LSD y control de masas en el Festival de Monterey

A lo largo de mi investigación ha habido un ítem que se repetía de manera constante. Siempre estaba ahí, en diferentes vertientes y temas, ya fuera de forma anecdótica o desempeñando un papel clave en la trama. Hace unos días, mientras me documentaba para mi artículo sobre Brian Jones, volvió a aparecer. Me obligó a detenerme y plantearme escribir una nota previa que sirviera de base para lo que está por venir y nos permitiera dejar algunos puntos claros. Una breve reseña de algo tan recurrente como fundamental en la conspiración de la industria musical: el Festival de Monterey.



Cuando se habla del movimiento hippie de los 60 y del alma de la revolución cultural y musical de aquella época siempre se tiene en mente el Festival de Woodstock. Se llevó la gloria y la fama, dejando para la posteridad esas imágenes de verdes explanadas plagadas de jóvenes con el pelo largo, adornados con flores y vestidos con ropa psicodélica.

Fue un evento extravagante, multitudinario, caótico y mítico.

A pesar de que aquel disparatado despliegue llevado a cabo en Sullivan County logró eclipsar al Festival de Monterey, muchos entendidos en música coinciden en afirmar que este merece estar un puesto por encima. No porque tuviera mejor cartel ni la calidad artística fuera mayor, sino por su calidad de pionero. Sin olvidar que supuso el salto a la fama de grandes artistas que acabarían haciendo historia, y que se convirtieron en estrellas de la noche a la mañana.

En la teoría de la conspiración de la industria musical sucede algo parecido: es el festival neoyorkino el que se lleva la palma, considerado por no pocos investigadores como un gran experimento de control mental.

No les falta razón, pero hay que dejar claro que esto ya se había hecho antes. Si hay un festival que merece el dudoso honor de ser el precursor de este tipo de prácticas, ese es Monterey.

Tres días de música y algo más

Se desarrolló los días 16 a 18 de junio de 1967 en la ciudad de Monterey, situada entre Los Angeles y San Francisco. Asistieron unas 50.000 personas. Fue un concierto benéfico, todos los ingresos se destinaron a la caridad. Ninguno de los artistas cobró por su actuación excepto Ravi Shankar, que recibió una compensación por el largo viaje.
Una de sus características más notables fue su innovador sistema de sonido, diseñado por Abe Jacob, ingeniero con amplia experiencia en la música en directo. Había sido el encargado de sonido del último concierto de los Beatles en Candlestick Park, aunque sus principales clientes fueron The Mamas and The Papas. Cabe deducir que este último hecho fue decisivo a la hora de escogerle como responsable de audio del festival, dado que, como veremos en seguida, uno de los principales organizadores del mismo fue John Philips, líder del cuarteto.

En cualquier caso no cabe duda de que la elección estuvo acertada; la calidad del sonido fue magnífica, opinión compartida por todos los artistas participantes.

El Festival de Monterey se considera la cumbre del llamado «Verano del Amor» junto con el álbum Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band, lanzado -y no por casualidad -dos semanas antes. El mismo George Martin hacía este paralelismo en su libro de 1997, cuyo tema principal fueron las sesiones de grabación del álbum.

No es ningún secreto que el LSD corrió como el agua durante todo el evento. Era repartido gratis por «almas caritativas» que recorrían el recinto invitando a los asistentes a experimentar nuevas sensaciones. Recibía el nombre en clave de «Monterey Purple», al más puro estilo de las operaciones secretas.

Denominación que años más tarde utilizaría Prince para su más famosa canción.

Estamos en 1967, cuando los jóvenes todavía pensaban que podían cambiar el mundo, acabar con las guerras, derrocar las tradiciones que consideraban obsoletas y rendir culto a la vida, al margen de las caras malhumoradas y en ocasiones espantadas de sus progenitores. Sentían que habían descubierto la música y el amor. Pero no se conformaban con eso, querían compartirlo con la humanidad.

Monterey bebía de aquel espíritu. Se respiraba en el ambiente, se sentía en cada rincón. Era un sueño que cristalizaba en aquel fin de semana de locura, de libertad, de expresividad.

Y allí arriba, sobre el escenario, comparecían muchos de los representantes de ese sueño, las voces a través de las cuales se enviaría su mensaje. Aquellos destinados a liderar el cambio.

Pero algo se coló en medio de toda aquella vorágine de ideas revolucionarias, emoción y buenos deseos.

Antes de seguir os invito, si no lo habéis hecho ya, a leer el anterior artículo sobre la trama.

Hacía ya tres años que Ken Kesey, con ayuda de su amigo Terry Melcher (productor musical e hijo de la actriz Doris Day) se habían dedicado a recorrer el país en su autobús Further repartiendo LSD por doquier y organizando Acid Test.

Un año después, en octubre del 66, se prohibía la fabricación y venta del LSD. Todas las investigaciones y experimentos que se habían estado llevando a cabo hasta entonces recibieron la orden de ser cancelados.

Algo que no se hizo, tal y como se reconocería en 1975 durante la comparecencia en el Congreso de Nelson Rockefeller. El proyecto BlueBird continuó y con él las experimentaciones, bajo el más estricto secreto y tuteladas por la CIA.

Tal vez por eso Timothy Leary, a pesar de su condena pública y sus detenciones por tenencia de drogas, gozaba de la libertad y la impunidad necesarias como para ir de universidad en universidad ofreciendo conferencias para explicar -y alabar- la experiencia con el LSD. Él ya contaba con su propia «Iglesia del LSD», y animaba a los asistentes a formar grupos alternativos de culto al ácido.

En enero de 1967 pronunció un discurso ante 30.000 hippies en San Francisco, al grito de «Turn on, tune in, drop out».


No eligió este sitio al azar. De todos es sabido que el germen del movimiento hippie estuvo en San Francisco. Es por ello que las principales asociaciones hippies tenían su sede en California. Aunque quizá sería más correcto llamarlas «mafias».

La Hermandad del Amor Eterno empezó como un grupo de amigos, delincuentes de poca monta, que acabaron controlando todo el tráfico de drogas de la costa este. Años después ayudarían a Leary a escapar de la prisión de mínima seguridad a la que entraría por un incidente ocurrido en 1968. Entre sus filas había un agente de la CIA, Ronald Handley Stark, principal suministrador de LSD.

Y resulta que estos angelitos fueron encargados de seguridad del Festival de Monterey.

En el artículo de la trama del LSD en Gran Bretaña aparece un tipo llamado Robert Lashbrook. Fue un agente de la CIA, destinado a Inglaterra a mediados de los sesenta, que reconoció ante el Congreso de EEUU en 1975 haber realizado experimentos con el LSD en artistas musicales. Para ello encargaba a sus agentes que suministraran la droga a grupos de Rock novatos, sin que ellos lo supieran, para evaluar los efectos del ácido en sus habilidades musicales.

Uno de sus agentes era David Schneiderman, el llamado «Rey del ácido».

En USA también tenían la «suerte» de contar con un personaje que ostentaba un título parecido. El llamado «Rey del LSD».


Estamos hablando de Augustus Owsley Stanley, fabricante de drogas y manager de artistas, una combinación que a estas alturas no debería sorprendernos.

Más adelante ahondaremos en la vida y milagros de este personaje, cuando hablemos en profundidad de la trama del LSD en Estados Unidos. Por ahora me limitaré a dar unas pinceladas para que sepamos de quién estamos hablando.

Empezaremos diciendo que en el Oxford English dictionary aparece la palabra «Owsley» para designar una forma excepcionalmente pura de LSD.

El abuelo de Owsley era un político de renombre. Empezó como congresista por los demócratas en Kentucky, pasó doce años en la Cámara de Representantes. Fue elegido gobernador y llegó a senador. El padre de Owsley fue militar y luchó en la Segunda Guerra Mundial, para después convertirse en abogado del gobierno.

Cuando Owsley tenía ocho años sus padres se divorciaron y, tras una corta estancia con su madre, fue enviado a vivir con él, que lo matriculó en una escuela militar. Sus profesores lo recuerdan como un chico «extremadamente inteligente, muy interesado en la ciencia». Más adelante se matriculó en la Universidad de Virginia donde estudió ingeniería.

A la edad de 21 años se alistó en la US Air Force y sirvió como operador de radio hasta que se licenció 18 meses después. Fue entonces cuando, al más puro estilo de George Martin, descubrió su vocación artística. Viajó a Los Angeles para estudiar música y danza.

Allí, años después, tomó contacto con grupos de jóvenes inquietos que hablaban maravillas del LSD como una forma de romper con los convencionalismos sociales. Decidió montar un laboratorio y dedicarse a sintetizar el ácido. Ni qué decir tiene que la Hermandad del Amor Eterno se interesó en seguida por él. Pronto se convirtió en el principal suministrador de LSD de California.

Como anécdota, comentar que en una ocasión la policía hizo una redada en su laboratorio, deteniéndole y confiscándole todo el material. Pero gracias al cargo que ostentaba su padre logró no sólo librarse de todos los cargos, sino también que le devolvieran el local y todo su contenido y no volvieran a molestarle.

Pues resulta que este angelito fue el encargado de sintetizar el LSD «púrpura» que se suministraba a los artistas y asistentes del Festival de Monterey.

También es famoso por su trabajo como manager e ingeniero de sonido de los Grateful Dead, que por supuesto también participaron en el evento.

Y para terminar este apartado dedicado a la droga no está de más que recordemos que en el festival actuó el grupo Jefferson Airplane, señalado por varios investigadores como encargados de introducir al LSD a diferentes artistas en calidad de «infiltrados» de la CIA. No es un secreto que Janis Joplin, al comenzar su carrera, tuvo varios encuentros con ellos. Y tampoco es un dato desconocido que fueron muy amigos de la entonces señorita Linda Eastman.

Los organizadores

Después de conocer el elenco de criminales que habían fichado para trabajar en el festival se diría que ya no podemos darnos más sorpresas.

Error…


Empezamos por el señor John Philips, fundador de The Mamas and The Papas, que venía siendo el alma del movimiento hippie desde que compuso, años antes, la canción que se convertiría en su himno, «San Francisco», la cual no podía faltar en el festival:

Son perfiles curiosos los de los personajes que nos encontramos en esta trama, casi siempre hijos de militares o importantes políticos, datos que nos hacen carraspear y hacer una mueca de «vaya, qué casualidad». Pero es que el caso de Philips es tan exagerado que parece de broma.

El señor Philips, principal promotor de la contracultura de Estados Unidos, era hijo de un Capitán Naval que trabajaba para la Inteligencia. Durante su infancia John asistió a varias escuelas de élite hasta que ingresó en la Academia Naval de Annapolis. Cuando se licenció se casó con Susie Adams, descendiente del «Padre Fundador» John Adams e hija de James Adams, que había estado implicado en operaciones de inteligencia encubiertas en el extranjero. La misma Susie acabaría trabajando en el Pentágono, compartiendo espacio con la hermana de John Philips. También andaba por ahí su madre, Dene Philips, que trabajó toda su vida para el gobierno federal, aunque nunca se ha especificado su rol. Parece ser que la conspiración era una tradición familiar entre los Philips.

Y, mira por dónde, John Philips fue el principal organizador del Festival de Monterey.

Contó con la ayuda de nuestro gran amigo Terry Melcher, del que ya sabemos que estaba implicado en la distribución de LSD por Estados Unidos. También tuvo que ver con Charles Manson, pero de eso hablaremos en otro artículo.

Otro de los organizadores (hubo varios, pero estoy citando a los que más nos interesan ahora) fue Brian Jones, miembro de los Rolling Stones, que no tocó con su banda pero fue el encargado de presentar la actuación de Jimi Hendrix.

He dejado al mejor para el final. Alguien que colaboró en dos áreas: organizar el evento y facilitar en gran medida su objetivo. Se trata de «Paul McCartney», aka Faul.

El 16 de junio de 1967 se publicaba en la revista Queen una entrevista concedida por McCartney. En ella admitía abiertamente haber probado el LSD en varias ocasiones y alababa sus beneficios con perlas como:

Después de tomar el LSD, abrí mis ojos. Sólo utilizamos una décima parte de nuestro cerebro. Simplemente imagínate lo que podríamos conseguir si pudiéramos destapar esa parte escondida. Me refiero a, completamente, un nuevo mundo.

Durante la entrevista grabada el 19 de junio del 67 con motivo de la «controversia» generada por sus declaraciones tres días antes. En un alarde de cinismo sin parangón, cargó toda la responsabilidad sobre los periodistas.

Más de veinte años dedicada a investigar conspiraciones. Cinco desde que comencé a trabajar en la industria musical y en la teoría del Paul is Dead. Y a día de hoy todavía me sorprendo de cómo la gente es incapaz de ver la relación de estas declaraciones con la trama del LSD y el festival de Monterey.

No hace falta decir que en el contexto que he descrito antes, y con la influencia que tenían los Beatles entonces, semejantes palabras provocarían un interés masivo por el ácido lisérgico. Y se publicaron el mismo día en que se inauguraba el Festival de Monterey.

El de Woodstock no tuvo el honor de contar con un promotor de este calibre.

Por cierto, se dice que Paul McCartney estuvo presente en el festival, de incógnito para impedir que le reconocieran. Disfrazado vete a saber de qué…

Desarrollo

Monterey fue el primer experimento llevado a cabo a gran escala dentro de la operación BlueBird y con la música como mayor exponente para evaluar la utilidad del LSD en el control mental de las masas.

Los dueños de las principales discográficas, junto con un importante número de managers y cazatalentos, gozaban de un puesto de honor en las primeras filas de asientos, desde donde podían analizar al detalle las actuaciones.

Y en medio de los servicios secretos, narcotraficantes y publicistas de lo prohibido, estaban los artistas, ajenos a todo, sabedores de que esa podría ser su gran oportunidad. Dejándose la piel.

Janis con su cálida amargura y su voz ronca, interpretando un Ball and Chain que dejó a todos sin respiración. En el video podemos ver a Mama Cass observándola alucinada.

Ottis Redding, como un huracán, demostrando quién había inventado el Rock.

Alan Wilson, con la banda Canned Heat, en su primera aparición ante un gran público.

Y el gran Jimi, bajo el influjo del LSD proporcionado por Owsley pero sin perder por ello su esencia, acabó su actuación prendiendo fuego a su guitarra ante la mirada atónita de los asistentes.

Fue el colofón del festival, un gesto que quedaría grabado en la mente de muchos.

De todos los artistas que se subieron al escenario a lo largo de aquellos tres interminables días con sus no menos intensas noches, ocho murieron poco después en extrañas circunstancias. Cuatro de ellos pertenecen al club de los 27.

Y ahora sí, podemos pasar a hablar de cada uno de ellos individualmente.

 

Lady Ruth

 

FUENTES:

Schou Nicholas, Orange Sunshine: The Brotherhood of Eternal Love and Its Quest to Spread Peace, Love, and Acid to the World, Hardcover, 2010

http://cadenaser.com/programa/2017/06/15/sofa_sonoro/1497536359_558190.html
http://www.rollingstone.com/culture/news/owsley-stanley-the-king-of-lsd-20110314
http://www.beatlesinterviews.org/db1967.0619.beatles.html
https://es.sott.net/article/10312-Dentro-del-LC-La-extrana-pero-en-su-mayoria-verdadera-historia-de-Laurel-Canyon-y-el-nacimiento-de-la-generacion-hippie-Parte-I



8 comentarios en “LSD y control de masas en el Festival de Monterey”

  1. Wowww!! Tre men do!!! Faul en todas y siempre del lado de la maldad, para no desentonar! Excelente artículo, Lay. Una Joyita para sumar a la investigación PID y a todas las conspiraciones sobre control y manipulación mental. Muchas gracias! !

    1. ¡Hola Adriana! Una de las cosas que me hizo girar hacia el tema del LSD y descubrir toda la trama fue la entrevista de Faul, es clave en esta historia. Pero no se conformó con servir a oscuros intereses, tuvo que poner su granito de arena con la desfachatez de echarles toda la culpa a los periodistas por haberlo publicado. Cinismo Fauliano al más alto nivel. Muchas gracias a ti por tu comentario, abrazo grande.

  2. Simplemente es genial este artículo. Muestra un importante nexo que une un antes y un después en toda la trama de la influencia hacia las masas a través de los medios, las drogas y los artistas, y de como quienes quisieron apartarse sufrieron las consecuencias. Triste pero real. Gracias por compartir tanto con nosotros!

    1. Muchas gracias a ti, Mauricio. Es curioso que se hable tan poco de este festival, incluso en la teoría de la conspiración, con la cantidad de conexiones que hay. Seguiremos avanzando, un abrazo muy grande.

  3. Excelente artículo Lay. En youtube hay otro investigador que se llama Jorge Guerra, tiene varios videos dedicados a la conspiración en la música moderna,toca el tema PID aunque muy resumido, os invito a todos a que los veais. Cada vez somos mas despiertos. Un saludo

    1. Hola Ana. Sí, es genial como poco a poco cada vez más gente habla sin tapujos de este tema. La verdad es que nosotros empezamos «la casa por el tejado»: hablábamos de la sustitución de Paul sin antes explicar toda la trama que había contra los artistas en aquel tiempo y que le da una explicación. Pero era inevitable, porque una cosa te acaba llevando a la otra. Le echaré un vistazo al canal. Gracias por tu comentario, un abrazo.

  4. Maravillosa nota. Muy importante para aquellos que ven ridículo que Paul fue sustituido por un tema de drogas, entre otras cosas que no encajaban con su personalidad.

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