Eagles: Hotel California

Nos han preguntado un millón de veces, «¿qué significa esta canción?» Don y yo éramos muy fans de los significados ocultos y profundos. Ya sabes: escribes canciones, las lanzas al mundo, y quizá en algún lugar de esa canción hay algo intrínsecamente tuyo. Que nadie va a descubrir.
Glenn Frey

 



 California, tierra de sueños

 

Once de la noche. El ruido del motor de Gladys, caliente y quejumbroso por los más de 3700 kilómetros de viaje que había soportado desde Detroit, rompía el denso silencio del desierto.

Glenn giró la llave en el contacto. El motor se detuvo, aliviado. Las luces largas del Chevrolet dejaron de iluminar la carretera. Pero no hubo oscuridad. Hacía ya una hora que se percibía el resplandor de energía producido por los cientos de millones de luces de colores de Hollywood. Por fin había llegado.

Salió del coche y caminó unos pasos. Aspiró profundamente, tratando de distinguir el sinfín de aromas nuevos que le llegaban. Miró hacia ambos lados, aquella vegetación que jamás había visto, ¡palmeras! Sintió como si le estallara la cabeza. Era como un sueño hecho realidad.

Pero por asombrosas que le parecieran estas sensaciones, no eran en absoluto únicas. Cuántos otros jóvenes, antes que él, no habrían experimentado lo mismo cuando vislumbraron por primera vez, allá en el horizonte, la ciudad del éxito.

La casualidad (o el destino para quien crea en él) haría que poco después su camino se cruzara con uno de ellos. Un chico llamado Don, de su misma edad, proveniente de Texas, con quien compartía los mismos proyectos e inquietudes. También tenían los mismos gustos musicales, a pesar de que Glenn venía de la ciudad de la Motown donde, en sus propias palabras, «el ritmo es diferente, más duro, propio de un sitio en el que mother es la mitad de una palabra».

Pero para ambos había habido un punto de inflexión, un momento mágico que había hecho que aquel sueño de hacerse músicos se convirtiera en un motivo de lucha: la primera vez que vieron actuar a los Beatles. Glenn pudo escucharles en directo, en el Olympia Stadium de Detroit.

 

 

Don tuvo que conformarse con sentarse frente al televisor en el salón de la casa de sus padres. Quizá por ello el impacto para él fue mayor: aún resultaban más lejanos, más inalcanzables.

Años dedicándose a golpetear los cuadernos del colegio con los lápices, hasta que decidió colarse a hurtadillas en el almacén del coro del instituto para hacerse con un par de tambores abandonados. Ese día en el que su madre le dijo: «monta en el coche, te voy a llevar a la ciudad para comprarte algo». Y volvió unas horas más tarde con una batería completa marca Slingerland. De color rojo, flamante.

Que sería la que luego cargaría en la furgoneta el día en que se despidió de su familia y amigos y se embarcó en un viaje con su banda, los Shiloh.

Y mientras conducía, tratando de abstraerse del jolgorio que estaban organizando sus compañeros en la parte de atrás, todas aquellas imágenes empezaron a llenar su mente, esa grandilocuente propaganda que había visto durante años: las estrellas de cine, Hollywood Boulevard, el sol, las playas, los bikinis. Imaginándose, emocionado, el momento en que estuviera allí, todos los caminos abiertos, miles de oportunidades esperándole.

Entonces lo vio, unos metros más adelante. Un cartel con letras blancas sobre fondo azul que decían:

Bienvenidos a Los Angeles

 

Coincidieron trabajando para la misma firma, Amo Records, una discográfica independiente y muy humilde gestionada por Jimmy Bowen que durante el tiempo que duró, de 1968 a 1971, publicó más singles que LPs.

Se cayeron bien en seguida. Hablaban de sus grupos favoritos, del trabajo de sus padres (peones en fábricas de automoción, una profesión con escasa proyección de la que ambos habían salido huyendo) y de los pasos que iban dando tratando de entrar en la industria.

Ninguno de los dos estaba teniendo éxito. Intentando no caer en la desesperación, actuaban en pubs y pequeñas salas. Atisbando entre el público en busca de algún cazatalentos que les diera el espaldarazo definitivo.

Era una calurosa noche de junio. John Boylan pasaba su mirada por el salón del pub Troubadour. Era el mánager de Linda Ronstadt. La había descubierto hacía poco y en seguida había visto un filón en su poderosa voz y su estilo rompedor. Quería organizarle una gira y buscaba músicos que la acompañaran. Sus ojos se detuvieron en un joven que miraba el concierto sentado en una mesa alejada, casi en la esquina del local. Lo recordaba de haberlo visto tocando en el Ash Grove. La banda no le había llamado la atención, pero él sí: no sólo se defendía con la guitarra, sino que también sabía cantar. Justo lo que necesitaba.

Se acercó a él, tomó asiento y pidió una copa. Se preparó para exponer sus mejores argumentos, no estaba seguro de que si le interesarían las condiciones; no todos los músicos están dispuestos a jugársela comprometiendo varios meses de su vida como comparsa de una cantante novata.

-No puedo prometerte un gran sueldo -decía-, no sabemos cómo irán las ventas. Tendrías que cancelar todos los bolos que tengas programados hasta septiembre, quizá tu grupo te ponga problemas.

Glenn escuchaba sin decir nada. Esperó a que Boylan terminara de hablar y le preguntó:

-¿Podría adelantarme algo de dinero ahora?

Boylan guardó silencio unos segundos. Bajó la mirada para disimular su expresión de triunfo, metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó un billete de 50 dólares.

-Tal vez -lo depositó sobre la mesa y lo empujó para acercárselo -conozcas a un buen batería que también cante.

 

Asylum

 

Así fue como nació el segundo dúo de compositores más importante de la historia después de Lennon/McCartney. No llevaban ni dos meses de gira cuando le comunicaron a John su decisión de abandonar la gira. Habían decidido volar solos.

Ni Boylan ni Linda se mostraron enfadados, fueron comprensivos e incluso los ayudaron, presentándoles otros músicos que pudieran completar la formación. Estos fueron el guitarrista Bernie Leadon y el bajista Randy Meisner.

A Glenn le encantaban los Byrds, durante mucho tiempo había soñado con ser como ellos. Pero con su banda recién formada se sentía pletórico. No, no se conformarían con ser pájaros, tenían que aspirar a algo más. Serían águilas.

Llenos de esperanza y ambición, comenzaron a luchar con más ahínco para darse a conocer. Desde que habían llegado a California no habían encontrado más que buenas personas, buenos deseos, buenos consejos y mucho apoyo. ¿Por qué iba a dejar de ser así a partir de ahora?

Por eso confiaron en la recomendación de su gran amigo, Jackson Browne, que trabajaba por aquel entonces para la discográfica Asylum. Una firma que buscaba artistas noveles que demostraran potencial y los acogía para ayudarles a alcanzar la fama.

Asylum significa «refugio», «asilo», aunque también se utiliza como eufemismo de «centro psiquiátrico». Bienvenidos al refugio. Donde el productor, David Geffen, estaba esperándoles.

Él mismo eligió ese nombre cuando la fundó en 1970. Porque estaba destinada a jóvenes que no habían tenido suerte y estaban desesperados por firmar con quien fuera.

Pero vayamos un poco más atrás. ¿Qué hace falta para que un simple chico de los recados, sin formación ni experiencia, pase en apenas un par de años a convertirse en mánager de grandes artistas y codearse con músicos de la talla de Janis Joplin?

Geffen había nacido en Brooklyn, hijo de una tendera y un fabricante de telas, ambos de origen humilde. Se matriculó en la Universidad de Texas, pero apenas duró seis meses. Luego lo intentó en el Brooklyn College, que también abandonó al poco tiempo. Fue entonces cuando se desplazó a Los Angeles, se matriculó en Santa Monica College… Y lo acabó dejando.

Viendo que el ámbito académico no era lo suyo, decidió buscar trabajo. Consiguió un empleo como recadero en la agencia de talentos William Morris. Se encargaba de repartir el correo en un carrito. En seguida se dio cuenta de que quería convertirse en mánager y productor de artistas. O tal vez alguien vio en él las características idóneas para desempeñar ese rol y se lo sugirió. El caso es que se dispuso a optar a un ascenso en la compañía.

Pero para ello era indispensable tener un título universitario. Un pequeño detalle sin importancia para alguien con ingenio y pocos escrúpulos. Le dijo al encargado de selección que tenía un graduado en la Universidad de California, sabiendo que este escribiría al decanato para solicitar un certificado que lo confirmara. Pero él trabajaba en el departamento de recepción y entrega de correspondencia, así que interceptó la respuesta de la UCLA (en la cual les decían que no constaba el nombre David Geffen en sus archivos), manipuló el texto y lo convirtió en una confirmación de su graduación en dicha institución.

No tenía titulación académica, pero al parecer sí contaba con las habilidades necesarias como para falsificar un certificado oficial y hacerlo pasar por verdadero.

Poco tiempo después, tras haber logrado algo de éxito al lanzar al estrellato al grupo Crosby, Stills and Nash, Geffen parecía haber ahorrado lo suficiente como para crear su propia compañía.

Con los años acabaría convirtiéndose en un icono del sueño americano.

Volvamos a nuestros Eagles, ansiosos por seguir escalando en la industria, con un montón de letras y melodías bullendo en su cabeza. Un buen samaritano regentando una discográfica que, sin apenas conocer su trabajo, estaba dispuesto a jugársela por ellos.

Y así llegamos al primer álbum. Viajaron a Londres para las grabaciones. ¡Ellos, que nunca habían salido de Estados Unidos! Y no sólo eso, sino que el ingeniero encargado de producirlo era nada más y nada menos que Glyn Johns, que había trabajado con los Beatles. ¡Los Beatles!

Era un gran álbum, que empezaba con la que poco después se definiría como «la mejor canción de country moderno de la historia». Aquel grupo prometía, Geffen no se había equivocado. Fue entonces cuando surgió el primer encontronazo.

Sólo faltaba el diseño de la portada, a la cual le dieron muchas vueltas. Habían elegido como nombre simplemente «Eagles». Era una forma de presentarse ante el público antes de que compraran el disco, la imagen que querían transmitir: su estilo, el tipo de música que hacían.

Decidieron pasar un par de días en el desierto en compañía del fotógrafo, que les hizo decenas de fotos tratando de plasmar un momento concreto, el que habría de convertirse en la portada.

Era ya el anochecer. Estaban sentados alrededor del fuego, bebiendo y riendo, cuando de repente Don gritó: «¡Un águila!» Allí estaba: inmensa, con sus grandes alas extendidas. Todos la contemplaban en silencio. Y entonces el ave miró hacia abajo. Glenn entornó los ojos: sería por el whiskey, pero le pareció que se reía de ellos. Como si dijera: «Así que Eagles, ¿eh?»

Fue un instante mágico. Los indios nativos consideraban a las águilas como dioses mensajeros. No necesitaban más. Ya tenían la idea.

Gary Burden, el diseñador de la compañía, les propuso convertir la foto en un gatefold, una carátula exterior doble que al desplegarla se convirtiera en un póster.

Quedaron entusiasmados. No veían el momento de verlo terminado.

El primero en hacerlo fue Don. Le había pedido a Gary que le hiciera llegar un ejemplar en cuanto estuviera listo. Lo cogió con manos temblorosas. La portada mostraba el águila en lo alto, volando con las alas extendidas y el nombre escrito dentro. El cielo azul oscuro y abajo unos cactus. En la contraportada más cielo y abajo más cactus.

Lo abrió, ahí estaban ellos, la imagen boca abajo, como debía ser para poder abrirlo y ver la foto completa. Intentó desplegarlo, pero no pudo. La foto había sido impresa directamente en la otra cara del cartón.

 

Entró en el despacho de Gary como una exhalación.

-Esta funda está defectuosa -dijo -el póster no se abre.

Burden soltó un suspiro.

-No está defectuosa, han salido todos los álbumes así.

-¿Pero qué dices? -exclamó Don – ¿Cómo se va a quedar esto así? Se nos ve al revés, si no se despliega la gente no va a entender nada, es ridículo, vamos a quedar como unos imbéciles.

-Traté de explicárselo a David, pero pensó que era un gasto innecesario para un primer álbum -lo miró con ojos compasivos -. Él es el que paga, Don.

Lo mismo le dijeron sus compañeros cuando les expuso lo sucedido. Glenn, más práctico y sabiendo que discutir con Geffen no serviría de nada, le hizo ver que no era cuestión de arriesgarlo todo sólo por una foto.

De manera que Don tuvo que tragarse su orgullo.

No sería la última vez.

El segundo álbum se llamó «Desperado», lleno también de grandes canciones, muy bien recibido por la crítica. Empezó a llegar el dinero, royalties de las ventas, conciertos cada vez más concurridos con entradas más caras que la gente estaba dispuesta a pagar.

Decenas de fans, la mayoría chicas guapísimas, agolpándose en torno a ellos pidiendo autógrafos. Organizaban fiestas hasta el amanecer. Fiestas en las que siempre había alcohol y drogas.

Todas las drogas son engañosas, pero la cocaína lo es especialmente. No produce adicción física, sino psicológica. Creían que la controlaban porque la consideraban un instrumento: para despejarse y aguantar las maratonianas sesiones de grabación. Fue así como perdieron a Glyn Johns.

Johns no sólo había trabajado con los Beatles. También había producido a los Stones, a Led Zeppelin, a los Who, entre otros muchos. Había acabado harto de ver drogas y había decidido que no permitiría que ninguno de los artistas con los que trabajara las tomaran en el estudio.

Ya se había encargado de dejarles claro este punto a los Eagles desde el principio. Y en aquel momento no hubo problema. Pero en mitad de la grabación del tercer LP, «On the Border», la situación era ya tan extrema que les dio a elegir: «la coca o yo».

El álbum acabó siendo producido por Bill Szymczyk.

 

La sierra dorada

 

Lo primero que hizo Bill fue modificar todo lo que había hecho Glyn para la canción The Best of My Love. Era una de las preferidas de Glenn y Don. Ambos habían trabajado lo indecible en ella, a veces juntos, otras por separado, buscando los mejores arreglos, modificando la letra. Hasta que quedó perfecta y lista para ser lanzada como single.

Pero cuando la escucharon se quedaron estupefactos. Estaba cortada. Se había eliminado parte de la intro y una estrofa completa. Geffen había tomado la decisión de hacerla «más amigable para la radio» sin consultarles ni pedirles su aprobación.

Aquello para Don fue el colmo. Irrumpió hecho una furia en las oficinas de Asylum y les exigió que retirasen todos los ejemplares de las tiendas. Pero no hubo nada que hacer. David era el jefe. David pagaba.

Con todo, The Best of My Love era una canción magnífica, que acabó alcanzando el número uno en el top de USA, con más de un millón de copias vendidas. Eso les reportó el disco de oro y el máximo reconocimiento profesional que habían conseguido hasta la fecha.

Pero Don no estaba contento. Durante años había estado imaginando cómo sería eso, abrirse camino en la industria, llegar a tener éxito. Mientras lo visualizaba tenía siempre el mismo sentimiento: orgullo. Y sin embargo no estaba orgulloso, ni feliz. No renegaba de la fama, a todos nos gusta que se reconozca nuestro trabajo. Y era genial tener tanto dinero, y chicas, y acudir a fiestas donde todo el mundo quería acercarse a él. Pero deberían ser dueños de su obra y su destino, cuando en realidad otros decidían por ellos.

Y lo peor es que no podía hacer nada, había firmado un contrato, Asylum poseía los derechos de las canciones publicadas bajo su marca. Se sentía atrapado, como un payaso que no puede quitarse nunca el maquillaje.

Unos días después David Geffen recibió un paquete. No tenía remitente. Lo abrió, para encontrase con un disco de oro cortado por la mitad, enmarcado en madera con una placa debajo que decía:

«El premio de la sierra dorada».

 

La decadencia

 

A pesar del éxito de ventas, la crítica no se mostró conforme con el resultado del álbum. Decían que era comercial y adecuado, con bastante calidad, pero no estaba al nivel de las canciones publicadas en «Desperado».

A ellos les dio igual, o eso intentaron creer. El ajetreo derivado del éxito no les permitía detenerse a pensar mucho. Tenían que componer más canciones para el siguiente álbum.
Cada vez se sentían más presionados por la discográfica.

Empezaron las discusiones. Glenn no comprendía las reticencias de sus compañeros. Le quitaba importancia a todo aquello que no fuera grabar, exasperando a los otros. A Don lo respetaba porque era su mejor amigo, pero con los demás no tenía tanta paciencia. Antes de que empezaran a grabar el álbum Bernie anunció que se marchaba. No podía más. La excusa oficial fue que prefería seguir centrado en la música country, ya que el grupo había girado a un estilo Rock más duro. Pero todos sabían que no estaba de acuerdo con Geffen. Prefería renunciar al éxito antes que a su integridad.

Don apenas podía reprimir las lágrimas mientras lo veía recoger sus cosas aquella tarde en el estudio. No era por la despedida en sí. Sabía que seguirían viéndose, que podrían colaborar juntos cuando quisieran. Bernie componía, tocaba la guitarra, era un buen músico, seguro que le iría bien. Pero él no podía abandonar los Eagles. Él y Glenn eran los Eagles. Habían luchado mucho por conseguir aquello. Tenía que quedarse.

Estaban en lo más alto y a la vez habían caído en un pozo profundo. Habían emprendido un declive en picado hacia la decadencia. No profesional, sino personal. Una vida vacía pero llena de gloria, billetes, sexo y muchas drogas, todas la que unas personas con un poder adquisitivo tan alto podían conseguir. Y que además les servían en bandeja. Parecía magia: siempre había droga en el estudio, a cualquier hora, en cualquier momento. Y alcohol, mucho alcohol.

No sólo se emborrachaban con el licor, sino también con los aplausos del público y las alabanzas de los críticos. Se convirtieron en yonkis, pero no de las drogas. Eran yonkis de la fama y de todo ese mundo del que no se puede salir indemne. Una vez que entras ya no hay escapatoria.

Comprendió entonces lo que era Asylum, por qué se centraba en muchachos jóvenes que no habían conseguido avanzar en la música. No sólo porque están dispuestos a firmar lo que sea, sino porque pertenecen a la clase baja o media-baja, sin ingresos, que malviven esperando una oportunidad. Y en el momento en que se ven rodeados de lujo pierden la cabeza, convirtiéndose en dependientes.

 

Hotel California

 

-¡Estás equivocado, Don! -Felder daba vueltas frenéticamente por la sala. Se detuvo un momento y le dirigió una mirada de súplica a su compañero -. No creo que este deba ser nuestro sencillo, no habrá forma de meterlo en la radio. Ya sabes las normas: se pasa de duración, la intro es muy larga… Vamos a tener problemas -. Hizo una pausa, esperando una respuesta que no llegó. Don lo miraba impasible -. A lo mejor podríamos sacarla como un corte para la FM, pero no como un sencillo.

Don aguardó unos segundos. Apuró su cigarro y lo aplastó contra el cenicero.

-No -su voz era pausada, pero firme-. Este va a ser nuestro sencillo.

Y lo fue. De nada sirvieron las protestas de Geffen, ni las presiones de la discográfica y las cadenas de radio. Por primera vez, Don se plantó. Y Glenn, por primera vez también en mucho tiempo, le apoyó.

Hotel California fue publicado como single el 22 de febrero de 1977, alcanzando el número uno en tres meses, donde se mantuvo varias semanas. En septiembre el LP ganó el premio Grammy al álbum del año. Pero la banda no acudió al show para recibirlo. Don se negó en redondo. Uno de los ingenieros del estudio, pensando que tal vez les interesaría verlo, les colocó un televisor en la sala de grabación mientras ensayaban. Ninguno de ellos se volvió a mirar el aparato más de dos minutos seguidos.

 

 

En una oscura carretera del desierto,
Viento frío en mi pelo,
Cálido aroma de marihuana
Elevándose por el aire.
Allá delante, en la distancia
Vi una luz resplandeciente,
Mi cabeza se volvía pesada
Y mi vista borrosa.
«Tengo que parar para pasar la noche».

Según diría Don Felder más tarde:

Cuando escribimos las letras intentamos que toquen múltiples sentidos, cosas que puedes ver, oler, saborear…

Don y Glenn siempre escribieron sobre sus propias vivencias. Lying Eyes, por ejemplo, surgió una noche en el restaurante Dan Tana’s. Estaban los dos cenando cuando vieron a una guapa muchacha junto a un hombre obeso, no muy agraciado físicamente y mucho más mayor que ella. «Mírala -había dicho Glenn -apenas puede ocultar esos ojos mentirosos».

Hotel California hablaba de todo lo que habían vivido desde que habían llegado allí. Y para contar la historia tenían que empezar por el principio.

Soledad, desesperación, un estado de búsqueda sin éxito.

Allí estaba ella, parada en la puerta.
Oí el timbre de la misión.
Y pensé «esto podría ser el cielo o podría ser el infierno».
Entonces ella encendió una vela y me enseñó el camino.

Esta fue una de las estrofas que provocó que mucha gente malinterpretara la canción. Qué frustración sintieron, porque el timbre de la misión no tenía que ver con iglesias, ni con Satán, ni con nada parecido. Era sólo un símbolo, un pálpito, una forma de describir la industria musical, que puede ser tanto el cielo como el infierno. O pasar de uno a otro en poco tiempo.

Había voces al final del corredor,
Pensé que las oía decir:

«Bienvenido al Hotel California,
Qué lugar tan adorable,
Qué aspecto tan adorable.
Muchas habitaciones en el Hotel California
En cualquier época del año, lo encontrarás aquí».

Su mente está enloquecida por Tiffany, ella tiene un Mercedes-Benz.
Tiene muchos chicos guapos, que ella llama amigos.
Cómo bailan en el patio, dulce sudor de verano.
Algunos bailan para recordar, otros para olvidar.

La tentación y el peligro del materialismo: las joyas, los coches caros. La ambición que nubla la mente, la distorsiona.

Entonces llamé al Capitán:
«Por favor, tráigame vino».
Él dijo: «No hemos tenido esa bebida aquí desde 1969».

Y esas voces todavía me llaman desde la distancia,
Te despiertas en medio de la noche para oírlas decir:

«Bienvenido al Hotel California,
Qué lugar tan adorable,
Qué aspecto tan adorable.
Ellos se desmadran en el Hotel California,
Qué linda sorpresa, prepara tu coartada».

Vivir en un mundo como ese, dejándose llevar por el extravagante modo de vida de las estrellas del rock, supone perder la propia esencia. Pero hay que afrontarlo, buscarse una excusa, porque el «yo» real es sólo un solitario y miserable adicto a las drogas tratando de buscar sentido a su vida. Y los demás no pueden saberlo. Los fans no compran discos de perdedores. No te puedes quitar el maquillaje nunca. Tienes que conseguir una coartada.

Espejos en el techo,
Champán rosa en hielo,
Y ella dijo: «Todos nosotros somos prisioneros aquí,
De nuestras propias estratagemas».
Y en los aposentos del maestro,
Se reunieron para el banquete.
Le apuñalaron con sus cuchillos de acero,
Pero, simplemente, ellos no pueden matar a la bestia.

Conforme vayamos adentrándonos en la investigación de la conspiración en la industria musical encontraremos muchos culpables: podríamos empezar citando a Timothy Leary o a Terry Melcher, que animaban a los jóvenes a tomar el LSD durante los festivales y convencieron a todo el mundo de lo maravilloso que era. Los mánagers, que manipulaban a los artistas a su antojo valiéndose de la confianza que estos habían depositado en ellos. Tenemos a los servicios secretos, responsables de la mayoría de las muertes «en extrañas circunstancias». Está también el ejército, poniendo personal, maquinaria y tecnología al servicio de la causa. Y por supuesto están los que tiran de los hilos allá arriba, llamémosles la élite o el poder en la sombra.

Pero nadie obligó a ningún artista a tomar la droga. Nadie los ató a una silla, les puso un bolígrafo en la mano y les amenazó para que firmaran los contratos. Ellos acudían a las discográficas atraídos por el deseo de dinero y fama. ¿Es mejor conducir un coche viejo y destartalado que un deportivo último modelo?

Se aprovecharon de las debilidades de los músicos, las explotaron y las usaron para su propio interés. Estamos hablando de un instinto, un impulso al que pocos pueden resistirse. Cuanto más tienes, más quieres. No se puede luchar contra la naturaleza humana. Por más que la apuñales, no puedes matar a la bestia.

Lo magistral de la estrofa consiste en haber introducido esta idea junto a una divertida referencia a la banda Steely Dan. Compartían el mismo mánager y tenían una rivalidad amistosa. El año anterior ellos habían incluido la línea «Turn up the Eagles, the neighbors are listening» en su canción Everything You Did y decidieron devolverles el guiño.

Lo último que recuerdo
Es que estaba corriendo hacia la puerta.
Tenía que encontrar el pasillo de vuelta
Al lugar donde estaba antes.
«Tranquilícese», dijo el hombre de la noche, «estamos programados para recibir. Usted puede hacer el check out en el momento que quiera, pero nunca podrá salir».

La expresión «Check Out» se utiliza, en jerga, como sinónimo de defunción. También significa abandonar un lugar o una situación negativa que causa frustración y desesperanza. Es un increíble juego de palabras.


Tras la gira de Hotel California Randy Meisner abandonó la formación. Había sucumbido a la presión. De todos, era el que peor había llevado siempre los inconvenientes de la fama. Era muy tímido, odiaba llamar la atención. Sufría mucho cuando le tocaba interpretar algún tema como voz solista, pensando que en cualquier momento sus cuerdas vocales iban a traicionarle. Deseaba descansar y pasar tiempo con su familia.

Finalizado el tour los Eagles se metieron en el estudio. Pero la banda ya no saldría de allí. Durante los casi tres años que les costó grabar su sexto álbum, «The Long Run», la relación entre ellos terminó de desmoronarse. Iban al estudio por obligación, como quien va a la escuela o al trabajo sin ganas. Había discusiones casi a diario. Incluso la amistad de Glenn y Don se resintió.

Este último, por cierto, no se pudo resistir a dedicarle una bonita canción al que consideraba su gran benefactor. En ella lo llamaba «King Of Hollywood», un representante de artistas sin escrúpulos.

Después de ello se embarcó en una encarnizada lucha judicial por recuperar los derechos de las canciones de la banda. Su enemigo era un auténtico titán y peleó como tal, pero finalmente le ganaron a Geffen por la mano. Los Eagles volvían a ser dueños de su trabajo.

Don acabó convirtiéndose en defensor de los derechos de los músicos. Fue nombrado jefe de la Coalición de Artistas de Grabación. Fue así como testificó en el Comité del Senado de los Estados Unidos en 2001, denunciando las prácticas de las compañías discográficas y solicitando un cambio en la legislación. A día de hoy su lucha continúa.

Don sabía que los artistas eran víctimas de manipulación, y sabía también hacia dónde apuntar. Los Eagles no llegaron a sufrir lo mismo que les sucedió a Jim Morrison, a Jimmy Hendrix y a muchos otros. Pero en su canción Hotel California están describiendo el caldo de cultivo en el que se gestó toda esta trama. Es la base, el punto de partida.

¿Y qué fue de David Geffen? Siguió cosechando éxitos y amasando su fortuna hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de Estados Unidos. Es admirado y respetado, ya que se le considera un gran empresario con una increíble visión de negocios. Sabe cuándo y con quién invertir. Nunca pierde.

Un ejemplo de ello lo tenemos en el álbum de John Lennon, «Double Fantasy». Accedió a producirlo sin haberlo escuchado siquiera. Fue publicado el 17 de noviembre de 1980. Tres semanas después Lennon moría tiroteado en la puerta del Dakota. «Double Fantasy» alcanzó inmediatamente el número 1 en varios países. Llegaron a venderse más de ocho millones de copias.

David Geffen había sido el único que se había atrevido a entregarle a Yoko un millón de dólares por adelantado por el álbum. Arriesgó mucho, pero acertó.

Aquella fatídica noche del ocho de diciembre Geffen estaba en su apartamento. Según contó más tarde, recibió una llamada «anónima» informándole de la muerte de Lennon, cuando apenas acababan de meterle en el coche para llevarle al hospital.

Todos recordamos esta fotografía de Yoko desolada a la puerta del Roosevelt Hospital, ¿verdad? El hombre que la sujeta es David Geffen.

Pero esa es otra historia…

 

Lady Ruth

Dedicado a Glenn Frey, fallecido el 18 de enero de 2016.

 

Ha habido siempre una especie de ridícula especulación sobre esta canción a lo largo de los años. Ha formado toda una mitología por sí misma, quiero decir: es algo así como lo de «Paul is Dead» o quién era la morsa.
Don Henley

 



8 comentarios en “Eagles: Hotel California”

  1. Me ha gustado mucho, no podía parar de leerlo. Es una forma de contar la historia de los músicos de una forma muy sentida y real, así se entiende mejor por qué algunos grupos se comportan y reaccionan como lo hacen. Y qué amor por los Eagles se nota.

    1. Hola Pep. No, no creo que esta canción trate para nada de satanismo, tal y como indico en el artículo, en los comentarios de la letra. Hablan de algo más terrenal: la decadencia de los artistas en primer plano y, de una forma más sutil, de la manipulación de la industria. No digo que en algún momento no haya que entrar en ese tema, porque es algo que es inevitable reconocer que está ahí (el caso de Aleister Crowley y sus seguidores, algunos de los cuales estaban en mi lista de implicados en la trama del LSD), pero no es este el caso.

      Saludos y gracias por tu comentario.

      1. Gracias por tus respuestas.
        Esto es lo que, mas o menos cuenta Rafael Palacios en su libro «El asesinato de la música». Supongo que ya lo leíste.
        Lo que me estraña de este libro es que Rafael no cuente nada referente a Paul/Faul y su supuesta sustitución. Sin embargo si hace detalle de todo la manipulación, MK ultra, por parte de las élites.
        Estoy esperando recibir 2 ejemplares del tuyo que compré esta semana para descubrir más interesantes detalles del caso PID.
        Un abrazo

  2. Fenomenal articulo, Lay. Enhorabuena. Leyendolo recorde haber leido algo acerca de que el nombre de John Lennon se mencionaba en backwards en esta cancion, asi como otras curiosidades acerca del Beverly Hills Hotel.(Ignoro si estos comentarios contienen algo de verdad.) Adjunto a continuacion un enlace que hace referencia a este tema, por si lo estimas de interes.

  3. Me impactó la última estrofa de la canción: La frase «Check Out» ha de referirse a morir, ya que en el otro contexto me suena como una contradicción. Qué interesante juego de palabras!

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