Las orejas imposibles de Faul

Las orejas, como ya nos indicaban Carlesi y Gavazzeni, son un claro distintivo de la identidad de una persona, hasta el punto de que la comparación del «tragus» supone en algunos países, como Alemania, una prueba con el mismo valor, a nivel judicial, que las huellas dactilares.



Quizá creais que vamos a hacer un riguroso y detallado análisis morfológico comparando las orejas de Paul con las de Faul para tratar, con gran esfuerzo, de demostrar que no son la misma persona.

Pero resulta que no hace falta. Porque en la historia fotográfica de Faul hay tal compendio de barbaridades «orejiles» que con tener dos ojos ya es suficiente.

Cuando uno se adentra en la ardua tarea de buscar orejas de «Paul» después del 66, se topa con una pequeña dificultad: las enormes patillas que iba luciendo según la ocasión, así como la suficiente largura de pelo como para ocultar ambas orejas. Deducimos que esto tenía como objetivo disimular las diferencias que estas tendrían con las de Paul.

(Por cierto, menudo compendio de «caras» y peinados de Faul. En la de abajo en el centro me recuerda a Camilo Sesto).

Pero aun así, con motivo de los cambios de peinado y para que el engaño tuviera éxito, está claro que tuvo que acabar recurriendo a otros métodos.

Los «expertos en disfraces» de los servicios de inteligencia

Los servicios secretos disponen de todo tipo de estrategias para «disfrazar» a una persona, ya sea para que pase desapercibida o incluso para crear un doble.

Como prueba de ello contamos con el testimonio de Bob Barron, un exagente de la CIA, que trabajó durante décadas como «especialista en disfraces» y que ahora es un reconocido experto en prótesis. Leamos un artículo en el que se cuenta su interesante historia:

Un ex agente de la CIA, experto en disfraces, ayuda a gente desfigurada

ASHBURN, United States (AFP). Él una vez creó caras nuevas para espías encubiertos de la CIA, pero hoy Bob Barron dedica su talento a aquellos que realmente lo necesitan: haciendo prótesis de orejas, narices, dedos y pezones para gente con desfiguraciones por causas congénitas, accidentes de tráfico o cáncer. Durante más de dos décadas, Barron fue un maestro del disfraz que creó las narices falsas, así como las barbillas, orejas y piel necesarias para proteger la identidad de los agentes de la Agencia Central de Inteligencia durante la Guerra Fría. Incluso creó caras completas para hacer «dobles», personas que se hacían pasar por otras.

Esta experiencia pudo haberle reportado a Barron una carrera de un millón de dólares en la industria de las películas de Hollywood, cuando se retiró en 1993. Pero eligió un reto mayor.

«Pensé que, si había podido esconder a alguien, que es lo que hice en la agencia, entonces un dispositivo protético haría que otros dejaran de hacerlo» -dice Barron -«Si puedo cambiar la identidad de la gente, puedo también devolverle a una persona su identidad».

Desde que creó su negocio de diseños protéticos, hace 12 años, ha hecho cientos de narices falsas, orejas e incluso ojos con sus órbitas incluídas. Sus creaciones abundan en su laboratorio de Ashburn, Virginia, no muy lejos de los cuarteles de la CIA donde él trabajó una vez en secreto. Numerosos moldes y piezas protéticas reposan alrededor, y tiene dos gruesos álbumes llenos de fotos de su trabajo.

Sus años de espía le dieron la base para su nueva carrera: «Cuando yo trabajaba para la CIA, escondía a la gente, cambiaba su identidad e incluso hice dobles. Los agentes dependían del realismo de su disfraz para mantenerse vivos, era mi responsabilidad» -dice, negándose a dar detalles de las misiones específicas detrás del Telón de Acero comunista.

Él hizo disfraces de cara completos como los usados por Tom Cruise en «Misión Imposible», una máscara mejor que una cara real, que tomaba más de cuatro horas hacerla y unos pocos segundos arrancarla cuando ya había cumplido su objetivo.

«Es muy realista, este tipo de disfraz es para un corto periodo de tiempo» -dice Barron. Pero, en sus últimos años en la agencia de espionaje, giró su atención a la gente necesitada. «Estaba buscando materiales en el campo comercial para mejorar mis productos. Así que fuí a orientarme a la Association of Medical Sculpture en Nueva York, donde se hacían muchas prótesis, y vi tanta gente desfigurada allí, que supe que quería ayudarles… supe en ese momento que ésa sería mi segunda profesión».

Barron ha estado trabajando en una oreja falsa para el niño Peter Dankelson, de cinco años, que sufre una deformidad de nacimiento. Los Dankelson condujeron durante nueve horas desde Michigan para una conexión, mejor que recurrir a la cirujía reconstructiva que, según Barron, nunca es tan satisfactoria.

Barron había cocido la nueva oreja en un horno y, tras sacarla del molde, aplicó un pegamento especial y la colocó en el lado izquierdo de la cabeza del niño; al mismo tiempo, le explicó a la madre de Peter cómo quitar la oreja por la noche y volver a colocarla por la mañana.

Después cogió una paleta de colores y un pequeño pincel para colorear la prótesis, hasta que encajó perfectamente con el color de la piel de la cara de Peter. Era como un reflejo en el espejo de la otra oreja del niño.


Extracto de otro reportaje hecho sobre Barron, para el programa Good Morning America de la ABC:

Cómo el mayor experto de la CIA en disfraces para espías y agentes dobles, Bob Barron era muy consciente de los riesgos cuando creaba cientos de caras y nuevas identidades. Una ceja que pareciera sospechosa o una oreja mal colocada podía acarrear resultados fatales.

«Tuve que poner a la gente en la clandestinidad, y yo sabía que el disfraz tenía que pasar un examen más cercano de 6 a 12 pulgadas»-dice, y agrega, – «si no llevaban el disfraz correcto, su vida estaba en peligro.»

Durante casi 25 años, su vida fue la definición de «la capa y el puñal». Barron a menudo trabajaba encubierto mientras viajaba por el mundo para «retocar» agentes. Ayudó a empujar la Agencia desde sus días de gabardina y sombrero tradicionales, como en «Los tres días del Cóndor,» a disfraces con intrincadass e increíblemente realistas máscaras de silicona, estilo «Misión imposible».

Barron ahora cambia vidas a mucha gente…

Entre ellos está Ryan Romans, que nació con un defecto de nacimiento por el cual carecía de una oreja. Durante 18 años, se dejó el pelo largo y fue objeto de murmullos a sus espaldas.

Pero los meses de arduo trabajo valieron la pena. Barron literalmente coció una oreja de silicona en un horno y la pintó. El resultado final fue abrumador.

«¡Wow! ¿Esto parece una oreja?» -dijo Romans, examinando el resultado. – «Sí, se ve como una oreja».

Qué interesante, ¿verdad? Y para demostrar que Barron, efectivamente, trabajó para la CIA, aquí tenemos el documento que le entregaron en reconocimiento por sus servicios:

Y, si queréis leer más sobre el increíble trabajo que realiza este profesional, aquí tenéis el link a su página web: http://www.prosthesis.com/

En ella se detalla el proceso para crear las prótesis, que consiste, básicamente, en hacer un molde, rellenarlo de silicona u otros materiales, endurecerlo al horno y luego pintarlo.

En el caso de Faul, no se trataba de crear una oreja entera para alguien que carece completamente de ella, como son los casos de los dos ejemplos que hemos visto más arriba. Faul ya tenía orejas, por lo que el proceso consistiría en crear un elemento que, colocado por encima (es decir, hecho por partes o directamente hueco), disimulara las notables diferencias.

Aquí tenemos un ejemplo, de la página de Barron, en el que a una chica se le ha colocado una prótesis sobre una oreja que ya tenía:

Pero claro, los medios que hay ahora no son los mismos con los que contarían los «expertos en disfraces» de los servicios de inteligencia de mediados de los años sesenta, cuyas prótesis consistían en enormes trozos de silicona cuyos bordes debían ser pegados y modelados con sumo cuidado alrededor del elemento a cubrir. Tampoco la pericia de los profesionales se puede equiparar a la del propio Faul, que en numerosas ocasiones fallaba estrepitosamente en este proceso.

Es por eso que, a lo largo de la historia de Faul, hemos llegado a ver auténticas monstruosidades, que lucía sin ningún problema, pensando que, quizá, era mejor eso que no mostrar directamente unas orejas completamente distintas a las de Paul.


Las orejas de Paul

Estamos cansados de verlas, sí, pero en este artículo se hace imprescindible mostrar unas imágenes antes de apreciar los desastres de Faul.

Los ejemplos que he elegido son los que considero más cercanos a las verdaderas orejas de Paul.

Oreja derecha:

Oreja izquierda:


El rasgo más importante de la oreja de Paul es que estaba «pegada» a la cara, es lo que en inglés se denomina «attached ear». El lóbulo, por su parte inferior, no «cuelga», no se separa de la línea de la mandíbula y forma un «todo» con esta.


Aquí se aprecia la diferencia. Las orejas, con la edad, crecen, al tratarse de cartílagos (como la nariz), pero jamás puede producirse esta separación entre el lóbulo y la cara, como si la hubieran «cortado».


Las orejas de Faul

Bien, ahora preparaos para ver de todo…

En fin, qué más se puede decir, salvo que, si Faul hubiera sido un agente encubierto en misión especial, no habría durado ni un segundo.

And in the room of mirrors you can see for miles
but everything that’s there is in disguise.

(Rising Sun, George Harrison)

 

Lady Ruth, con la colaboración de Jorge Paredes, James McGear, Litle Neutrino, Cristian Ramírez, Lautaro Gozela y Paloma Morua.



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