Brian Jones: like a Rolling Stone

Muerto el 2 de julio de 1969. Causa oficial: ahogamiento accidental. Se suelen cometer dos grandes errores a la hora de contar la historia de Brian: ceñirse a una única posibilidad con respecto a su muerte (más allá de la oficial, de la que la mayoría ya dudan) y santificarlo en calidad de víctima. Que lo fue, puesto que lo asesinaron, pero eso no lo convierte en un ser de luz.

Una ciudad de espías

Para comenzar tenemos que viajar al pasado, a mediados de los años cincuenta, y situarnos en Chentelham, una pequeña ciudad de Gran Bretaña, concretamente en el condado de Gloucestershire. Rica en aguas termales, hacía ya dos siglos que se había convertido en una ciudad balneario, destino vacacional y residencia de las familias más pudientes de Inglaterra. Bonitas casas con jardín, exclusivos colegios, un espléndido centro comercial y un ambiente chic y elegante.

Hasta ahora suena bien, ¿verdad?

Pero resulta que allí, sobresaliendo entre los árboles de tan bucólico paisaje, se erigía un edificio bastante más prosaico: el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno. Esta imagen nos ayudará a entender en qué consiste este organismo:

Aquí tenemos al GCHQ, también llamado MI1, tercer brazo de la Inteligencia británica junto al MI5 y el MI6

El MI1 tiene dos funciones principales: por un lado, monitorizar, interceptar y desencriptar información de aquellos que pueden suponer una amenaza para Gran Bretaña. Por otro lado custodian información secreta del gobierno. Recientemente, gracias a las revelaciones de Edward Snowden, se ha descubierto que el GCHQ es, por detrás de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA), una de las principales agencias de inteligencia involucradas en los programas de vigilancia mundial.

Alrededor de él se habían construido modernos bloques de apartamentos habitados por lo que los lugareños describían como «misteriosos personajes». Eran casi siempre de origen europeo y hablaban multitud de idiomas. Solían ser observados con recelo, pues evitaban mezclarse con la gente «normal». Chentelham se había convertido en el epicentro de la inteligencia militar británica y por lo tanto en un nido de espías y maquinaciones en las sombras. Aumentó la prostitución y las actividades clandestinas, lo cual atrajo a la mafia como la miel a las moscas.

Aquella atmósfera de secretismo se acrecentaba con la presencia de la Gloster Aircraft Company, empresa dedicada a la construcción de aeronaves para el ejército británico, y que por supuesto colaboraba estrechamente con el GCHQ. Sus prototipos eran catalogados como «top-secret» y sus empleados eran obligados a guardar la más estricta confidencialidad.

La Gloster, en colaboración con la Rotol, una subsidiaria de la Rolls-Royce, había creado una empresa conjunta con la Bristol Aeroplane Company, lo que suponía una fuente de empleo para los habitantes de Chentelham, especialmente científicos, matemáticos e ingenieros.

Uno de estos últimos era Lewis Blount Jones, padre de Lewis Brian Hopkins Jones, el protagonista de nuestro artículo.

Y es que Brian había nacido en este «interesante» emplazamiento, el 28 de febrero de 1942.

Un bala perdida

El señor Lewis Jones no era un empleado cualquiera, estaba a cargo de uno de los departamentos de diseño e investigación más importantes de la empresa. Además de una opulenta mansión, poseía coche con línea propia de teléfono, algo poco común a principios de los años cincuenta.

Por eso me sorprendo cuando veo en algunas fuentes la expresión «clase media» para describir a la familia Jones. Nada más lejos de la realidad: Brian se crió en un entorno selecto, rodeado de gente culta y sofisticada. Sus padres demostraban un profundo interés por la música: ella era profesora de piano y él adoraba el Jazz. Cómo no: de sobra conocemos la estrecha relación que ha habido siempre entre el ámbito militar y la música.

Brian era un niño extremadamente inteligente, con una gran capacidad para el estudio. Su padre tenía la esperanza de que siguiera sus pasos y estudiara ingeniería, algo que habría podido lograr sin problemas, pero su comportamiento acabó por desmerecer estas aptitudes. El escritor Paul Trynka, en su libro Brian Jones: The Making of The Rolling Stones, apunta a la presión de su padre como una de las causas que hicieron que se descarriase. En el colegio era díscolo y rebelde, y aún empeoró más al llegar a la adolescencia, cuando fue expulsado por mala conducta. Cambió el día por la noche y los libros por las mujeres. Superficial e irresponsable en sus relaciones, dejó embarazadas a varias de sus parejas. Se convirtió en una suerte de «oveja negra», un «malote» incorregible. Quizá no sirviera para descifrar códigos, pero seguro que podrían destinarlo a otras funciones.

Esa capacidad innata para el pensamiento lógico y matemático, unido a la influencia paterna en materia musical, dieron lugar a un músico excelente que componía de forma brillante y dominaba varios instrumentos. Pero la conjunción de estas dos facetas a menudo ocasionaba problemas. Graham Stodart, compañero de Brian en una de sus primeras bandas, lo describe como un «perfeccionista insufrible, tanto que a veces se autogeneraba sentimientos de frustración»:

A todos nos gustaba, era un músico increíble. Pero quería que las cosas fueran totalmente perfectas. Y cuando no sucedía así era cuando sacaba su lado más oscuro.

Sí, Jones tenía un lado oculto. Muchos de los libros y artículos que hablan sobre él utilizan el adjetivo «enigmático» para describirle. Era como una especie de Jekyll y Hide. La primera impresión que daba era la del típico «niño pijo» de buena familia con la cabeza llena de pajaritos, para después asombrar a sus interlocutores con su alto nivel cultural. Podía hacer gala de una gran simpatía, pero la gente más cercana a él acaba temiendo sus arranques de furia, propios de alguien que se sabe un genio y al que probablemente perseguirían un montón de fantasmas.

Brian fundó los Rolling Stones en 1962. Por más que algunos sectores traten de enterrar este hecho, lo cierto es que fueron el resto de integrantes los que se unieron en torno a él, atraídos por su talento, su carisma y su aparente autoconfianza. Él le puso nombre a la banda y se nombró líder. Eran los primeros tiempos del grupo, que darían un vuelco con el paso de la década. El mánager, Andrew L. Oldham, una vez decidido que los Stones tenían que competir con los Beatles, comenzó a exigirles que compusieran sus propios temas y que lo hicieran con la mayor rapidez posible.

Aquel cambio de aires propició que, a partir de entonces, fuera la pareja Richards/Jagger los encargados de ello, relegando a Brian a un segundo plano. Sabía componer, pero se vio aquejado por la inseguridad, lo que derivó en un desinterés que fue creciendo paulatinamente. Es curioso, porque le gustaba formar parte de la banda, el ambiente en que se movían, las ventajas que le reportaba la fama. Pero sin embargo había perdido la ilusión por aquello que más le había gustado hasta entonces: la música. Hay rumores que aseguran que Jimmy Page, de Led Zeppelin, dobló la guitarra en algunos de los discos. Y es una verdad oficialmente reconocida que en el estudio, en los últimos álbumes, Brian era sustituido por Mick Taylor.

Las relaciones se deterioraron. Los Stones eran un muy distintos entre sí, había grandes diferencias de edad, y en el caso de Brian, además, de estatus social, algo que, si bien en un primer momento resultaba atrayente, acabó por ser un fastidio. La turbulenta relación de este con Anita Pallenberg, de quien Keith Richards acabó enamorándose, no ayudó a que las cosas mejoraran. Pero el verdadero detonante, lo que terminó por dividirlos y enfrentarlos definitivamente, fueron las drogas.

Alguien nos vigila

El 5 de febrero de 1967 apareció una impactante noticia en el diario News of the World: Mick Jagger había reconocido que consumía LSD. Las controvertidas declaraciones provenían de una entrevista informal con un reportero que habría tenido lugar en un pub un mes antes. Mick salió en seguida a defenderse y negó haber hablado con ese periodista, mucho menos de un tema tan delicado. Tenía razón, puesto que el Rolling Stone con el que el reportero había conversado era en realidad Brian Jones. La entrevista se había producido en Blaise’s, un pub que Jones solía frecuentar, pues estaba situado en el 121 de Queen’s Gate, a pocas manzanas de su casa.

Marianne Faithfull, en su libro autobiográfico, pone en duda que fuera un error. Según ella, en aquel momento Mick simbolizaba la esencia de la banda. Un titular con su nombre suponía más ventas. Pero tratándose de drogas y en el marco de la conspiración que estamos investigando, ¿cabe pensar que fue ese el único motivo?

Mick estaba devastado: su imagen pública se había deteriorado y además había sido acusado injustamente, pues por aquel tiempo su experiencia con el LSD era mínima. A todo ello había que añadir la sensación de traición y engaño, ya que Brian no reconoció nunca ser el culpable. La pregunta clave es, ¿se le fue la lengua en un momento de indiscreción o fue algo intencionado? Conocemos el pasado de Brian y tenemos un ejemplo claro de lo que es la promoción del LSD por parte de un miembro de un grupo de música importante: la entrevista de «Paul McCartney» cuatro meses después.

Quizá si analizamos un hecho sucedido apenas una semana antes de la aparición de la noticia sobre Jagger veamos las cosas más claras, igual que seguramente lo hicieron ellos. El domingo 29 de enero, también en el News of the World, se podía leer el siguiente titular: ‘Pop Stars: The Truth That Will Shock You’. La historia tenía como protagonista, en esta ocasión, al cantautor Donovan Philips. La policía había entrado en su piso mientras estaban celebrando una fiesta. Registraron toda la estancia de forma violenta y dieron con una pequeña porción de hachís, motivo suficiente para detenerle y acusarle de tenencia y consumo de drogas. Donovan quedó muy afectado por el hecho: era demasiada casualidad que justo aquella tarde las autoridades decidieran hacerle una visita. Cualquier otro día, seguramente, no habrían encontrado nada. Sin duda alguien se la había jugado.

Donovan estaba enamorado de Linda Lawrence, ex novia de Brian y madre de su tercer hijo. Fue una relación que Brian había ido retomando varias veces en el tiempo. Ni estaba con ella ni la dejaba marchar del todo, pues se mostraba celoso y posesivo ante la posibilidad de que ella rehiciera su vida con otra persona. Linda y Donovan se veían a escondidas y no se casaron hasta 1970, con Brian ya enterrado. Tal era el pavor que le tenían. Siguen juntos a día de hoy, lo que demuestra lo profundo de su amor.

Cuando Donovan vio la noticia arremetió contra el New of the World diciendo: «así es como utilizan a la gente». Al igual que haría Mick, que inició una demanda contra el periódico por difamación. Pero el daño ya estaba hecho: los Rolling Stones acababan de colocarse en el punto de mira.

Así de feliz posaba Keith Richards la mañana del día 12 de febrero (justo una semana después de la publicación) en la puerta de su casa en Redlands, sin tener ni la más remota idea de lo que sucedería unas horas más tarde en la fiesta que iba a tener lugar allí.

Algunos de sus invitados fueron Mick, Marianne Faithfull, Michael Cooper (fotógrafo oficial de los Stones), George Harrison y su esposa Pattie (que tuvieron la fortuna de abandonar pronto la reunión), algunos otros conocidos y Robert Fraiser, uno de los personajes fundamentales de nuestra trama pero cuya historia es tan extensa que requiere otro artículo para hablar de él.

No sucede lo mismo con otro de los asistentes al evento, pues aunque también tiene un lugar de honor en esta conspiración es importante que conozcamos algunos datos sobre él ahora. Estamos hablando de David Schneiderman, «el Rey del Ácido».

Se trataba de uno de los suministradores de drogas más importantes de los artistas musicales británicos del momento. Acababa de llegar hacía poco de California, aunque nunca estuvo clara su verdadera nacionalidad. Él nunca hablaba de su pasado, su acento era difuso y además poseía multitud de pasaportes de distintos países. Según las palabras de Michael Cooper y el propio Keith Richards, tenía un «halo» de agente secreto, como si tuviera algo que ver con la CIA o el MI5. Iba siempre con una maleta llena de todo tipo de sustancias estupefacientes, especialmente LSD. No había evento donde él no estuviera presente. Igual que lo estuvo aquella noche, encargado de «amenizar» la velada.

Cuando la reunión estaba en su máximo apogeo, un hombre telefoneó al News of the World ofreciendo cierta información sobre una fiesta en la que estaban presentes algunos de los Rolling Stones. El reportero le solicitó que se identificara, pero él se negó diciendo: «quiero permanecer en el anonimato, pero creo que la policía debería saber lo que está ocurriendo».

Según narró Bill Wyman en su biografía, el informante tenía que ser un «insider», alguien cercano a ellos. ¿De qué otra forma iba a saber que sólo «algunos» de los Stones estaban allí?

El principal candidato era Schneiderman. Hacía poco que frecuentaba su círculo y era un personaje lo suficientemente oscuro como para sospechar de él. Además, fue el único que salió indemne de la redada.

La policía irrumpió en casa de Richards sin ningún miramiento, registrando enseres y personas en busca de drogas, las cuales por supuesto encontraron. Cuando uno de los policías solicitó a Schneiderman que abriera su maleta, este se negó alegando que contenía negativos de fotografías que podrían quedar inutilizables si se exponían a la luz. Aquello fue suficiente para que lo dejaran salir por la puerta como si tal cosa. Inmediatamente desapareció para no volver a ser visto por allí. Jagger y los demás vieron este hecho como la prueba indiscutible de que había sido él el «soplón».

Pero la llamada había tenido lugar mientras se celebraba la fiesta, y nadie vio al rey del ácido acercarse al teléfono, algo que sin duda les habría llamado la atención. Tampoco el reportero que atendió la llamada del informante dijo que se escuchara ruido alguno de fondo, algo extraño si realmente el chivato hubiera estado en medio de semejante jolgorio. Esto descartaría a todos los asistentes, incluido Schneiderman.

¿Quién hizo entonces aquella llamada?

Jagger y Richards camino del juzgado. No parecen preocupados.

El juicio se celebró el día 10 de mayo. Keith Richards, como defensa, trató de argumentar conspiración. O al menos intentó convencer al juez de que estaban siendo víctimas de seguimiento. Según él, el arresto fue algo coordinado, más allá de un simple chivatazo de un periódico para vender ejemplares. Él aseguraba que estaban siendo espiados. Contó que una noche, estando en casa de Brian, vio estacionada una furgoneta marrón con paneles blancos en las ventanillas laterales y traseras. Esa misma noche, un poco más tarde, la vio en la puerta de la casa de Mick Jagger. Lo cual resultaba curioso, porque en el viaje que hizo en coche hasta allí no vio que nadie le siguiera. Sin embargo, cuando llegó a casa de Mick la furgoneta ya estaba allí, como si supieran a dónde se dirigía y se hubieran adelantado tomando otro camino. También declaró que esa misma semana fue seguido por una furgoneta decorada con flores verdes, pero que tenía los mismos paneles blancos.

Tenía la sensación de que los que le seguían conocían de antemano sus movimientos, incluso aquellos que había decidido hacer de improviso, como si les estuviera informando alguien cercano a él.

También testificó Marianne Faithfull, que dijo haber oído «ruidos raros» en el teléfono de Jagger. Ella y Mick también vieron una «furgoneta blanca y azul aparcada permanentemente cerca de su casa».

A la salida del juzgado, después de haberse declarado no culpables.

Pero algo más iba a suceder aquel día. No había terminado de anochecer cuando el timbre sonó en casa de Brian Jones. Nada más abrir la puerta una docena de agentes de policía asaltaron la vivienda y empezaron a registrarlo todo. Brian no estaba solo, le acompañaban algunos amigos que estaban fumando marihuana. Fue detenido inmediatamente.

¿Puede tratarse de una casualidad que justo el día en que se celebraba el juicio contra Jagger y Richards se organizara una redada en casa de Jones? Bill Wyman cree que querían terminar de hundir a los Stones «cazando» a otro de sus miembros en la misma falta. Pero si hubiera sido así, ¿no habrían dejado el nombre de Brian en la noticia anterior en lugar de apuntar a Jagger? Si, tal y como asegura Richards, llevaban tiempo siguiéndoles, ¿por qué esperar a ese día para detener a Brian? ¿No hubo otras ocasiones anteriormente? ¿Fue una venganza? ¿O quizá se pretendía alejar las sospechas de él? ¿Qué se perseguía realmente con la detención de Brian Jones?

El 27 de junio de ese mismo año Jagger y Richards fueron declarados culpables de los cargos. Fueron trasladados a la cárcel a la espera de que se decidiera la pena, la cual se fijó en tres meses de prisión para el primero y un año para el segundo.

Tras conocerse la sentencia se formó un gran revuelo en Londres. Los fans, indignados por lo que ellos consideraban un complot de la policía y los medios, se manifestaron en Picadilly Circus y en la puerta de la redacción del News of the World. Para sorpresa de muchos, el periódico The Times, tan conservador como era, publicó una editorial posicionándose a favor de los detenidos.

Una semana después de haber entrado en prisión, el abogado de ambos solicitó la libertad condicional basándose en la mínima cantidad de droga requisada y la ausencia de antecedentes penales. El juez accedió a conmutar la pena por una multa de 5.000 libras para cada uno.

Mientras sus compañeros pasaban por todas estas vicisitudes, confinamiento carcelario incluido, Brian Jones esperaba en su casa. El juicio contra él no se celebraría hasta un año después, cuando todo este revuelo había pasado y sin mayores consecuencias. También se declaró culpable, pero no llegó a pisar la cárcel. Su abogado, apoyándose en la opinión del psiquiatra Dr. Leonard Henry, argumentó que la salud mental de Jones quedaría completamente destrozada si lo encerraban, pudiendo incluso optar por el suicidio para evitarlo.

A la salida del juicio. De izquierda a derecha: el «guardaespaldas» de los Stones Tom Keylock, Brian Jones, Joan Fitzsimmons (amante de Frank Thorogood), Suki Potier (ex novia de Tara Browne y pareja de Brian en aquel momento) y el abogado.

Performance

Quizá no pase a los anales del cine como una de las mejores películas jamás rodadas, pero resulta interesante. No sólo para fans de los Stones -tenemos a Mick Jagger como coprotagonista- sino también para los estudiosos de la teoría de la conspiración. Fue el debut del director Nicolas Roeg, que puso toda su ilusión en un producto complicado de asimilar por su carácter experimental y psicodélico, lleno de escenas desconcertantes. Con todo, ganó el premio Bafta en 1971 al mejor montaje.

Se rodó durante aquel 1968 en el que Brian andaba preparando su juicio. El papel principal femenino corrió a cargo de Anita Pallenberg, pareja ya entonces de Keith Richards (aunque corren rumores de que tuvo un affair con Jagger, seguramente alimentado por las tórridas escenas que debían protagonizar).

Sorprende la actuación de Mick, que aunque queda claro que el cine no es lo suyo, sí puso lo mejor de su parte para no parecer él mismo. Aún es más: sus gestos, frases y la forma de interactuar con Anita recuerdan mucho a su compañero Brian.

Si alguien está interesado en verla, recomiendo no leer lo siguiente puesto que contiene spoilers.

El otro protagonista, interpretado por un colosal James Fox, es un mafioso venido a menos que debido a sus errores se ve perseguido por los mismos para los que trabaja. De hecho, el término «Performer» se utilizaba para denominar a un grupo de mafiosos que operaban en Londres por aquel tiempo. No hay duda de que ya el título nos está sugiriendo una conexión entre la mafia y el mundo del espectáculo (performance: actuación, representación).

Y es que el lugar que el mafioso elige para esconderse y salvar su vida no es otro que la mansión donde vive un famoso músico (Mick Jagger) en compañía de dos chicas (una de ellas Anita Pallenberg). A partir de ahí el mafioso entra en el juego que el artista le propone: alcohol, drogas, mujeres… Incluso le suministran hongos alucinógenos sin su conocimiento.

Ya hacia el final de la película el mafioso y el artista se han mimetizado, hasta el punto de llevar peluca y vestirse uno como el otro. El mafioso acaba perdiendo la cabeza y trata de asesinar a su anfitrión de un disparo, pero en ese momento aparecen sus perseguidores y se lo llevan. La cámara le enfoca mirando a través del cristal del coche donde lo han introducido, pero no es el mafioso, sino el músico.

Lo confuso de la escena generó un gran debate, aunque la mayoría deducen que ha sido el artista el que ha acabado por matar al mafioso. Es decir, ha caído en la trampa de la gente de la que estaba huyendo.

En conclusión: mafia y estrellas del rock implicadas, nadie es lo que parece. Un personaje claramente inspirado en el perfil de Brian Jones, en un momento en el que las cosas ya no iban bien con él. ¿Qué mensaje querían dar con esto?

Otro dato que no conviene dejar pasar es la fecha de estreno de la película: a pesar de haberse terminado de rodar en el 68 no se pudo ver en los cines hasta principios de 1970, unos meses después del fallecimiento de Brian. El motivo oficial era la carga sexual y de violencia de algunas escenas. Como si hasta entonces no se hubieran rodado películas de similares características que pasaron la censura sin problemas.

¿Cuánto hay de verdad en el film Performance ? ¿Hasta qué punto estaba Mick Jagger implicado en este proyecto?

Descenso al infierno

A finales de 1968 Brian Jones era el fantasma de lo que fue. Deprimido, en un estado psicológico lamentable, con cambios de humor insoportables. Stanislau Klossoswi de Rola, un amigo cercano a él, lo explicaba así: «un artista puede ser arrastrado a un estado en el que su salud mental se deteriorará al máximo, y eso es lo que le sucedió a Brian».

En diciembre de ese año Brian hizo su última aparición con los Rolling Stones en el «Rock and Roll Circus». Aunque al principio se mostró entusiasta y entregado, su ejecución fue decayendo vertiginosamente a medida que avanzaba el concierto. Estaba distraído y distante. Su guitarra sonaba tan mal que le fueron bajando el volumen del amplificador hasta que apenas se oyó. Roger Daltrey y Pete Townshend de los Who (que también tocaron en aquel evento) declararon que cuando vieron a Brian pensaron que esa sería su última actuación en un musical en directo. Como así fue.

Última fotografía de Brian con los Stones

El 10 de junio de 1969 Mick, Keith y Charlie se presentaron en casa de Brian de improviso. Iban a comunicarle que estaba despedido y que iba a ser sustituido por Mick Taylor. Fue Jagger el que empezó a hablar, exponiendo los problemas que tenían con él. Pero Keith le quitó la palabra violentamente: «Estás despedido. Y no le des más vueltas, Mick. Dile que está muerto, que ya jamás será un Rolling Stone». Charlie intentó hablar, pero la dura mirada de Keith se lo impidió. Se levantaron y se marcharon. No habían estado allí ni diez minutos.

Pero eso de que «ya jamás sería un Rolling Stone» no era del todo cierto, pues hubo ciertos obstáculos legales para llevarlo a cabo. Brian había fundado la banda, de manera que, como indemnización por el despido, debían darle un 20% de los beneficios mientras viviera. Y siempre tendría el derecho sobre el nombre, ya que también él lo había creado. Hiciera lo que hiciera, pasara el tiempo que pasara, los Stones no podrían dar un paso sin pagarle por ello a Brian Jones.

Con todo lo anterior he intentado «redimir» el segundo de los errores que citaba al comienzo del artículo: no cuestionar la imagen de Brian. Está claro que por diversos motivos había llegado a generar mucho odio, y su pasado y contactos hacen verosímil que estuviera trabajando para otros intereses al margen de la banda, intencionadamente o no. No olvidemos que muchos de los artistas de esta trama fueron utilizados, el caso de Jim Morrison es muy parecido. No todos salieron tan dóciles y obedientes a los mandos como John Philips.

Cogemos el mal estado psicológico de Brian, le sumamos su adicción a las drogas y el alcohol, echamos un chorrito de su falta de discreción y como toque final le añadimos toda esa información

sensible que tendría en sus manos. Lo agitamos y obtendremos un cocktail altamente explosivo.

Brian no era alguien al que conviniera dejar solo mucho tiempo.

Y es aquí cuando toca hablar de otro de esos personajillos que me encantan.

Tom Keylock era un veterano de guerra que había sido miembro de la Royal Army Service Corps realizando diversas misiones. Estuvo destinado en Palestina cuando Gran Bretaña entregó el control de la zona e Israel obtuvo su independencia. En agosto del 65 fue contratado por los Stones para protegerles de los fans y los fotógrafos impertinentes. A partir de entonces se convirtió en su sombra y los acompañaba a todas partes.

Perdonadme por ser tan repetitiva, ¡pero cuánto le gusta al ejército el mundo de la música!

Nada más comunicarle a Jones su salida del grupo, se le encomendó a Tom Keylock la misión de vigilarle.

Brian quería realizar algunas reformas en su casa, de manera que Keylock le recomendó a un amigo suyo, Frank Thorogood, otro (¡vaya, qué casualidad!) ex miembro del ejército, que lideraba un equipo de obreros. Lo interesante es que este hombre pasaba sus honorarios directamente a los Stones y estos a su vez se los cobraban a Jones. Thorogood aceptó contento el trabajo. Admiraba a Brian y sentía que al compartir su vida con una estrella de la música (aunque venida a menos) podía vivir una parte de ese sueño.

Vista aérea de Cotchford Farm

La cuadrilla de obreros se instaló en casa de Brian, comiéndose su comida, celebrando fiestas y haciendo de todo menos trabajar. Tampoco es que el ex Stone hiciera mucho por acabar con la situación, tenía una relación un tanto contradictoria con Thorogood: tan pronto eran amigos del alma como acababan gritándose e insultándose. Como ya decíamos antes, Brian no sabía gestionar la frustración ni llevaba bien la convivencia.

Frank Thorogood

Pero tampoco era tonto. Nick Fitzgerald, un amigo suyo, habló con él en un pub unos días antes de que fuera encontrado muerto. Esto fue lo que le dijo Brian:

Cuando estoy al teléfono la línea se muere repentinamente. He llamado a los técnicos pero dicen que no le pasa nada. Thorogood y los demás siempre están saltando para contestar al teléfono y luego me dicen que era un número equivocado. No puedo confiar en nadie. Sé que crees que estoy paranoico. Tal vez sí, lo estoy, pero no sobre esto. Sé que están tramando algo.

Llegados a este punto ya tendremos claro que eso del «ahogamiento accidental» es un cuento chino. Una vez justificado el uso de la palabra «asesinato» la cuestión sería, ¿de verdad este se produjo como nos quieren hacer creer?

Pasaron cosas muy extrañas la noche que Brian murió. Teníamos a esta gente trabajando para nosotros, y tratamos de averiguarlo. Algunos de ellos tenían un control extraño sobre Brian. Me metí directamente en ello y quería saber quién estaba allí y no podía averiguarlo. El único gato al que podía preguntarle era el que creo que se deshizo de todo el mundo e hizo una desaparición total para que cuando llegara la policía, fuera sólo un accidente. Tal vez lo fue. No lo sé. Ni siquiera sé quién estuvo allí esa noche y descubrirlo es imposible. Es el mismo sentimiento con quién mató a Kennedy. No puedes llegar al fondo de esto.

Keith Richards.

Una fogata en el jardín

La mañana del 2 de julio Brian y Thorogood tuvieron una discusión terrible. Un trozo del techo de la cocina se había desplomado y Brian amenazó con despedirle. En un principio Thorogood no se lo tomó en serio, ya que sabía que en realidad había sido contratado por Keylock, y no por sus habilidades como albañil. Pero Jones sabía cómo sacar de quicio a la gente. Cuestionó su profesionalidad y le dijo que se aseguraría de que no pudiera trabajar jamás en ningún sitio. La escena terminó con un tremendo portazo de Thorogood y los nervios de Brian a punto de explotar.

Anna Wholin, su actual pareja, preocupada por las consecuencias que pudiera tener el enfrentamiento, lo convenció de que llamara a Thorogood y lo invitara a cenar para limar asperezas. Brian aceptó a regañadientes.

Y con esto llegamos a la noche del 2 al 3 de julio. Qué razón tenía Keith, pues es verdad que, a partir de aquí y hasta la llegada de la policía, los acontecimientos están difusos debido a las lagunas y contradicciones de los que se allí se encontraban.

De momento tendremos que avanzar hasta un poco antes de las doce de la madrugada, momento en que Brian es encontrado muerto en el fondo de la piscina de su jardín. Con él -siempre según versión oficial -se encontraban Anna, Frank Thorogood y la novia de Tom Keylock, Janet Ann Lawson, enfermera de profesión. Ninguno de ellos había visto el momento en que Brian se había ahogado, pero dada su condición de asmático supusieron que le había sobrevenido una insuficiencia respiratoria mientras nadaba. Lo sacaron del agua, intentaron reanimarle y al ver que no respondía alertaron a las autoridades.

La piscina donde, oficialmente, fue encontrado Brian muerto

Justo después Thorogood llamó a Tom Keylock, que se encontraba en Londres. Al conocer la noticia montó en su coche y se dirigió hacia allí. Según su versión, cuando él llegó la ambulancia ya se había llevado el cuerpo de Brian y la policía había interrogado a todo el mundo, de manera que poco podía hacer.

Pero revisando el reporte policial encontramos que, en realidad, los interrogatorios se produjeron entre las cuatro y las cinco de la madrugada. De Londres a Cotchford Farm no había más de dos horas de viaje. Es de suponer que, dada la gravedad de la situación, Keylock conduciría deprisa y sin pararse, por lo que posiblemente tardaría algo menos. Es imposible que llegara más tarde de las cinco. ¿Por qué esta incongruencia? ¿Habló con los testigos antes de que estos fueran interrogados?

Al día siguiente, a falta de los resultados de la autopsia y basándose únicamente en los testimonios recabados, la policía ya parecía tener claro que la muerte de Brian había sido un accidente, algo que se refleja en los titulares que se publicaron en prensa:

Tom Keylock no se fue a descansar aquella mañana. Al parecer tenía algo más importante que hacer. A mediodía los habitantes de la villa de Hartfield vieron una columna de humo que emergía del jardín delantero de Cotchford Farm. ¿No era esa la casa del muchacho que habían encontrado ahogado? Algunos de ellos corrieron hacia allí, convencidos de que la desgracia había terminado de cebarse con él y su mansión estaba siendo pasto de las llamas.

No era la casa la que ardía, sino sus posesiones. Tom Keylock había montado una gran fogata dentro de la cual estaba tirando documentos, cintas y todo tipo de enseres del fallecido. En su defensa alegó que seguía instrucciones de Lewis Jones, el padre de Brian. Este, tras ser alertado de lo que estaba sucediendo, negó haber dado tal orden y se presentó en casa de Brian con un camión en el que cargó lo poco que debía quedar, entre otras cosas el mellotron de su hijo.

No hubo consecuencias para Keylock. El señor Lewis Jones no le denunció ni la policía tomó acciones contra él. Debía de estar permitido en aquel tiempo irrumpir en casa de un muerto y destruirlo todo.

Así quedaron las cosas. Oficialmente Brian había sufrido un ataque de asma mientras nadaba, un desgraciado accidente. Pero las sospechas seguían planeando como una sombra sobre Cotchford Farm. Algunos fans y amigos de Brian alzaron sus voces pidiendo que se investigara más. Poco a poco fueron quedando en silencio. Pero a veces el silencio puede ser más clamoroso que los gritos.

Confesión en el lecho de muerte

En abril de 1994 apareció la siguiente noticia en el UK’s Independent :

Declaraciones de asesinato hacen saltar las dudas sobre la muerte de un Rolling Stone. La policía está considerando reabrir la investigación de la muerte del ex Rolling Stone sucedida hace 25 años, después de la afirmación en dos nuevos libros de que fue asesinado. Los libros, que serán publicados este mes, concluyen que el guitarrista de 27 años fue deliberadamente ahogado en la piscina de su mansión de campo por uno de sus empleados. Ambos nombran a un albañil, Frank Thorogood, que murió el año pasado, como el hombre responsable de la muerte en casa del artista en Cotchford Farm, Sussex, el 2 de julio de 1969. La investigación concluyó que la muerte había sido por accidente, asumiendo que Jones -que era famoso por sus excesos de estrella del Rock- se había ahogado debido a la bebida y las drogas que había estado consumiendo en las semanas después de ser despedido de los Rolling Stones.

Dejando a un lado la inexactitud del artículo (obvian el ataque de asma y enfatizan el consumo de drogas «como buena estrella del Rock») hay algo aquí que resulta demasiado casual. ¿Dos libros sobre de la muerte de Brian Jones, publicados el mismo mes del mismo año, 25 años después? ¿Y apuntando los dos a Frank Thorogood como culpable?

Estamos hablando de Paint it Black: Murder of Brian Jones de Geoffrey Giuliano y Who Killed Christopher Robin?: The Life and Death of Brian Jones de Terry Rawlings. Ambos autores referían haber estado investigando durante años para acabar llegando a la misma conclusión. En el mismo momento.

La clave está en el siguiente hecho nombrado en el artículo: Frank Thorogood había fallecido el año anterior.

Culpar a un hombre muerto es muy fácil.

Los dos libros detallaban los pormenores de la vida de Brian en sus últimos días, su relación con los obreros que residían con él y el estado en el que se encontraba. Plantean dudas sobre los testimonios de los testigos y acaban ofreciendo la teoría de que Frank Thorogood, harto de los desplantes de Brian y presa de un ataque de ira, lo sujetó bajo el agua hasta matarlo. Pero no aclaran la fuente de la que habían obtenido tal información. La cual, y dada la cercanía de ambas publicaciones, tuvo que ser obligatoriamente la misma.

En el año 2005, durante una entrevista para la revista Classic Rock, Tom Keylok dijo que en 1993 había ido a visitar a Frank Thorogood, que estaba ingresado en el hospital en estado terminal a causa de un cáncer. En medio de la conversación Frank dijo que él le había hecho «algo» a Brian Jones, pero no dio más detalles. Keylock lo encontró cansado y sufriendo de intensos dolores, de manera que decidió dejarle dormir y volver al día siguiente para intentar recabar más información.

Por desgracia Frank moriría esa misma noche.

Podemos deducir que la fuente de ambos escritores es la supuesta confesión referida por Keylock. Quien, por cierto, en 2002 (tres años antes de la entrevista con Classic Rock ) había negado tajantemente haber dicho tal cosa a pesar de que el rumor llevaba casi una década circulando.

Y entonces sucedió. Tras la publicación de los libros, como si de una suerte de «catarsis colectiva» se tratara, los testigos empezaron a saltar a la palestra. La incertidumbre se disipaba, los recuerdos fluían en sus mentes. Años de dudas y miedo que volaban por la ventana y les permitían contar la verdad sobre la muerte de Brian. Y mira por dónde, todos ellos acusaban a Frank Thorogood. El obrero que tanto se había enfadado con él aquel día. El obrero que acababa de morir. Un móvil pasional. Asunto solucionado.

La versión de Janet Lawson

Janet con Tom Keylock, 1969

La presencia de Janet aquella noche en casa de Brian estuvo motivada por una petición de su amante, Tom Keylock. Este había sido informado de la pelea entre Frank Thorogood y Brian y quería que fuera para «echar un ojo» y asegurarse de que todo marchaba bien.

Nada más llegar noté que había algo en el aire. Frank estaba actuando de forma extraña, pasándose un poco de la raya.

Brian le pidió a Frank que fuera a la ciudad para comprar más licor y vino. Este último hecho permite conjeturar que quizá estaban esperando más invitados.

Cenaron los cuatro juntos y fueron a la zona de la piscina a beberse unas copas. Un poco más tarde Anna, Thorogood y Brian se dieron un baño. A Janet no le apetecía, pero se quedó con ellos. Sonó el teléfono y Anna salió para cogerlo. Fue en ese momento cuando Brian se dio cuenta de que no estaba su inhalador para el asma, que siempre solía dejar junto a la piscina cuando se bañaba por si sufría un ataque. Le pidió a Janet que fuera a buscarlo. Los dos hombres se quedaron solos en la piscina.

Fui a buscarlo junto a la piscina, en la sala de música, en el salón de recepciones y luego en la cocina. Frank entró muy agitado. Sus manos temblaban. Estaba en un estado terrible. Pensé lo peor inmediatamente y fui a la piscina para comprobarlo.

Cuando vi a Brian en el fondo de la piscina y pedí ayuda, Frank inicialmente no hizo nada. Volví a gritarle a Frank mientras corría hacia la casa, y él explotó antes de que yo llegara, corrió a la piscina y se tiró. Pero yo no le había dicho dónde estaba Brian y pensé: «¿Cómo sabía que Brian estaba en el fondo de la piscina?»

Corrí hacia la casa y traté de llamar al 999 pero Anna estaba al teléfono y no lo soltaba.

Durante una entrevista le preguntaron a Janet si creía que Frank Thorogood había asesinado a Brian Jones. Esto es lo que respondió.

Sí. Entré en la casa para buscar el inhalador de Brian. Frank estaba en el agua, le hizo algo a Brian y para cuando volví, él yacía tranquilamente en el fondo de la piscina sin una sola onda de agua sobre él. No era posible saber dónde estaba sin asomarse justo al borde y Frank fue directamente al punto exacto. Cuando lo vi en la cocina me di cuenta en seguida, por su estado, de que algo había sucedido. Me refiero a, ¿por qué iba a estar Frank de pie en la cocina absolutamente aterrado si algo no hubiese sucedido?

Janet declaró que no creía que Thorogood hubiese tenido intención de matar a Brian, que fue un desafortunado accidente, probablemente algún juego acuático que se les fue de las manos.

La versión de Anna Wohlin

Anna con Frank Thorogood

Anna escribió un libro en 1999 titulado The Murder of Brian Jones en el cual contaba su versión de los hechos.

A las diez de la noche Brian había ido a buscar a Frank a su casa. Volvió quince minutos después con él y Janet. Brian sirvió bebidas en el salón. Él bebió brandy y Frank prefirió vodka. Intentaron dialogar para solucionar los problemas pero no consiguieron ponerse de acuerdo.

Un poco más tarde Brian sugirió darse un baño nocturno. Anna y Thorogood aceptaron mientras que Janet se negó. Hasta aquí las versiones concuerdan. Pero la cosa cambia cuando llegamos a la parte del inhalador. Anna confirma la costumbre de Brian de dejarlo siempre al borde de la piscina cuando se bañaba, pero asegura que esta ocasión no fue diferente: el aparato estaba allí. ¿Para qué se marcharía entonces Janet Lawson?

Anna nos lo explica un poco más adelante:

Noté cómo el humor de Frank no había mejorado, pero Brian estaba simpático y juguetón, nadando bajo el agua, agarrando a Frank de los tobillos y tirando de él para hundirle. Frank intentaba mantener la calma pero Brian se empeñaba en provocarle al grito de «venga, viejo». Frank respondió empujando su cabeza hacia abajo y sujetándolo unos segundos. Brian salió tosiendo y riendo. Janet me llamó entonces desde la casa, habían llamado al teléfono y preguntaban por mí. Salí del agua y ambas entramos juntas.

Un poco después, mientras seguía al teléfono, escuchó los gritos de Janet: «¡Anna, Anna! ¡Algo le ha pasado a Brian!»

Bajó las escaleras como una exhalación para encontrarse a Frank en la cocina, chorreando agua sobre el suelo pues todavía estaba mojado (detalle que Janet se olvidó de mencionar), tratando de encenderse un cigarrillo y evitando mirarla a los ojos.

Corrió al jardín, pasó al lado de Janet y miró dentro de la piscina, en cuyo fondo yacía Brian con los brazos abiertos. Se tiró al agua y trató de tirar de él hacia la superficie, pero se le escurría de las manos. Gritó a Frank pidiendo ayuda, pero este se tomó su tiempo. Llegó andando tranquilamente, se sentó en el borde y se metió en el agua despacio. Ayudó a Anna a sacar a Brian y se quedó mirando mientras ambas chicas trataban de reanimarle, una haciéndole un masaje cardíaco y la otra practicándole el boca a boca. En palabras de Anna, la actitud de Frank durante todo aquel intervalo fue «fría como el hielo».

La ambulancia llegó quince minutos después, pero no hubo nada que hacer. Lo que no nos explican es quién llamó a emergencias. Frank estaba «mirando» y ellas estaban intentando salvar a Brian. El único teléfono que había estaba dentro de la casa.

No ha de extrañarnos este detalle, una vez vistas las importantes incongruencias que hay entre ambos relatos. ¿En qué quedamos? ¿Había inhalador o no había? ¿Entró Janet para buscarlo o porque no quería bañarse? ¿Quién cogió el teléfono? ¿Quién descubrió el cuerpo de Brian, Frank o Anna? ¿Quién se tiró primero a la piscina, Frank o ella?

Pero no todo son contradicciones, hay algunos aspectos en los que coinciden plenamente:

-Alejarse de la escena del crimen para poder decir que no vieron nada

-Señalar ciertas actitudes sospechosas en Frank Thorogood para poder acusarle

-Insistir en que todo se trató de una «broma» que salió mal. En palabras de Anna: «No creo que Frank quisiera matarle, porque no era un asesino. Creo que fue algún tipo de juego que llegó demasiado lejos».

Pero Anna aún tenía otra «revelación» más que aportar en su libro. Se trata de lo que, según ella, le habría dicho Thorogood antes de ser interrogada por la policía:

«Sólo piensa lo que vas a decirle a la policía», me dijo. «Lo único que necesitas decirles es que Brian había bebido y se ha ahogado por accidente. No tienes que decirles nada más. Dejé a Brian para ir a la cocina a encenderme un cigarro y no sé más que tú. Pero no hay necesidad de que le digas a la policía que me viste en la cocina. Sólo diles que sacamos a Brian de la piscina juntos».

Frank estaba preocupado, y yo sabía que tenía todas los motivos para estarlo. Pero yo también estaba asustada. No quería acabar como Brian, así que hice lo que Frank me había dicho que hiciera. No quería desafiar al destino. Frank mintió durante la entrevista. Los testimonios de Janet parecen confusos. Y con respecto a la verdad… Sé que le fallé a Brian. Aún estoy avergonzada por haber ocultado información, pero temía las represalias.

¿Las represalias de quién? ¿De alguien que ha matado a otra persona por «accidente» a causa de un jueguecito de piscina que ha salido mal?

La versión de Nick Fitzgerald

Antes hemos hablado de los dos libros que se publicaron en abril de 1994 acusando a Frank Thorogood de haber asesinado a Brian. Pero resulta que tres meses antes, en enero de ese año, se había publicado la segunda edición de otro de temática algo más general, pero que también nombraba la muerte de Jones y aportaba dos testimonio únicos. Se trata de Blown Away, The Rolling Stones and the Death of the Sixties, del escritor A. E. Hotchner.

Su teoría era diferente: él apuntaba a la cuadrilla de obreros como culpables del crimen.

Para ello contaba con el relato de dos hombres que aseguraban haber sido testigos aquella noche. Uno de ellos es Nicholas Fitzgerald, al cual ya he nombrado antes como gran amigo de Brian. Aquella noche se encontraba en un pub con Richard Cadbury, otro amigo, cuando les apeteció ir a ver a Brian. Llegaron sobre las once y advirtieron que las luces de la piscina estaban encendidas, así que decidieron ir por la parte de atrás de la casa en lugar de llamar a la puerta principal.

Caminamos a través de los arbustos. Las luces estaban encendidas y teníamos visión plena de la piscina. Había tres hombres vestidos con jerséis y pantalones vaqueros, probablemente obreros, pero el brillo de los focos difuminaba sus rasgos y hacía que sus caras parecieran manchas. Había otro hombre, vestido con traje, y una mujer, ambos de pie al otro lado de la piscina. El hombre de traje estaba dando instrucciones a los otros tres. El que estaba en el medio se agachó y empujó hacia abajo una cabeza que parecía blanca. Uno de los que tenía al lado saltó sobre la espalda del luchador nadador. Alguien le ordenó que lo mantuviera bajo el agua.

Tan aterrorizados estaban Nick y Richard observando la escena que no advirtieron que alguien aparecía junto a ellos. Lo describieron como «un hombre corpulento con gafas de sol». Le dio un empujón a Richard y cogió a Nick del hombro. Pegó su cara a la suya y le susurró: «Lárgate de aquí, Fitzgerald, o tú serás el siguiente».

Según Nick, nunca había visto a ese hombre antes. Pero él sabía perfectamente cómo se llamaba y le hablaba como si le conociera.

El caso es que salieron pitando de allí como alma que lleva el diablo. Después de semejante amenaza no tuvieron valor para ir a la policía.

Brian estaba muerto. No podía cambiar eso y podría haber puesto mi propia vida en peligro. Así que lo dejé pasar, pero aquella escena no ha desaparecido de mi mente y a día de hoy todavía me perturba.

Nick acusa veladamente a los obreros. Al contrario que Janet y Anna, al menos admite haber estado presente, pero qué mala suerte: no pudo ver las caras de ninguno. Lo más interesante de su testimonio es ese hombre «vestido con traje» que supuestamente habría estado dando órdenes sin mojarse las manos. Si quería acusar a los obreros, ¿para qué inmiscuir a alguien con ese perfil?

La versión de «Marty»

¿Creíais que no se podía liar más el asunto? Qué equivocados estáis. Porque aún falta la versión de ese otro testigo que encontró Hotchner. Se trata de uno de los hombres que componían la cuadrilla de Thorogood. Aceptó dar su versión a cambio de mantenerse en el anonimato, de manera que se usó el nombre ficticio de «Marty» para referirse a él. Su relato está en la línea de lo dicho por Nick Fiztgerald pero difiere en puntos importantes.

Para empezar, en su testimonio no hay «hombre con traje» que valga. Allí estaban sólo los obreros y sus novias.

Marty aseguraba que los obreros odiaban a Brian a causa de los celos que les provocaban su buena posición económica, su éxito entre las mujeres y el aire de superioridad que se gastaba. También afirmó haber estado en Cotchford Farm aquella noche junto con el resto de los trabajadores, que a su vez habían llevado a sus mujeres y novias. Brian se metió en el agua y los obreros comenzaron a molestarle, corriendo alrededor de la piscina e impidiendo que saliera del agua. Entonces se zambulleron, lo sujetaron y lo hundieron, mientras las mujeres rogaban que lo dejaran en paz. Esto todavía los enfureció más. La situación se les fue de las manos y Jones acabó ahogándose.

La investigación

Tenemos por lo tanto cuatro testimonios distintos que poco tienen que ver entre sí. Janet miente con respecto a Anna. Anna miente con respecto a Janet. Y lo mismo pasa con Nick y Marty. ¿Quién dice la verdad aquí? Creo que ninguno.

No podemos por lo tanto basarnos en la versión de nadie. Y a falta de testigos fiables, lo único a lo que puede aferrarse un investigador son los hechos.

Los interrogatorios

Unas horas después de la muerte de Brian los testigos fueron llevados a la comisaría de policía de East Grinstead para tomarles declaración. Fue el Sargento Detective Pete Hunter el encargado de dicha labor.

Según Janet Lawson:

La policía estaba intentado poner palabras en mi boca. Se empeñaban en decir, «¿ocurrió esto u ocurrió esto otro?» Yo estaba muy cansada, eran las cuatro o cinco de la mañana. Quise saber si tendría la posibilidad de declarar otra vez más tarde porque estaba agotada, confusa y nerviosa. Ellos dijeron «sí», así que cuando la policía me pedía mi testimonio, sugiriéndome que dijera todas esas cosas, me limitaba a responder «sí, sí, venga…» para terminar cuanto antes. Pensé que tendría otra oportunidad de hacerlo mejor en otro momento en el que estuviera más fresca. Pero esto nunca sucedió, y al final mi declaración no fue más que un conjunto de mentiras, el policía sugirió la mayor parte de lo que dije. Fue todo un montón de basura.

El Detective Hunter se encuentra actualmente retirado, pero en 2008 un periodista, Scott Jones, tuvo la oportunidad de preguntarle por ello:

Si Janet Lawson está diciendo que escribí físicamente su declaración, eso es correto. Pero si está diciendo que yo influí en el contenido de dicha declaración, eso no es correcto.

Lo lógico sería pensar que Janet, para justificar que en su día omitió datos tan importantes como la tensión entre Brian y Thorogood o la actitud de este en los instantes previos a la aparición del cuerpo, haya decidido echar la culpa a los policías.

Pero resulta que tenemos otro testimonio. Una fuente que no quiso dar su nombre pero que demostró haber sido policía en East Grinstead en aquel tiempo, asegura que Anna Wohlin fue drogada por un médico antes de ser interrogada, llevándola a un estado tal que debían despertarla cada pocos minutos mientras la entrevistaban. Pero la declaración aparece bien redactada y con aparente coherencia. ¿Puede una persona en esas circunstancias ofrecer un testimonio completo? ¿Cuánto de ese escrito surgió de la cosecha del propio detective?

Las pruebas

La muerte de Brian ha sido universalmente atribuida al consumo de drogas. Es común, por lo sencillo que resulta, achacar a esta causa las desdichas de los artistas musicales. Aquella noche, sin embargo, ninguno de los testigos reportó que Brian hubiera tomado ninguna sustancia más allá de dos copas de brandy. Laura Jackson, autora del libro Brian Jones: The untold life and mysterious death of a rock legend consiguió acceder a los resultados del análisis bioquímico realizado tras la autopsia de Brian.

He encontrado la verdad más inquietante relacionada con la muerte de Brian. Jones fue sometido a una cromografía de capa delgada, una técnica diseñada minuciosamente para separar y analizar los componentes del cuerpo, que no reveló la presencia de ninguna anfetamina, metedrina, morfina, metadona o isoprenalina. Lo que sí reveló, sin embargo, es mucho más alarmante: dos manchas densas, una de color amarillo anaranjado y otra morada que no pudieron ser identificadas. La orina de Brian reveló una sustancia parecida a la anfetamina pero que no lo era, y esta diferencia es importante: 1720 mg por ciento, casi nueve veces el nivel normal.

El agente Albert Evans fue el primer policía en llegar al escenario, diez minutos después de la medianoche. Después de certificada la muerte de Brian y tras la retirada del cuerpo, registró la casa y cogió una serie de botellas de licor más varias pastillas que debían ser analizadas. Algo que no fue posible porque, inexplicablemente, se perdieron.

Este tipo de «chapuzas» policiales no tienen justificación. Desde el momento en que se requisa un objeto como posible prueba en una investigación la cadena de custodia ha de ser mantenida rigurosamente. ¿Cómo es posible que desaparezca algo dentro de una comisaría de policía? Ante un hecho así deberían tomarse medidas, buscar culpables y cuestionar protocolos. Sin embargo nunca pasa nada. Las autoridades judiciales no consideran necesario depurar responsabilidades. Igual que con la maleta de Mal Evans.

La investigación de la muerte de Brian quedó en manos de la División de Investigaciones Criminales de Sussex (CDI), cuyo jefe era el Detective Bob Marshall.

El testigo anónimo antes citado, policía de East Grinstead, también se refiere a él en su testimonio.

El Jefe Bob Marshall era el encargado de determinar qué evidencia debía de ser tenida en cuenta. Pero nadie «toca un botón» en el CDI sin que la orden haya venido de arriba.

Marshall, por su parte, declaró lo siguiente: Para mí estaba muy claro, apenas dos o tres horas después de llegar al escenario, que había sido un trágico accidente. Un simple ahogamiento.

Quizá por eso, confiando en su «instinto policial», el jefe Marshall decidió que no hacía falta analizar el contenido de la botella de brandy que había bebido Brian aquella noche. Algo que habría dado una explicación a esas manchas aparecidas y esa sustancia indeterminada, pero parecida a la anfetamina, que había en su estómago.

¿Fue Brian envenenado? ¿Se fue a nadar y le sobrevinieron los síntomas de las sustancias consumidas, haciendo que se ahogara? ¿O se desplomó en el salón y lo tiraron a la piscina para crear la versión del ahogamiento accidental? ¿Llegó Brian a bañarse -vivo- aquella noche?

¿Fue Frank Thorogood el encargado de suministrarle el veneno a Brian? ¿Lo hizo por su cuenta o siguió órdenes de alguien? ¿Quién era el jefe de Thorogood, quién lo había contratado para «vigilar» a Brian?

El agente Albert Evans declaró que al registrar el salón hubo ciertos indicios que le hicieron sospechar que había habido más gente allí aquella noche. ¿Alguna copa de más, quizá? ¿Presenció alguien más la muerte de Brian y se fue antes de que llegara la policía?

El taxi

En 2008 el ya mencionado periodista Scott Jones reveló un dato impactante. Había encontrado testigos que aseguraban haber visto salir un taxi de Cotchford Farm unos minutos antes de la medianoche, exactamente el momento en que se habría producido la muerte de Brian. Volvamos a esta fotografía:

La mujer del centro es Joan Fitzsimons, amante de Frank Thorogood y muy amiga de Keylock, de hecho fue quien presentó a Janet a este.

El 26 de julio del 69, tres semanas después de la muerte de Brian, Joan fue víctima de un asalto. Un hombre se abalanzó sobre ella por la calle y la golpeó en la cabeza con un objeto contundente. Estuvo en coma varios días con una fractura de cráneo. La policía detuvo a su novio oficial, el jordano Michael Ziyadeh, acusado de intento de asesinato. A pesar de haberse declarado culpable en el juicio, Ziyadeh siempre aseguró no haber tenido nada que ver con ello. La sentencia judicial concluyó que «el móvil continuaba siendo un misterio».

La familia de Joan poseía una empresa de taxis en Chichester, a unos 60 kilómetros de Cotchford Farm. Ella misma solía hacer uso de ellos para su vida personal, y los utilizaba frecuentemente para llevar a sus amigos.

¿Era de Joan el taxi que salió aquella noche de casa de Brian? ¿Iba sola o se marchó con alguien más?

Vamos a recordar las palabras de Keith Richards: El único gato al que podía preguntarle era el que creo que se deshizo de todo el mundo e hizo una desaparición total para que cuando llegara la policía, fuera sólo un accidente.

¿Quién era este gato al que podría haberle preguntado por lo sucedido y que habría desaparecido antes de la llegada de la policía? ¿Quizá Tom Keylock?

Situación del caso a día de hoy

El escritor A. E. Hotchner comentaba al final de su libro que este caso sigue despertando sensibilidades actualmente. Su asistente editorial, Electra May, concertó una cita con Justin de Villeneuve, el descubridor de Twiggy, modelo famosa en los años sesenta. Hotchner creía que podría ofrecerle datos sobre Brian dada su relación con diferentes artistas musicales de la época, entre ellos los Rolling Stones.

Dos días antes de la entrevista con Villeneuve, Hotchner fue a visitar a E. N. Grace, forense encargado del caso Jones, quien le proporcionó reportes médicos y una transcripción del sumario. Unos días después Electra telefoneó a Villeneuve para confirmar la entrevista que tendría lugar ese día. «No hay entrevista» -le dijo. «¿Por qué no?» – preguntó ella sorprendida. «Porque Hotchner ha ido a ver al forense, ¿verdad? No sabíamos que él tenía la intención de abrir esa lata de gusanos».

Mucho se ha hablado en los últimos años, a raíz de todos estos nuevos testimonios e indicios, de reabrir el caso de Brian Jones. Ha habido propuestas formales a organismos públicos que en un principio se mostraban partidarios de hacerlo. Pero sin embargo ahí sigue, con Brian bajo tierra y sin que nadie tome la determinación de actuar. Los rumores y las especulaciones no paran, aunque la culpabilidad de Thorogood tenía la intención de acallarlos.

Si a pesar de tener un culpable tan claro -y un móvil tan «vulgar» como la enajenación mental transitoria -no se toman medidas para terminar de esclarecer los hechos es porque las evidencias seguramente acabarían por demostrar que las cosas no son así de simples.

Puede que Thorogood estuviera presente, puede que fuera la mano ejecutora, pero también es verdad que la muerte de Brian no le beneficiaba directamente. O no tanto como a otros.

Rencillas, celos, triángulos amorosos, conexiones con la mafia, una trama relacionada con las drogas, intereses económicos… ¿Y va a ser un obrero molesto con su cliente el culpable de su muerte?

Pero al margen de la especulación hay una serie de hechos incuestionables: un muchacho nacido en un entorno de espionaje y secretismo, que salta a la fama y lidera un grupo hasta llevarlo al estrellato, para luego caer en picado. Alguien que podría resultar peligroso, que tenía 27 años y había llegado al límite.

Circunstancias que serán, indefectiblemente, comunes a todos los casos de este trágico «club» llamado así por compartir un número.

Tom Keylock, por cierto, falleció el 2 de julio de 2009. Exactamente el mismo día, 40 años después, de la muerte de Brian.

Epitafio de Brian. Se señala como fecha del fallecimiento el 3 de julio debido a su cercanía con la medianoche, pero las investigaciones determinaron posteriormente que se había producido unos minutos antes.

La muerte de Brian actuó como una bomba a cámara lenta, tuvo un efecto devastador en todos nosotros. Los muertos se van, pero los supervivientes están condenados. Anita (Pallenberg) pasó por un infierno a causa de la culpa, la culpa del superviviente, simple y llanamente. Acabó desarrollando espantosas compulsiones. La forma en la que Keith reaccionó a la muerte de Brian fue convirtiéndose en Brian. Llegó a ser la imagen misma del drogadicto apedreado cayendo, flotando perpetuamente en el suelo al borde de la muerte. Keith, siendo Keith, estaba hecho de una pasta diferente. Sin embargo imitaba la autodestrucción de Brian, aunque nunca se desintegró del todo.
Marianne Faithfull (Greenfield, 2006).

Lady Ruth y Radha Badtler

FUENTES

Constantine, Alex. The Covert War Against Rock, Feral House. Edición de Kindle.
Giuliano, Geoffrey, Paint it Black: Murder of Brian Jones, Viking, 1994
Faithfull, Marianne, Faithfull: An Autobiography, Cooper Square Press, 2000
Hotchner, A. E., Blown Away: The Rolling Stones and the Death of the Sixties, Simon & Schuster, 1990
Jackson, Laura, Brian Jones: The untold life and mysterious death of a rock legend, Piatkus, 2009
Rawlings, Terry, Who Killed Christopher Robin?: The Life and Death of Brian Jones, Mcmillan, 1994
Trynka, Paul, Brian Jones: The Making of the Rolling Stones, Viking, 2014
Wyman, Bill and Coleman, Bill, Stone Alone, New York: Viking, 1990

http://www.elmundo.es/cultura/2013/10/21/526547c60ab740be2a8b456e.html

http://www.rollingstone.com/music/news/brian-jones-in-jail-stones-album-delayed-19671123

http://blog.bathroomwall.com/brian-jones-of-the-rolling-stones-dies-in-his-swimming-pool/

4 comentarios en “Brian Jones: like a Rolling Stone”

  1. Excelente artículo lay, cada vez se desenreda un poco más la telaraña de engaños, mentiras, corrupción y muerte, de la cual ésta hecha el mundo del espectáculo.

  2. Conocía extrañas circunstancias de la muerte de Brian, pero no tenía ni la más mínima idea del trasfondo del asunto. La historia de los Stones me ha dejado boquiabierto. Escalofriado!

    1. Muy propio de George ese entendimiento y esa compasión. Es verdad que tenían algunos puntos en común y es muy bonito lo que cuenta (en la descripción del video) de cómo Brian comenzó a tocar su sitar. Probablemente George intuía lo que había habido detrás de Jones. El tema «All things must pass» queda muy apropiado aquí, con las imágenes de Brian, puesto que su significado siempre fue el de despedirse de alguien que se había marchado de forma imprevista, dejándolos desolados. Sólo que en este caso ese alguien era otro… Un abrazo, Mauricio.

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