LA CONSPIRACIÓN DE LOS BEATLES, CAPÍTULO 9: LA MUERTE DE BRIAN EPSTEIN. PRIMERA PARTE: LO QUE NO PASÓ.

Brian Samuel Epstein, representante y gran amigo de los Beatles, está enterrado en el cementerio de Aintree, en Long Lane, en la sección A, número H12. Es un lugar deprimente, tétrico y pobre. Pero ahí descansan los restos del hombre que descubrió al grupo de música más influyente de nuestro tiempo. Él supo ver, antes que nadie, su talento y su carisma innatos. Un diamante en bruto que supo pulir y presentar al público.

Pronto se cumplirán 55 años de su partida y, a día de hoy, nadie está seguro de lo que le pasó en realidad. La teoría de la “muerte accidental” ha sido la más extendida. Pero es falsa.

Brian Epstein fue asesinado.

En esta primera parte explicaremos qué es lo que nos ha llevado a esta conclusión.

Tumba de Brian Epstein en Aintree.

INTRODUCCIÓN: BRIAN EPSTEIN HA MUERTO

A finales de agosto de 1967, los Beatles se encontraban de visita en Bangor, Gales, asistiendo a la conferencia sobre Meditación Trascendental ofrecida por el Gurú indio, el Maharisi Mahesh Yogi.

A pesar de su reciente interés en la materia, su manager, Brian Epstein, había decidido no acudir, prometiendo que se reuniría con ellos la semana siguiente.

Y es que Brian, entusiasta de los encuentros sociales, pensaba que encontraría un mejor plan para pasar los tres días de vacaciones que tenía por delante: el Summer Bank Holiday, que abarcaba desde el sábado 26 hasta el lunes 28.

El domingo 27 de agosto fue encontrado muerto en su casa.

La versión oficial de lo acontecido durante aquel fin de semana, ampliamente conocida por todos, proviene en gran medida del testimonio de Peter Brown, ayudante personal de Brian. Testimonio que, años después, quedaría plasmado en su libro “The Love You Make”.

Vamos a ver qué nos cuenta Peter.

LA VERSIÓN DE PETER BROWN

Peter Brown

A mediados de agosto Queenie, la madre de Brian, había pasado unos días visitando a su hijo en Londres. Brian amaba y respetaba a su madre y, además, sabía que ella se encontraba delicada debido a la reciente pérdida de su padre, por lo que había hecho lo posible por portarse bien y ser un buen chico. Tras marcharse Queenie, y con el Bank Holliday por delante, decidió aprovechar para divertirse un poco.

Planeó una fiesta en su casita de campo de Kingsley Hill para el viernes por la tarde e invitó a algunos amigos, entre ellos Peter y Geoffrey Ellis, abogado y jefe ejecutivo de NEMS Enterprises.

Brian, tres meses antes de morir, en el exterior de su casa de campo en Kingsley Hill

Peter y Geoffrey acudieron juntos a la casa, pero se les hizo tarde y llegaron a la hora de la cena, para encontrarse a Brian de muy mal humor: ninguno de los otros amigos había acudido a la hora prevista.

El abobado Geoffrey Ellis, en una imagen de los años 70

Los tres picaron algo y tomaron varias botellas de vino. Tras la cena, y siempre según Peter, Brian hizo algunas llamadas a Londres tratando, infructuosamente, de encontrar a alguien que quisiera acudir a su fiesta. Frustrado, anunció que cogería el coche y se daría un paseo por los alrededores para despejarse.

Aquello preocupó a sus dos amigos, que consideraban peligroso que Brian condujera después de haber bebido tanto alcohol. Pese a ello, no trataron de disuadirle y, a las diez de la noche del viernes 26 de agosto, Brian cogió las llaves de su Bentley y salió por la puerta asegurando que volvería en un rato.

A medianoche todavía no había regresado. En esas circunstancias lo lógico habría sido salir a buscarle o, ante la sospecha de un accidente, avisar a las autoridades. Pero Peter debió de tener un “pálpito” milagroso, pues lo primero que hizo fue llamar a la casa de Brian en Londres.

Le respondió Antonio, el mayordomo, que le informó de que Brian había vuelto hacía un rato y se había ido directamente a dormir. El coche estaba aparcado justo enfrente de la casa. A petición de Peter, trató de contactar con Brian a través del intercomunicador de la vivienda, pero Brian no respondió. Deduciendo que estaba profundamente dormido, le dejaron descansar.

Exterior de la casa de Brian en Chapel Street, Londres

No volvieron a intentar contactar con él, siendo Brian quien, a las cinco de la tarde del día siguiente, llamó de nuevo a Kingsley Hill. Acababa de levantarse y, según Peter, se encontraba algo “groggy” debido a las pastillas que había tomado la noche anterior para dormir. Dijo que iba a desayunar, revisar el correo, ver “Juke Box Jury” en la televisión y después regresaría conduciendo a Kingsley Hill.

Peter le sugirió que en lugar de conducir cogiera un tren, consejo que Brian aceptó de buen grado. Con la promesa de llamar más tarde para avisarles de la hora a la que llegaría el tren, se despidió.

Ya no volvió a llamar.

Y con esto llegamos al domingo 27 de agosto. Alrededor del mediodía, y viendo que Brian no se había levantado aún, Antonio y su esposa, María, trataron de despertarle utilizando el intercomunicador. Al no obtener respuesta, llamaron a Peter a Kingsley Hill, pero él y Geoffrey se habían marchado a almorzar. Llamaron entonces a Joanne Newfield, secretaria y amiga de Brian, quien a su vez contactó con Alistair Taylor, el empleado más antiguo de Brian, y le pidió que se reuniera con ella en Chapel Street.

Resulta extraño que, desde la conversación entre Peter y Brian asegurando este último que tomaría el tren para Kingsley Hill, nadie hiciera intento alguno de averiguar qué le había ocurrido. La noche del viernes, preocupado porque se había ido hacía dos horas, Peter no había dudado en llamar a Londres. Pero de repente su preocupación se desvanece y, a pesar de ver que Brian no da señales de vida, decide no llevar a cabo acción alguna.

Para el tiempo en que Alistair Taylor y Joanne Newfield llegaron a la casa de Brian, Peter ya había regresado a Kingsley Hill, donde recibió la llamada de ambos.

Lo primero que hizo Peter fue sugerir a Joanne que no llamaran al médico habitual de Brian, el doctor Norman Cowan, ya que vivía algo lejos, y que mejor llamaran al suyo, el doctor John Gallway, ya que su residencia estaba a sólo dos manzanas. En realidad, el doctor Gallway vivía a más de 3 kilómetros de distancia, en el número 23 de Ovington Garden, Knightbridge. Curioso que, si era su médico personal, no recordara bien dónde tenía su consulta.

El doctor Gallway llegó en tan sólo quince minutos. Pero al parecer nadie en la casa sabía qué hacer, porque lo primero que hizo el médico fue, de nuevo, llamar a Peter. Imaginaos la escena: Brian no responde, las puertas están cerradas, acaba de llegar el médico. Antonio, María, Joanne, Alistair Taylor, el chófer Brian Barrett y el doctor Gallway, de pie en el pasillo mirándose unos a otros con cara de bobos y encogiéndose de hombros. “¿Y ahora qué hacemos?”

Hasta que el doctor Gallway da con la solución: “¡llamemos de nuevo a Peter, él nos lo dirá!”

No es broma: según Brown, eso fue lo que sucedió.

Y tampoco es broma si os digo que la brillante idea que tuvo Peter fue que tirasen la puerta abajo a empujones.

Pensémoslo bien: si crees que Brian está enfermo o en peligro, no pierdes el tiempo: llamas a emergencias. Eso es lo que tendría que haber dicho en la primera llamada que recibió.

Y si no crees que hay peligro, pero quieres quedarte tranquilo confirmando que Brian está bien, llamas a un cerrajero que abra la puerta fácilmente y sin causar destrozos.

Podemos comprar que Antonio y María, unos simples empleados, que no dominaban del todo el idioma y no se sentían en posición de tomar decisiones, dudasen qué hacer en un principio. Pero que Joanne Newfield, Alistair Taylor y, sobre todo, el doctor Gallway tuvieran que llamar a Peter Brown, que se encontraba a kilómetros de distancia, para dar el siguiente paso, es hilarante.

Sigamos con el relato de Peter. El cual, si no fuera por su trágico desenlace, parecería una película de los Monty Python.

Peter permaneció en línea, escuchando los esfuerzos de Antonio y el chófer mientras se destrozaban los hombros golpeando una y otra vez las dos hojas de madera maciza de roble, hasta que, finalmente, estas cedieron.

Las cortinas estaban echadas y la habitación permanecía en la penumbra. La luz que entraba del pasillo les permitió verle, acostado sobre su lado derecho, las piernas encogidas en posición fetal. El correo del sábado estaba abierto sobre el colchón, a su lado.

Joanne suspiró y dijo: “No pasa nada, sólo está dormido. Se encuentra bien”.

Y, en ese momento, María comenzó a gritar: “¿Por qué? ¿Por qué?”

Brown ya no nos da más datos de lo que sucedió aquel día, salvo detallarnos las tres llamadas que se hicieron en los minutos posteriores:

Geoffrey Ellis llamó a Liverpool, a Clive Epstein, hermano menor de Brian, quien, destrozado, salió rápidamente a darle la triste noticia a su madre.

Peter llamó a Bangor, Gales, donde preguntó directamente por Paul McCartney: “Tengo malas noticias. Brian ha muerto. Le han encontrado hace un momento en Chapel Street. La prensa ya lo sabe, así que deberíais volver todos a Londres”.

La tercera llamada fue de “alguien” (Peter no especifica quién) a David Jacobs, abogado de Brian, a quien acusa de haber llamado a la prensa y de ser el responsable de que la puerta de la casa de Brian acabara atestada de periodistas.

Y hasta aquí la versión de Peter Brown. Él y Geoffrey Ellis estaban juntos y coinciden en su testimonio.

Por suerte para nosotros y para la memoria de Brian Epstein, no es el único que tenemos.

LA VERSIÓN DE JOANNE NEWFIELD – PRIMERA PARTE

Recogido en el libro “The Brian Epstein Story” de Deborah Geller, el testimonio de Joanne cambia un poco en las circunstancias del hallazgo, pero sobre todo aporta datos interesantes sobre la actitud de Peter Brown cuando llegó a casa de Brian. Momento que, recordemos, él omitió de su relato.

Joanne Newfield

Según Joanne, lo primero que hizo tras la llamada de Antonio fue coger su coche y salir. En ese momento no contactó con nadie. Cuando llegó a Chapel Street sólo estaban Antonio y María.

Subió al piso superior para tratar de despertar a Brian golpeando en la puerta y pidiéndole que respondiera. Las dos puertas, que estaban cerradas, llevaban a un vestidor y, unos metros después, a otra puerta sencilla tras la cual se encontraba el dormitorio, por lo que la distancia entre el punto donde se encontraba ella y la cama de Brian era considerable. Si estaba profundamente dormido, sería complicado que la escuchara.

Sintió miedo de estar sola en esas circunstancias y pensó que necesitaba apoyo y consejo, por lo que telefoneó a Peter a Kingsley Hill.

Pero la conversación no se produjo exactamente como Brown contó en sus memorias:

Le dije a Peter: “Estoy muy preocupada. Brian está en su habitación. No ha salido desde el sábado. Voy a hacer que rompan las puertas”. Y Peter me dijo: “¡No, no hagas eso! Brian se pondrá furioso”. Le contesté que lo iba a hacer de todas formas.

Joanne sabía que ella y María no podrían ayudar a Antonio ellas solas a romper las puertas, de manera que se le ocurrió llamar al médico de Brian, el doctor Cowan, Es entonces cuando Peter sugiere llamar al suyo, el doctor Gallway. Joanne no sabía dónde vivía ese doctor y, creyendo la versión de Peter de que estaba más cerca, le telefonea y le pide que vaya.

Y es ahora, y no cuando dice Peter, cuando Joanne decide llamar a Alistair Taylor y pedirle que vaya a la casa.

Para cuando el doctor Gallway llega, Joanne continúa sola con Antonio y María. En ningún momento dice que estuviera allí el chófer de Brian. Es más: los que abren la puerta son, según ella, Antonio y el propio doctor.

También fueron los que entraron primero al dormitorio, seguidos por Joanne. María prefirió quedarse en la puerta, esperando.

Al acceder a la habitación, Joanne pudo ver “una parte de Brian sobre la cama”. Quiso acercarse, pero el doctor Gallway se lo impidió, sujetándola por los brazos. “Espere fuera”, le dijo. Ella obedeció y salió a la puerta.

El doctor tardó unos minutos en salir. Y cuando lo hizo, Joanne quedó horrorizada al ver su semblante. En sus propias palabras, “Jamás había visto a un médico tan pálido”.

Hacemos una pausa en el testimonio de Joanne, ya que será Alistair Taylor quien nos cuente qué paso después.

LA VERSIÓN DE ALISTAIR TAYLOR

Alistair Taylor

Como ya sabemos, durante el tiempo en que se rompían las puertas y se hacía el macabro descubrimiento del cuerpo inerte de Brian sobre la cama, Peter esperaba al otro lado del teléfono.

Pues bien, según Alistair Taylor, la primera llamada que hizo Brown tras enterarse de la noticia fue a David Jacobs, el abogado de Brian, instándole a acudir rápidamente a la casa. Luego contactó otra vez con Joanne para decirle que no hiciera nada ni llamara a la policía hasta que él, Ellis y Jacobs llegaran.

No creo que la casita de campo de Brian contara con dos líneas telefónicas separadas, por lo que la primera llamada que hicieron Brown y Ellis no fue al hermano de Brian ni a los Beatles, sino a David Jacobs.

Si repasamos el testimonio de Brown, cuando habla con Paul McCartney en Gales le dice “la prensa ya lo sabe”. Si, según él, fue Jacobs quien llamó a la prensa, y este no hizo ninguna llamada hasta estar en Chapel Street, tenemos que sacar una oscura conclusión: los primeros movimientos de Peter Brown tras saber que Brian estaba muerto no fueron los lógicos: llamar a la policía y a la familia del fallecido. Fueron otros destinados a “solucionar algunos asuntos” antes de que el suceso se hiciera público.

De hecho, según Alistair Taylor: “Retrasaron la llamada a la policía porque querían estar seguros de que no había sustancias ilegales en la casa”.

Diecisiete años después de que “The Love You Make” se publicara, y en la entrevista que le hizo Debbie Geller para su libro, Peter Brown cambió su versión, para pasar a reconocer que la primera llamada que hizo fue a Jacobs. Por lo tanto podemos afirmar, positivamente, que en su primer relato mintió. Y al verse acorralado por Geller, que acababa de recabar los testimonios de Joanne y Taylor, tuvo que retractarse.

Jacobs vivía en Brighton, por lo que le costó llegar a Londres unas dos horas. Algo más que a Geoffrey Ellis y a Peter Brown, que estuvieron allí en una hora y tres cuartos.

Es lógico, por lo tanto, que Taylor llegara antes que los otros tres. Se encontró a Antonio, María y Joanne en estado de shock.

Corrí escaleras arriba. Brian estaba tumbado como si durmiera. Y el doctor dijo: “Lo siento, pero está muerto”. La habitación parecía normal. Había un plato de galletas de chocolate sobre la cama, algunas cartas, lo cual era típico de Brian, y una botella medio vacía de refresco de limón. No había señal de alcohol por ninguna parte, ni de drogas, sólo un cigarro de marihuana intacto que encontré en un cajón.

Como no podía hacer nada hasta que Brown, Ellis y Jacobs estuvieran allí, fue con Joanne al estudio, cogieron la botella de brandy que Brian tenía en el mueble-bar y se sirvieron unas copas mientras esperaban.

LA VERSIÓN DE JOANNE NEWFIELD – SEGUNDA PARTE

Transcribo literalmente del libro de Debbie Geller:

Peter y yo éramos buenos amigos, yo estaba deseando que él llegara. Recuerdo que lo primero que les pregunté (a Ellis y a Brown) fue, “¿por qué regresó Brian a Londres desde Kingsley Hill?” Ninguno de ellos respondió. Entonces empezaron a subir las escaleras. Y recuerdo que pensé que parecían raros y supe que algo no iba bien.

Parecían distantes cuando yo esperaba que estuvieran apenados. Esperaba que Peter me diera un abrazo, pero no lo hizo. Él estaba demasiado tranquilo y no estoy segura de que fuera por el shock. Me he preguntado muchas veces qué pasó en Kingsley Hill. Es uno de los interrogantes que tengo sobre la muerte de Brian.

Otra de las dudas que tuvo Joanne fue lo que los tres hombres estuvieron haciendo tanto tiempo en el dormitorio. No subió a comprobarlo, pues no soportaba enfrentarse de nuevo a la visión de Brian muerto sobre la cama. Sólo sabe que escuchó ruido, como si removieran cosas, y pasos fuera y dentro de la habitación. Cuando por fin bajaron se encaró con Brown para preguntarle qué estaba pasando. Él, por toda respuesta, le dijo lo mismo que a Taylor: “Sólo queríamos asegurarnos de que no había drogas ilegales. Ya sabes, por la prensa”.

David Jacobs, a la derecha de Brian

Peter Brown, Geoffrey Ellis y David Jacobs manipularon la escena lo que les dio la gana hasta que, satisfechos con el resultado, decidieron llamar a la policía. Más de cuatro horas después de encontrar el cuerpo.

Pero si, según Alistair Taylor, en el dormitorio de Brian no había rastro alguno de drogas ni de alcohol, ¿qué se supone que estuvieron limpiando?

En su libro “Las muchas vidas de John Lennon”, el autor, Albert Goldman, hace una descripción, basada en el testimonio del doctor Gallway, de cómo estaba la habitación de Brian en el momento del hallazgo:

Allá donde miraba el médico no veía más que píldoras, píldoras, en frascos o en cajas, sobre estanterías o en armaritos cerca de la cama. Todo aquel espectáculo proclamaba a voces el suicidio.

De las causas de la muerte ya hablaremos más adelante. Pero lo que está claro es que esta visión de innumerables píldoras de todo tipo –legales e ilegales- así como una supuesta botella de brandy abierta sobre la mesita de noche de Brian, aparecían en primer lugar en el atestado de la policía y, por consiguiente, fueron claves en la investigación.

Taylor no había visto “millones de píldoras” en la habitación, ni tampoco señal alguna de alcohol. Sólo había galletas y un refresco de limón.

Otra imagen de David Jacobs

Recordemos, además, que él y Joanna se fueron al estudio y cogieron una botella de brandy que tenía Brian en el mueble-bar.

Quizá esa botella de brandy, ya abierta y a medio beber, fue la que apareció “mágicamente” en la mesilla de Brian cuando llegó la policía.

También dedica Goldman algunas palabras a David Jacobs, el abogado de Brian:

Jacobs sabía cómo manipular la opinión del juez de instrucción retirando o levantando pruebas que apuntarían a una sentencia de muerte accidental.

Yo tampoco tengo ninguna duda de que Peter Brown y Geoffrey Ellis, siguiendo las recomendaciones de Jacobs, retiraron y levantaron pruebas. Pero creo que además colocaron algunas otras: pastillas por doquier y una oportuna botella de brandy que fue lo primero que habían encontrado en el salón de Brian.

El ataúd con el cuerpo sin vida de Brian es sacado de la casa para llevarlo al Instituto Forense.

Y hasta aquí los detalles relativos a los últimos días de Brian y el hallazgo de su cuerpo sin vida.

Existen otras versiones, como la de David Jacobs, que aseguró haber sido él quien encontró el cuerpo, o la de Simon Napier-Bell (productor discográfico) que afirmaba que Brian estaba enamorado de él y que, debido a su rechazo, había decidido quitarse la vida tomando “un montón de pastillas para dormir”.

Pero, dada su falta de credibilidad, sus notables contradicciones y su incapacidad para demostrar con pruebas sus afirmaciones, no han de ser tenidas en cuenta más allá de nombrarlas como meras anécdotas.

Hay que decir, llegados a este punto, que siempre ha existido mucho cotilleo alrededor de la figura de Brian Epstein.

¿CUÁL FUE LA CAUSA DE LA MUERTE DE BRIAN?

Siempre ha habido dos versiones: que se suicidó y que fue una muerte accidental. En realidad, las dos parten del mismo argumento: que Brian estaba muy deprimido y que, aunque fuera un accidente, la enorme ansiedad que sufría le llevó a tomar demasiadas pastillas y alcohol.

Ambas versiones tienen algo más en común: son mentira.

LA TEORÍA DEL SUICIDIO

El mayor defensor de esta versión ha sido siempre, mira por dónde, Peter Brown.

En su libro, Peter encargó de dejar clara esta postura. Nos contó que, un año antes, había encontrado a Brian en coma, debido a una ingesta desmesurada de pastillas, y que fue la providencia la que le había salvado aquella vez.

También Peter aseguró haber encontrado una nota de suicidio justo antes de la llegada de las autoridades. Pero mintió, y él mismo lo reconoció años después, cuando cambió su versión para decir que esa nota en realidad pertenecía a un “intento de suicidio previo”. No aclaró si este intento había sido el del año anterior, pero tenemos el testimonio de Joanne para terminar de liar el asunto.

Según el libro de Debbie Geller:

Unas semanas después de la muerte de Brian, Clive me preguntó si podía ir a la casa y limpiar algunos papeles y cosas. No quería volver a la casa. El personal ya se había ido y la casa estaba vacía, entré y estaba en la habitación de Brian. Me asustó mucho estar en la habitación de Brian. Era espeluznante. Sentí la presencia de Brian.

Clive Esptein, hermano de Brian, llegando a Chapel Street 24 el 28 de agosto, un día después del fallecimiento

Lo único que quería hacer era coger todo, meterlo en bolsas, deshacerme de ello y salir de la casa. Entonces encontré un libro en el que solía dejar cartas para que Brian las firmara o él dejaba cosas para que yo las firmara. Abrí el libro y para mi absoluto horror encontré las notas de suicidio, una para Queenie y otra para Clive. Sólo que estaban fechadas mucho antes, tal vez seis, siete u ocho semanas antes de su muerte.

Eran notas de una página y me sorprendió mucho encontrarlas. Decían algo así como: «No estés triste. No seas infeliz. Estoy bien. Cuídate mucho. Te quiero». Eran muy breves.

Tal vez las había puesto allí y se había olvidado, no lo sé. Era extraño que estuvieran allí. Tal vez habían estado allí desde que las había escrito y luego nunca más miró en ese libro, nunca volvió a ellas.

Así que creo que lo que había sucedido era que Brian obviamente había estado contemplando el suicidio. Entonces Harry murió y él cambió de opinión. No podía hacerle eso a su madre.

No sé si fue un suicidio cuando murió. Pero claramente había estado en su mente algún tiempo antes de eso. Llamé a Peter y estaba histérica. Estaba muy alterada y le dije: «Ha pasado algo horrible. Por favor, ven a casa’. Peter vino a casa y le di las notas.

Otra mentira más de Peter, puesto que las palabras de Joanne dejan claro que fue ella, y no él, quien encontró las notas (en plural), y que desde luego el hallazgo no se produjo justo después de la muerte.

Como decíamos antes, en el relato de Peter todo apunta a la idea del suicidio. Desde la primera hasta la última palabra. También recalca su drogadicción, exagerándola en extremo (hay foros de fans que cuestionan fuertemente este punto).

Según hemos podido leer antes, Peter le había dicho a Joanne que, a su juicio, el mayordomo y su mujer estaban asustados sin motivo, extraña actitud en un hombre que, como aseguraría después, ya había encontrado a Brian a punto de morir en circunstancias similares.

Como curiosidad, indicar que fue Peter Brown quien invitó a Linda Eastman a la recepción para la promoción del Sargent Pepper’s, momento en que ella y Faul volvieron a reunirse. Su carrera post-Beatle incluye un periodo de cinco años como presidente de la organización de Robert Stigwood, un hecho interesante, como veremos en la siguiente parte del artículo.

El favorito de Peter Brown siempre fue “Paul”, pero el de después del 66, y siempre ha hablado muy mal de John. Quizá sea por este motivo que todos los ex Beatles menos McCartney aseguraron en varias ocasiones que lo odiaban.

Otro gran defensor de la teoría del suicidio ha sido Faul. Basta leer su “Many Years From Now” para encontrar, al igual que en el libro de Brown, una decena de alusiones a la tremenda depresión que arrastraba Brian, sus problemas empresariales y financieros, su afición por las drogas… Incluso hace una mención a sus (literalmente) “coloridas aficiones sexuales”. Esto último, por cierto, de un tremendo mal gusto dadas las circunstancias, y que no aporta nada. Pero ya sabéis: se trata de Faul, que de elegancia sabe cero.

Aquí tenemos unas declaraciones suyas años después del fallecimiento de Brian:

Creo que volvió a Londres buscando un poco de acción, tal vez encontró un poco, no lo sé. Luego volvió a su casa después de haber bebido un poco esa noche, creo, y tomó pastillas para dormir. Tengo la sensación de que se despertaba en mitad de la noche -es muy fácil hacerlo- y pensaba: «¿Por qué no estoy durmiendo? No he tomado mi pastilla para dormir’. Entonces, en un estado de somnolencia, pensaba que era mejor tomar más. Esa es mi sensación de lo que pasó. Sin duda, esa era la sensación de la época. Desde entonces se ha convertido en una leyenda y hay millones de rumores de que se suicidó o lo mataron.

Pero hay algo que Faul omite convenientemente en sus relatos: la furtiva reunión que mantuvo con Brian en un momento indeterminado del mes de agosto, dato que conocemos gracias a Joanne Newfield. Al parecer, “Paul McCartney” acudió a casa de Epstein una tarde para hablar de “negocios”. Joanne no aclara nada más, pero parece que el epicentro de la conversación estaba en el contrato de Brian con los Beatles.

Dicho contrato finalizaba en septiembre, algo que lo tenía preocupado, aunque oficialmente no tenía motivos para pensar que no iba a ser renovado. El propio Peter Brown en su libro dice: “Yo, personalmente, pienso que Brian era tonto por preocuparse. Los Beatles eran tan leales a él como él lo era con ellos”.

¿Qué le dijo Faul a Brian en aquella reunión? O, más importante aún, ¿qué le dijo Brian a Faul?

En cualquier caso, aparte de esas supuestas preocupaciones legales y las no menos sospechosas notas de suicidio escritas vete a saber cuándo (y vete a saber por quién), no tenemos nada que nos asegure que Brian estaban tan mal como para querer quitarse la vida.

Otra evidencia que sirve para desmentir que Brian tuviera intencionalidad es este video, grabado minutos después de que los Beatles se enterasen del fallecimiento:

Transcripción completa de la entrevista (en inglés): https://www.beatlesbible.com/1967/08/27/interview-in-bangor-wales/

El dato interesante lo aporta George, más sereno y centrado que John (quien estaba muy afectado y sólo podía responder con monosílabos), cuando le preguntan por los planes recientes de Brian.

Aquí la traducción de esa parte:

Entrevistador: Entiendo que Mr. Epstein iba a ser iniciado aquí mañana.

John: Sí.

Entrevistador: ¿Cuándo iba a venir?

George: Mañana, justo el lunes. Eso es todo lo que sabíamos.

Entrevistador: ¿Habíais hablado mucho con él sobre el movimiento de regeneración espiritual?

George: Bueno, todo lo que habíamos ido aprendiendo sobre espiritualidad y varias cosas de ese tipo, habíamos intentado transmitírselas a él. Y él estaba igual de interesado que nosotros, como todo el mundo debería estar. Él quería saberlo todo sobre la vida, tanto como nosotros.

Entrevistador: ¿Habíais hablado con él desde que llegasteis este fin de semana?

John y Ringo: No.

George: Hablé con él el miércoles por la noche, la noche después de que viéramos por primera vez al Maharisi, y él estaba muy contento.

Entrevistador: ¿Y cuándo te dijo que quería ser iniciado en el tema?

George: Bueno, cuando llegamos aquí el viernes, recibimos una llamada de teléfono de Brian diciendo que se uniría a nosotros y que estaría aquí el lunes.

Lo primero comentar que Brown, a pesar de la existencia de estas declaraciones grabadas de George, dice en su libro: “John y Paul le habían invitado a ir a Bangor, pensando que la meditación le vendría bien, pero ellos sabían que no iba a ir”. De lo cual se desprende, una vez más, que Peter Brown mintió. Y mintió, una vez más también, para apoyar la teoría del suicidio.

Brian no había ido ese fin de semana con los Beatles a Bangor, pero no porque quisiera suicidarse, sino porque estaba deseando pasarlo bien después de haber estado metido en casa durante diez días atendiendo a su madre. Y ahora tenía tres estupendos días de vacaciones por delante que no iba a “desperdiciar” meditando, por lo cual planeó una fiesta en su casa de Kingsley Hill.

Una persona que está tan terriblemente deprimida que odia la vida y desea acabar con ella no organiza una fiesta para divertirse.

Ahora bien: ¿qué pasó con la fiesta de Brian? Volvamos al testimonio de Joanne Newfield:

Recuerdo que lo primero que les pregunté (a Ellis y a Brown) fue, “¿por qué regresó Brian a Londres desde Kingsley Hill?” (…) Me he preguntado muchas veces qué pasó en Kingsley Hill. Es uno de los interrogantes que tengo sobre la muerte de Brian.

Joanne sabía dónde estaba la clave. Si Brian acabó ese fin de semana solo en su casa de White Chapel en Londres, fue porque la fiesta que había organizado en su casa de campo se había truncado. Nadie había acudido a la cita, algo ciertamente sospechoso, más teniendo en cuenta el testimonio de Geoffrey Ellis, presente aquella noche en Kingsley Hill, asegurando que, para su sorpresa, al rato de haberse ido Brian aparecieron todos sus invitados. Unas tres horas después de la hora prevista.

¿Cambió alguien la hora de la fiesta de Brian sin avisarle? ¿Llamó alguien a sus amigos para decirles que mejor acudieran después de cenar?

¿De verdad Brian les dijo a Brown y a Ellis que se iba a dar una vuelta con el coche? Recordemos que Peter Brown, “mágicamente”, supo que Brian se había ido a Londres sin que este hubiera dicho nada, puesto que llamó allí directamente cuando vieron que tardaba.

Brown, cuyo testimonio es falso al 90%, también pudo haber mentido, con la complicidad de Geoffrey Ellis, sobre lo acontecido aquel viernes noche en Kingsley Hill y los motivos que impulsaron a Brian a volver a Londres, dejando a sus amigos en su casa.

Se acababa de formar la tormenta perfecta: Brian está furioso, sus amigos le han dado plantón. Se marcha solo a Londres. Los Beatles se encuentran a kilómetros de distancia. Peter Brown y Geoffrey Ellis están convenientemente lejos. Si había un momento idóneo para acabar con él, era este.

LA TEORÍA DE LA MUERTE ACCIDENTAL

Una vez encontrado el cuerpo de Brian, tocaba dilucidar cuál había sido la causa de la muerte. Ya hemos visto que la “decoración” del dormitorio, perpetrada por Brown, Ellis y Jacobs, tenía como objetivo apuntar a la sobredosis de pastillas y alcohol.

Por lo tanto, es lógico que el atestado de la policía, tras haber analizado el escenario, hiciera hincapié en la gran cantidad de píldoras que había a su alrededor, así como en la botella de brandy medio vacía.

Ese fue el reporte que fue entregado al oficial forense para que le sirviera de base a la hora de realizar la autopsia y certificar la causa final del deceso.

Y este oficial forense no era otro que Gavin Thurston.

El forense Gavin Thurston, en la única imagen que tenemos de él

Os sonará el nombre, y es que no es la primera vez que hablamos de él: fue el encargado de realizar la autopsia de Jimi Hendrix. Un estudio plagado de irregularidades, por no decir mentiras, que llevó a la conclusión de que Hendrix se había ahogado con su propio vómito debido a una intoxicación de barbitúricos, poco después de llegar al hospital. No tuvo en cuenta el contenido de su estómago, que indicaba que, obligatoriamente, tenía que haber muerto hacia las 4 de la madrugada. Ni tampoco pareció importarle que Jimi tuviera el tracto respiratorio y el aparato digestivo anegados de vino tinto, siendo la única explicación posible que lo hubieran asfixiado a propósito. Fueron dos médicos distintos los que cuestionaron el trabajo de Thurston y, aun así, no fue suficiente para que se modificara la versión oficial.

Si además sumamos que Thurston participaría también en las autopsias de Mama Cass, Keith Moon, Richard Asher o Brian Jones, entre otros famosos fallecidos en extrañas circunstancias, así como en distintos crímenes perpetrados por los líderes de la mafia londinense (los gemelos Kray, de quienes pronto hablaremos), no podemos por menos que dudar de sus conclusiones sobre Brian Epstein.

En cuanto le asignaron el caso de Brian, el “buen doctor” lo tuvo claro: sobredosis de barbitúricos. ¿Por qué no? Ya le había servido anteriormente.

Pero resulta que en el cuerpo de Brian no había una sobredosis de barbitúricos. Sólo había ingerido seis pastillas de Carbitral, un sedante a base de bromuro que solía tomar habitualmente, con esa misma dosificación, bajo la prescripción de su médico, el doctor Cowan.

Pero el forense Gavin Thurston no se amilanó ante este pequeño inconveniente: declaró que en el cuerpo de Brian habría “acumulación” de la sustancia, debido a su ingesta frecuente. Lo remató diciendo que Brian había tomado una “pequeña dosis fatal”. ¿Cómo puede un reputado doctor poner las palabras “pequeña” y “fatal” dentro de la misma frase, en un análisis forense?

Como la cosa seguía quedando fea, decidió añadir también que, a su juicio, la ingesta de alcohol, simultánea a la de las pastillas, había sido la causa última, ya que había hecho que su cuerpo fuera más vulnerable a los barbitúricos. De esta forma, el certificado cambiaba de “suicidio” a “muerte accidental”, acallando las protestas de todos aquellos que conocían a Brian y negaban taxativamente la posibilidad de que se hubiera quitado la vida a propósito.

La cosa se podría haber quedado ahí perfectamente. Pero tenemos un reporte, fechado trece días después de la muerte, que da otra información. Al parecer, alguien juzgó insuficientes estas conclusiones, de manera que se ordenó una investigación más exhaustiva.

Y aquí vino la sorpresa: en el cuerpo de Brian no había ni una sola gota de alcohol. La tesis del forense se desmoronó como un castillo de naipes. De manera que, para guardarse las espaldas, hizo como en el caso de Jimi Hendrix. Acabó su reporte con un “evidencia de las circunstancias insuficiente, veredicto abierto”.

Parece que entre las múltiples cualidades del doctor Thurston estaba también la de tener la cara más dura que el hormigón armado.

Con todo, la teoría de la muerte accidental ha perdurado hasta nuestros días.

Pero, a tenor de las pruebas científicas, y la ciencia no miente, esta teoría es absolutamente falsa. En el cuerpo de Brian no había nada que justificara su muerte. Lo único que se puede afirmar con total seguridad es que esta se produjo por “anoxia”, es decir, falta de oxígeno en el cerebro. El cerebro, sin oxígeno, deja de funcionar, lo cual termina ocasionando una parada cardiorrespiratoria. Pero si en el cuerpo de Brian no había sustancia alguna que justificara esta carencia repentina de oxígeno, es que la causa vino de fuera. Alguien le asfixió.

Brian Epstein fue asesinado.

Y sabemos quién, cómo y por qué.

Continuará…

Lady Ruth y Jaime Macarni.

(Bibliografía y fuentes al final de la última parte de este artículo)

9 comentarios en “LA CONSPIRACIÓN DE LOS BEATLES, CAPÍTULO 9: LA MUERTE DE BRIAN EPSTEIN. PRIMERA PARTE: LO QUE NO PASÓ.”

  1. ¡Ya estaba esperando por un nuevo artículo tuyo!
    Justo fue este año en donde me encontré con tu blog y wow… Créeme que ya dudo de todo.
    No puedo ver/escuchar a «Paul» sin notar diferencias en el. Es realmente una locura el como a pesar de tantos cambios (en todo aspecto) fueron puestos a un lado diciendo «estás loco, ¿como va a ser eso posible?» y se siguiera sin preguntar nada.

    En fin, interesante el saber cómo la muerte de Brian Epstein envuelve también a todo esto. Al final, la verdad siempre sale.

    ¡Gracias por tus trabajos y aportes! ¡Ya compré tu libro también! Jajajaja

    PD. En un video en YouTube de Silly Love Songs había gente diciendo que querían un amor como el de «Paul» y Linda. Yo (al leer tu artículo sobre su historia) no pude evitar poner que era una simple mentira el que su relación fuera de ensueño a lo que me pidieron fuentes. Lamentablemente no las encontré en tu artículo. ¿Podrías compartirlas? Por favor.

  2. Cuando pensé que ya todo se había dicho apareces nuevamente, muchas gracias por brindarnos tu trabajo espero y no tarde mucho la continuación.

  3. Otra vez Thurston, Faul,Peter Brown mezclados con Linda y toda esa caterva de criminales poniéndole su firma al pentagrama musical de los 60……Muy buena investigación, gran aporte!

  4. Qué coraje!!!!!!!!!!!!!! Es muy injusto todo, todo 🙁 !!! Desde Paul, Brian, Mal Evans, John, George, etc., Es cierto el hombre es la criatura más increíble, creadora y peligrosa que conocemos hasta el momento… de construir cosas bellísimas a destruirlas en segundos y llenar de sufrimiento y sangre todo lo que las rodea. Comparto el sentimiento de alguien aquí arriba, es horrible ver como todos los «borregos» idealizan, idolatran a Faul y todo a su alrededor cuando él mismo a gritos les dice la verdad!!! A mi me han linchado en internet cuando les digo la verdad sobre su ídolo, dicen que no les importa que incluso Faul lo hace mejor de lo que lo hizo Paul, qué horror!!! Se nota que lo único que saben hacer es consumir, oír, mirar…no escuchan, no piensan, no analizan, no ven a fondo, no se preocupan por descifrar los increíbles mensajes que todos los involucrados en esto nos han dejado, no les interesan ni la verdad, ni la justicia, aunque alguien como tú Lady les tenga la mesa servida, les explique con manzanas la realidad . Pero como bien dijo John «Vivir es fácil con los ojos cerrados, sin entender todo lo que ves…»… Lady he aprendido lo que tú aprendiste de George: A leer entre líneas y wow!!! Vaya!! Es increíble todo lo que encuentras, todo lo que aprendes y esto sirve no solo para aprender a leer a los Beatles y a su entorno, si no para la vida en general!!! Hay frases de ellos, (yo personalmente me he visto la antología desde que tengo como 16 años, ahora tengo 34 y algunas cosas llamaban mi atención desde esa edad, sin embargo cuando te encontré a ti pude hilar un montón de cosas…) que resumen esta historia: en la parte cuando hablan del concierto en el Candlestick Park y el fin de las giras John dice algo así: «No pasa nada, de cualquier forma nadie nos escuchaba, si nos hubieran sustituido por 4 figurines nadie lo habría notado» Dios mío, yo pego el grito en el cielo!!!!!!!!!!!!!!! Brian, Brian :'( no tengo palabras, es horrible, no quiero ni imaginarme lo que prosigue en tu artículo :'( Siento que va a doler mucho!!!! Pero lo espero con ansias . Te amo Lady Ruth.

    1. Muchas gracias por tus comentarios Rosario, me llenan de ánimo y fuerza para seguir aquí trabajando y sacar la verdad a la luz. Un abrazo enorme.

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