toda esa conspiración que asesino al Presidente Kennedy, y con su influencia se hubiera sabido la verdad, he ahí la causa de su muerte

  2. Muy buenas tardes señorita lay ruth gracias por compartir esta información sobre cómo era Paul y la gran y buena persona que era , también le queria preguntar con todo respeto si esa ultima declaracion que usted puso de Paul sobre algundia casarse ¿en qué fecha lo dijo Paul? si no es molestia por favor podria responderme gracias le mando saludos desde la ciudad de México.

    1. Buenas tardes, Montse. Casi todas las declaraciones de Paul que uso en el artículo están sacadas de una entrevista que concedió para la revista «Mirabelle», y que se publicó el 2 de noviembre de 1963. Muchas gracias por tu comentario, un saludo para ti también.

  3. y de nuevo gracias por compartir sobre Paul talvez undia pueda decirnos un poco mas sobe el en otro artículo claro si usted asi lo desea gracias por su tiempo le mando saludos.

    1. Claro que sí, Montse, voy a hablar mucho de Paul, sobre todo cuando empiece a repasar la historia Beatle y cuente sus vivencias y declaraciones. Un abrazo.

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