Candlestick Park: el mito del último concierto

San Francisco, 29 de agosto de 1966. Aquel lunes cientos de miles de personas estaban al tanto de que los Beatles preparaban su próximo concierto en el estadio Candlestick Park. Pero muy pocos se imaginaban que esa actuación sería la última que harían en público. Ni siquiera John, Paul, George y Ringo lo sabían, aunque nos hayan dicho lo contrario.



Durante años hemos leído infinidad de historias sobre este mítico concierto. Mítico para muchos por ser el último en que actuarían en vivo los cuatro de Liverpool, aunque posteriormente continuaran su andadura musical encerrados en los estudios de grabación. Para los seguidores de la teoría PID es algo más: la última vez que se pudo escuchar la voz de Paul McCartney cantando ante sus fans.

La historia oficial nos ha contado, hasta la saciedad, que los Beatles estaban hartos, que estaban cansados y temerosos. Nos han dicho que, antes de salir al escenario, ya habían tomado la decisión de que aquella gira, que estaba a punto de finalizar, iba a ser la última. Nos hablan de problemas de sonido, nos hablan de tensión. Nos hablan mucho, demasiado, a mi entender; todo para convencernos de que aquello estaba premeditado. Para darnos una razón convincente de aquella sorprendente decisión. John, George y Ringo tratarían de avalar posteriormente esta versión, como no podía ser de otra forma.

Sí, puede que estuvieran desbordados. Las desafortunadas declaraciones de John, que habían pasado inadvertidas en Inglaterra pero que en Estados Unidos causaron una gran conmoción, hasta el punto de estar a punto de tener que cancelar su concierto en Memphis, les habían causado una gran inquietud. También es verdad que se organizaba una auténtica locura durante sus actuaciones y que los gritos de los fans llegaban a eclipsar el sonido de la música. Pero la decisión de dejar de hacer giras no estuvo motivada por esto ni se llevó a cabo en aquel momento.

Analicemos la historia y veamos qué fue lo que nos contaron algunos de los protagonistas de aquel importante evento, ya que en base a sus declaraciones se forjó «el mito del último concierto».

Las versiones de Ringo y George

Tuvimos una larga charla en el Candlestick Park sobre si deberíamos terminar. Durante esa presentación en San Francisco todo indicaba que esa podría ser la última vez, pero nunca estuve seguro al 100% sino hasta que regresamos a Londres. John era quien más tenía que ganar de darlo por terminado (¿?). Dijo que para él había sido suficiente.
Ringo Starr.

Ringo tocando su batería durante el concierto.

Ringo nos explica años más tarde cómo, según él, la decisión de finalizar las giras no se tomó definitivamente en ese momento. Él habla de después, una vez ya en Londres. De hecho, ni siquiera habla de que se estuviera ya forjando mucho tiempo antes del último concierto, como la historia oficial sostiene, sino que afirma que, en el mismo estadio, «tuvieron una charla». Esto contrasta en cierta forma con lo que cuenta George Harrison:

Antes de una de las últimas canciones, sacamos una cámara fotográfica. Creo que tenía una lente ojo de pescado, un gran angular. La colocamos sobre el amplificador, Ringo dejó la batería y juntos nos paramos de espaldas a la audiencia, porque sabíamos que ese era nuestro último show.
George Harrison en The Beatles Off The Record, Keith Badman.

En este caso George asegura que, ya durante la actuación, conocedores de que, sin lugar a dudas, ese era el final, se dedicaron a sacarse fotos de recuerdo. Sería interesante si alguien que estuvo en aquel concierto recuerda este episodio tan curioso, que a buen seguro habría llamado la atención del público. Yo, hasta la fecha, no he logrado encontrar más testimonios de ello, salvo una foto en la que salen Paul y John llevando una cámara en el momento en que se dirigían al escenario. En el caso de Paul, no es de extrañar, pues era gran amante de la fotografía.

Sin embargo, he escuchado con total atención la grabación que existe de este concierto, en busca de un intermedio entre dos canciones lo suficientemente largo como para permitir que esto sucediera. El resultado es el siguiente: el tiempo más largo pasado entre canción y canción es de 34 segundos, absolutamente insuficiente como para sacar una cámara, que Ringo baje de la batería, que alguien -el que fuera- colocase la cámara sobre el amplificador, la enfocara, preparase el disparador automático y se colocara junto a sus tres compañeros para la foto. Además, y esto es fundamental, en todos los intermedios de más de 9 segundos hay alguno de ellos hablando en todo momento al micro.

George, por lo tanto, parece «equivocarse». No se pararon antes de ninguna de las últimas canciones, no se pararon antes de ninguna canción, pues en los intermedios no pararon de hablar ni les pudo dar tiempo material a sacarse una foto en grupo.

Además de la ligera incongruencia en ambas versiones, resultan interesantes las declaraciones de Ringo. Desde luego que está tratando de reafirmar la historia oficial, pero es llamativo que haga esa alusión a la vuelta a Londres como momento en que acabaría todo (es el único que lo hace) y nos cuente que John fuera el que más interés tenía en aquello.

El desastre económico

En aquel momento, el Candlestick Park era el estadio de béisbol sede del equipo San Francisco Giants. Tenía capacidad para 42.500 personas. Sin embargo, para aquel concierto sólo se vendieron 25.000 entradas, quedando enormes zonas vacías de asientos. El precio de las entradas estaba entre los 4.50 y los 6.50 dólares. La producción corrió a cargo de una compañía local: Tempo Productions. Los Beatles se llevaron el 65% (unos 90.000 dólares) la ciudad de San Francisco se quedó con el 15% de las entradas pagadas y se regalaron 50 entradas. Todo esto, junto con la baja demanda de entradas que hubo (¿tal vez motivada por la polémica generada por la publicación de las declaraciones de John un mes antes?) y otros gastos inesperados dieron como resultado una importante pérdida económica.

Entrada para el concierto

¿Os imagináis lo que ocurriría si se anunciara hoy el último concierto de los Beatles? Y entonces, si sabían que iba a ser el último, ¿por qué no anunciarlo para impedir este resultado? ¿Por qué permitir que la productora y la ciudad que les había acogido sufrieran tal pérdida financiera? El público habría acudido en masa, e incluso las entradas podrían haberse revalorizado. Habría sido un hermoso colofón final, actuar ante más de 40.000 personas. Muchos dirán que, tal vez, pensaron que se organizaría un auténtico escándalo, que el pánico y la emoción inundarían el concierto. Sin embargo, me cuesta mucho creer, por lo que sabemos de él, que Brian Epstein, como mánager, representante y hombre de negocios que era, permitiera que ocurriera esto. Una cosa es terminar las giras, pero otra muy distinta es quedar mal con unos importantes clientes y no aprovechar el tirón publicitario que habría supuesto anunciar con antelación el significado de aquel show.

Vista aérea del escenario

El escenario se instaló justo detrás de la segunda base sobre el terreno del campo. El presentador fue Emperor Gene Nelson de la estación de FM 1260 KYA, que nos cuenta lo siguiente:

Fui el presentador y, como lo sabe cualquier fan de los Giants de San Francisco, el Candlestick Park en Agosto, por la noche, era helado, cubierto de neblina y con mucho viento. Lo más divertido fue que uno de los encargados de abrir el concierto fue Bobby Hebb. Se paró sobre el escenario, en medio de la neblina, con el viento soplando, y se pudo a cantar Sunny! De cualquier manera, era muy difícil ser presentador en ese parque, especialmente porque The Beatles se tomaron todo el tiempo que quisieron para salir al escenario. Trataba de entretener a una multitud que estaba gritando: Beatles, Beatles, Beatles. El vestuario era un caos. Estaba repleto de gente. Los representantes de la prensa intentaban conseguir pases para sus hijos. Incluso por ahí andaba Joan Baez. Cualquier personalidad local que estuviera en la ciudad, estaba dentro del vestuario. Armaron una gran fiesta. Se lo estaban pasando realmente bien, mientras yo me congelaba hasta los huesos sobre la segunda base del parque.
Emperor Gene Nelson, The Beatles off the record, Keith Badman.

El concierto comenzó exactamente a las 8 pm. Los teloneros de los Beatles fueron: The Remains, Bobby Hebb, The Cyrkle and The Ronettes.

Los Beatles subieron al escenario a las 9:27 pm.

La grabación de Tony Barrow

Este es uno de los episodios más extraños e incongruentes de la historia oficial, clave para entender cómo se ha ido alimentando el mito del último concierto.

Tony Barrow, representante de prensa de los Beatles desde hacía años, nos cuenta que Paul le había pedido que grabara el concierto con su cassette:

En el ambiente flotaba este sentimiento de que todo terminaba. De alguna manera, sabíamos que este podría ser el último concierto de The Beatles. Recuerdo que Paul, casualmente, me preguntó si traía mi grabadora de cassette. Le respondí afirmativamente. Paul me pidió que grabara el concierto. Lo grabé sosteniendo, literalmente, el micrófono de la grabadora en mi mano, en medio del campo. Era un recuerdo personal muy importante, la única diferencia era que no fue un concierto espectacular. No había nada como el Shea Stadium, no había nada especial, sólo que añadieron algunas líneas entre sus charlas y las presentaciones de las canciones.
Tony Barrow, The Beatles Off The Record, Keith Badman.

Paul, y no otro, es el que le pide a Tony que grabe el que, según parece, ya sabían que sería el último concierto. Hilando más fino, me llama la atención la expresión, «Paul, casualmente…». ¿Casualmente? Está diciendo que Paul tenía un interés muy especial en guardar constancia de la actuación, porque sabía que era la última. No creo que lo preguntara «casualmente». Además, no entiendo cómo afirma que no hubo nada especial, metiendo totalmente la pata. Porque, efectivamente, aquel concierto no fue uno de los más grandes ofrecidos por la banda (aunque sí una de las mejores actuaciones de Paul). Si sabían que era el último, ¿por qué hacerlo así? Aparte de esto, puedo asegurar que no se añadieron más líneas a las presentaciones de lo que era habitual en ellos, como he podido comprobar tras medir meticulosamente el tiempo dedicado a cada una de ellas. He visto todos los conciertos grabados de los Beatles y las presentaciones eran similares.

Pero sigamos analizando lo que nos cuenta Tony:

A pesar de que no tuve oportunidad de preparar una buena grabación del concierto, una cosa que actuó a mi favor fue la enorme distancia entre el escenario y las gradas. A causa de esto, creo, pude grabar los sonidos del escenario sin captar demasiado los gritos ininterrumpidos de los fans. También ayudó el hecho de que se trataba de una presentación al aire libre. En un auditorio cerrado habría sido imposible grabar la música sin el ruido de la multitud. Cuando terminó la actuación del último de los grupos que abrieron, yo recorrí el campo delante de los muchachos. Cuando John, Paul, George y Ringo atravesaron el campo, un grito de júbilo se escuchó desde las gradas. Mientras afinaban ya sobre el escenario, cada cuerda que tocaban, provocaba un grito aún mayor. Uno de los DJ’s de los EEUU, a quien habían prohibido grabar un concierto previo de la gira, me vio sosteniendo el micrófono en la mano y me repitió mis propias palabras, advirtiendo que, por órdenes de Brian Epstein, no se permitía grabar ningún concierto y me pidió que apagara la grabadora.

Esta sí que es buena, Paul pide a Tony que contravenga las órdenes explícitas de Brian, y que grabe de forma tan poco ortodoxa el concierto. ¿No podría haberlo hablado con Brian previamente o habérsele ocurrido otra forma de obtener ese recuerdo? ¿Por qué Brian no solicitó una grabación formal con cámaras de televisión? No perdamos de vista la visión comercial y, por qué no, también sentimental de Brian hacia la banda: podría haber sido un importante documento que ofrecer luego a sus seguidores, que lo hubieran comprado sin dudar. Obviamente, ese era el motivo por el que él prohibía expresamente que se hicieran grabaciones personales.

Por otra parte, Tony nos dice que desde su posición los gritos de los fans no obstaculizaban la calidad de la grabación. No puedo evitar recordar el tan manido «no nos podíamos oír ni a nosotros mismos». Al parecer la humilde grabadora de mano de Barrow tenía más prestaciones que el oído humano.

Con un dedo sobre mis labios, le indiqué que se callara. No quería que ninguna voz extraña apareciera en mi grabación oficial del concierto.

¿Oficial? ¿Le llama oficial a eso? ¿Contraviniendo las órdenes de Brian y «de tapadillo»? ¿Entregando luego una copia tan sólo a McCartney y habiendo sido posteriormente filtrada por culpa de un supuesto «robo», como veremos después?

Sobre el escenario, uno de los muchachos gritó «Hello» para probar su micrófono y el grupo inició el tema de Chuck Berry Rock and Roll Music.
Tony Barrow John, Paul, George, Ringo & Me.

Llegados a este punto, no podemos por menos que dudar de las palabras de Tony. Todo parece incoherente, extrañamente «burdo», si me permitís la expresión. Pero esta barroca historia de la grabación no termina aquí:

En el aeropuerto de San Francisco, mientras el avión se preparaba para despegar, Paul asomó su cabeza sobre el respaldo para preguntarme si había podido grabar el concierto. Le pasé mi grabadora y le expliqué que había grabado casi todo, pero que la cinta se había terminado a la mitad de Long Tall Sally. Me preguntó si había dejado correr la grabación entre las canciones para captar el testimonio de las presentaciones del grupo. Le respondí que había grabado todo: desde el feedback de la guitarra antes de la primera canción. Paul estaba verdaderamente emocionado por tener ese recuerdo único de lo que probaría ser una noche histórica: el escenario de despedida de los Fab Four.

En realidad, el cassette duraba 30 minutos en cada lado, pero Barrow no le dio la vuelta a la cinta cuando la primera cara terminó, quedando así el trabajo inacabado y perdiendo los últimos y «míticos» momentos de los que querían guardar constancia. Según el propio Tony, la grabación tenía una inmensa importancia a nivel personal, tanto para Paul, que le había pedido el gran favor de hacerla, como para él. Sin embargo, sorprendentemente, comete este error garrafal. Un reportero curtido, un profesional acostumbrado a realizar todo tipo de grabaciones, que, en sus propias palabras, había hecho callar a otro para que no interfiriera en su grabación «oficial» … Y se olvida de darle la vuelta a la cinta durante el supuesto último concierto de la banda más importante de todos los tiempos. Otro detalle «cutre» e inverosímil.

De regreso a Londres, mantuve el cassette bajo llave, dentro de un cajón de mi escritorio. Hice una copia para mi archivo personal y entregué la cinta original a Paul. Años después, mi grabación del concierto de Candlestick Park reapareció en público como un álbum bootleg. Si acaso tú llegas a escuchar una versión bootleg del concierto final que termine durante la canción Long Tall Sally, se debe de tratar del material de Paul o el mío, aunque nunca llegamos a identificar quién fue el ladrón.
Tony Barrow, John, Paul, George, Ringo & Me

Sorpresa, sorpresa, la cinta que, según él, había guardado bajo llave en su propio despacho, y al que no podía acceder nadie, acaba apareciendo años después en un bootleg. Según Tony, sólo él y McCartney tenían una copia, pero no saben cuál de las dos fue la que se filtró. Si no lo sabe es porque, obviamente, no encontró su cajón abierto ni la cerradura forzada, ni puso ninguna denuncia en la policía, algo lógico si descubres que han invadido tu propiedad. De esta forma se libra de culpa y, solapadamente, apunta a una supuesta cinta de «Paul» de haber sido la causa de la filtración.

Pero ya basta de medias tintas, hablemos claro. Una grabación que debía haberse llevado a cabo con el mayor interés, es hecha de forma chapucera y solapada. Una grabación que, después, y sólo después, al saberse que los Beatles no habían vuelto a actuar en público, se vuelve valiosa. Un Tony incoherente en su historia…

Tony hizo aquella grabación porque sí, porque él quiso, escondiéndose además de Brian. Ningún Paul se la pidió. Por supuesto, él cuenta que fue Paul porque él no está aquí para rebatírselo ni Faul va a hacerlo. Paul no tuvo copia de aquello, sólo Tony la tuvo.  Cuando años después tomó conciencia del enorme valor que tenía aquella cinta, decidió venderla, y culpó de todo a un «supuesto robo», preocupándose muy mucho de aclarar que había «otra copia en manos de McCartney», por si les daba por investigar qué había sido de la suya.

En cualquier caso, aparte de servir para sus propios fines, la versión que da Tony de cómo se realizó su grabación resulta providencialmente adecuada para proporcionar una «prueba» más de que los Beatles sabían que aquella era su última actuación en vivo. Y de ahí que se le haya dado toda la publicidad necesaria desde entonces, ocultando premeditadamente que se había olvidado de dar la vuelta a la cinta y pasando de puntillas por el hecho de que se hubiera filtrado.

Las palabras de Paul antes de Paperback Writer

Documentándome sobre el desarrollo del concierto, hallé una página, afín a la historia oficial, que argumentaba, como «clave indiscutible» para demostrar que los Beatles habían decidido ya que ése fuera el último show, que Paul había dado la pista en su presentación de la canción Paperback Writer.

Con escepticismo, busqué tal presentación para mostrarla en el artículo y poder analizarla junto con el resto de supuestas «claves» que se nos presentan.  Las palabras de Paul son las siguientes:

We’d like to carry on…  I think. We’re not really sure yet. I’d like to carry on, certainly. Definitely. Well, shall we just watch this for a bit? Just watch it. The next song is called Paperback Writer.

We’d like to carry on era una de sus presentaciones comunes para las canciones. Incluso el I think había sido utilizado anteriormente, en broma, por John Lennon, como es el caso de la canción Day Tripper, en el Budokan de Japón, motivado por los problemas que estaban teniendo con los micros y que les dificultaban cantar y tocar correctamente. Veremos ahora por qué este dato es importante:

Un testigo de aquel concierto cuenta que, en aquel momento, justo antes de Paperback Writer, un grupo de muchachos corrían por el campo perseguidos por policías, hecho que había llamado la atención del grupo. Este dato, muy difícil de saber si no es por alguien que hubiera estado allí, parece darnos una explicación a las palabras de Paul, que trata de ganar tiempo y se plantea irónicamente si, en esas circunstancias, habría que seguir o no con el concierto, mientras señala el tremendo follón que se había montado con la persecución (justo cuando dice just watch it).

Lo que está claro es que, en aquel momento, nadie pareció captar ningún significado oculto en aquello, o en seguida habrían saltado todas las alarmas. Sin embargo, una vez pasado todo, se alzaron en seguida las voces que decían que Paul, «claramente», había anunciado así el final de sus actuaciones en vivo. Muy bien aprovechado.

La sentencia de George

Cuenta la versión oficial que, tras el concierto, y ya una vez en el avión, un extenuado George Harrison declaró en voz alta:

Se acabó, ya no soy más un Beatle.

Una vez más, dudemos de semejante afirmación. Ya no sólo de que la dijera, casual y favorablemente, en ese momento, porque ¡¡qué bien nos viene que George, el beatle tranquilo, el beatle reflexivo, nos regale semejante cita para la posteridad!! ¿Y lo bien que queda en los anales de la historia de la mítica banda? ¿Quién podría dudar después de esto, de que los Beatles habían decidido dejar de actuar en público? Me cuesta muy mucho creer que George dijera tamaña barbaridad. En primer lugar, según Ringo, la decisión no había sido tomada, luego resultaría incoherente. Y, en segundo lugar, aun atendiendo a la otra «versión» de que sí se había hecho, George no diría «ya no soy un Beatle», pues los planes jamás habrían sido separarse, ni dejar de componer, ni dejar de grabar canciones bajo el nombre de The Beatles. Recordemos que ni tan siquiera John, en el momento de su muerte y según un testigo, renegó de aquel nombre, cuando dijo: «Soy John Lennon, de los Beatles».

Como ya hemos visto en anteriores artículos, la mentira, la manipulación y la tergiversación están a la orden del día. La historia oficial en general, tal y como se nos presenta, es falsa. Pero en el caso de los Beatles, hemos de deducir que todavía más. La decisión de abandonar para siempre los escenarios fue sorprendente y traumática para todos. Es importante destacar que el anuncio oficial no se hizo hasta el 10 de noviembre, después de que Brian Epstein telefoneara el día anterior a Arthur Howes, para indicarle que los Beatles no aceptarían más conciertos en vivo.

Dos meses conociendo este hecho, dos meses alimentando los rumores sobre una posible separación de la banda y sobre la ausencia de Paul, que había desaparecido repentinamente del escenario público, y no habían dicho nada hasta entonces. Hasta tal punto había llegado el hartazgo de la gente que un grupo de fans se agolparon ante la casa de Brian el 6 de noviembre solicitando que, de una vez, los Beatles volvieran a actuar ante ellos.

Si tan clara estaba la decisión, ya en agosto, hasta el punto de hacerse fotos (que ya sabemos que no es cierto) y de querer guardar constancia en una grabación (que ya sabemos lo incoherente que resulta), ¿por qué esperar dos meses para anunciarlo? ¿Por qué reírse de sus fans, por qué enfadarles y permitir que varias publicaciones de la época comenzaran a especular y a enardecer los ánimos?

La entrevista de Paul

Este texto es tan importante que habremos de volver a él en un próximo artículo. Pero resulta fundamental ahora para terminar de demostrar que los Beatles no habían decidido dejar de actuar en directo en agosto de 1966.

Se publicó el 10 de septiembre en la revista Echo. Fue la periodista Penny Valentine la encargada de charlar con Paul.


Sobre la gira estadounidense:

Habríamos estado más preocupados si no hubiéramos estado trabajando y tan absortos. Pero después de estar en Memphis -que es lo que más nos había preocupado-fue todo estupendo. Estuvimos en América como siempre y eso es todo.

¿Dónde están el miedo a un atentado y la presión ante las protestas, principales excusas para decidir abandonar las giras? Paul quita hierro a los problemas en USA, diciendo que había sido «estupenda».

Sobre la controversia generada por Datebook:

Nos dimos cuenta de que el tipo que empezó todo esto lo hizo sencillamente como una vergonzosa treta publicitaria.

Faul, gran amigo de Danny Fields durante toda su vida, al igual que su esposa Linda. ¿Cómo habla Paul aquí de él?

Sobre sus planes futuros:

No haremos nada durante unas pocas semanas.

No, no creo que realmente hayamos pensando en NO hacer una gira por Gran Bretaña este año.

¿Dónde está la decisión irrevocable, ya tomada oficialmente en San Francisco, de abandonar para siempre las actuaciones en vivo? Aquí Paul no descarta hacer un tour por Gran Bretaña.

De hecho, si analizamos los tours de años anteriores, vemos que, en el otoño de cada año, tras las giras mundiales y en USA siempre acababan en Inglaterra, lo cual concuerda con las palabras de Paul.

Por otra parte, sabemos que a principios de noviembre un nutrido grupo de fans se agolpó frente a la casa de Brian Epstein exigiendo que el grupo hiciera conciertos. ¿Por qué hacer eso? ¿Quizá porque había habido conciertos programados que se conocían en el entorno fan y que se habían cancelado sin explicación?

¿Veis aquí a un Paul capaz de pedirle a Tony Barrow que grabe el concierto en el Candlestick porque «va a ser el último para siempre jamás»?

Sobre tocar en vivo:

Todavía tengo el mismo sentimiento que teníamos al principio. No es tan emocionante hacer una gira aquí como cuando empezamos, pero, en cierto modo, en mayor o menor medida, es lo mismo. ¡Todavía puedes tener «noches duras» con los buenos!

¿Dónde están el aburrimiento y el hastío? ¿Dónde está eso de «ya no nos divertía»? ¿Dónde está aquello de «estábamos hartos de toda esa mierda de críos»?

Tenemos poderosos argumentos que rebaten las excusas para dejar las giras, en boca del mismísimo Paul, en septiembre del 66. Y unos años después John hablaba sobre su etapa en España, recordando la desazón que le causaba dejar de actuar en vivo. Por lo tanto, esa decisión se tomó de manera repentina. Y lo que fuera que les llevara a tomarla tuvo que ocurrir, obligatoriamente, entre el 10 de septiembre y mediados de octubre. Y no cuando se nos ha dicho.

Lady Ruth



7 comentarios en “Candlestick Park: el mito del último concierto”

  1. Es que las excusas que dieron son un insulto a l@s fan a l@s que en parte culpan y también un insulto a la inteligencia. Un saludo y sigue así

    1. Hola Samu. Efectivamente, las excusas que se han dado son inveroísimiles desde todo punto de vista. A lo largo de estos años he conocido a muchos músicos, y todos ellos han coincidido en decirme que para cualquier artista tocar en directo es su vida. Vemos a muchos, ya ancianos y con algunas dificultades, subir felices al escenario. Y también tenemos ejemplos de algunos que, aún enfermos, han estado allí hasta que realmente no podían más, como es el caso de Marie Fredriksson, cantante de Roxette. Las secuelas de un tumor cerebral le impedían estar de pie y daba conciertos sentada en una silla. Hasta que el año pasado, con todo el dolor de su corazón, dijo que ya ni eso le era posible y se retiró. ¿Y nos están diciendo que los Beatles, todavía jóvenes y llenos de ideas para nuevas canciones, decidieron dejar de hacer conciertos «porque se aburrían»?

      Pero al margen de especulaciones, tenemos la prueba en la entrevista de Paul, diciendo que aún disfrutaban actuando y que tenían previsto acabar el año con su tradicional gira por Gran Bretaña. No, no había aburimiento, ni miedo, ni molestias por los gritos (también tenemos otras entrevistas en las que tanto Paul como John decían que no les importaban, más bien al contrario, creaban un gran ambiente y les motivaban). La decisión de no volver a tocar tuvo que estar motivada por algo tan repentino como traumático, que realmente les hizo imposible mostrarse ante los fans.

      Y ahora, vayamos a aquella entrevista de «Paul» en noviembre del 66 a las puertas de Abbey Road, cuando un periodista le pregunta por qué no iban a hacer más conciertos y él empieza a soltar su perorata sobre el ruido y los líos que se montaban en las actuaciones y que ya no les divertía. ¿De veras cambió de opinión tan radicalmente en dos meses?

      Un abrazo y gracias por tu comentario

  2. Hola. Tan sólo con ver sus rostros en el momento del concierto, te das cuentas de la felicidad que les provocaba ser The Beatles tocando ante miles. Grande tu aportación.

  3. Seguramente la canción que Paul comenzó a escribir en L.A. y que no había podido finalizar debido a que aún no tenía su piano, era Penny Lane… Por ello se habló también de hacer un álbum acerca de los orígenes de Los beatles… Me da muchísima pena pensar en todos esos sueños truncos, en como la infamia quebró la matriz de esas flores por nacer.

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