Alan «Búho Ciego» Wilson, un asesinato bajo las estrellas

Muerto el 3 de septiembre de 1970, causa oficial: sobredosis de barbitúricos. Pero el resultado de la autopsia demostraba que en su cuerpo no había una dosis alta de barbitúricos. ¿Qué le pasó en realidad a Alan Wilson?



Alan terminó de subir la colina y aspiró profundamente, deleitándose con el sinfín de aromas que le rodeaban: hierba, árboles, musgo… Incluso creyó distinguir un toque de salitre, a pesar de que la distancia que le separaba del Pacífico era allí considerable. Qué distinto del ambiente cargado y lleno de humo de los locales donde solían tocar y que cada vez aborrecía más. Echó un vistazo a su alrededor, buscando el lugar idóneo donde montar su exiguo campamento, consistente tan sólo en un saco de dormir y un recipiente de plástico con algunas sobras para la cena. Tuvo que hacer un esfuerzo, pues ya era noche cerrada y la oscuridad no ayudaba a su pobre vista de miope.

Al fin lo vio, a su derecha, un nutrido grupo de árboles, encinas en su mayoría.

Desenrolló el saco de dormir y se sentó en el suelo para dar cuenta de la comida. Metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón y sacó una bolsa de plástico con seis pastillas de Seconal, el medicamento que utilizaba para combatir el insomnio. Cogió dos y guardó el resto de nuevo.

La noche estaba cálida, lo normal a finales de verano en Los Angeles, así que decidió dormir desnudo. Se quitó la ropa, la dejó apilada a un lado y se metió en el saco. Miró hacia arriba y contempló extasiado los miles de estrellas que fulguraban sobre él en un cielo tan claro que permitía distinguir los cúmulos y las nebulosas. Suspiró, aquello no tenía precio.

Trató de concentrarse en los sonidos, la ligera brisa hacía mover las copas de los árboles, quizá esa noche volvieran a enviarle algún mensaje. A lo lejos oyó ulular a un búho. Sonrió y cerró los ojos.

Ya no volvería a abrirlos más.


ALAN WILSON

Nota previa:

Antes de empezar, quisiera recomendar el siguiente tema como banda sonora, que nos ayudará a hacernos a la idea del gran músico que perdió el mundo el 3 de septiembre de 1970, algo que se puede apreciar tan sólo escuchando la armónica:

Alan Christie Wilson nació el 4 de julio de 1943 en Massachusetts. Su padre, John, era electricista, y su madre, Shirley, era una ama de casa con una gran afición por el arte y la música.

Cuando Alan tenía tres años el matrimonio se divorció y John se llevó al niño con él. Volvió a casarse al poco tiempo con una mujer llamada Bárbara, con quien Alan se llevaba muy bien, aunque seguía manteniendo contacto con su madre.

Ya desde la escuela el pequeño Alan demostró no ser como los demás. Todavía no se había despertado su interés por la música, pero demostraba un profundo amor por la naturaleza. Era capaz de pasar horas observando el cielo, hasta que, con los años, acabó desarrollando una impresionante habilidad para predecir el clima. Tal era así que su familia y vecinos, antes de hacer planes, le preguntaban qué tiempo iba a hacer. Pocas veces se equivocaba.

Barbara recuerda una curiosa anécdota, siendo él todavía muy niño. Iban caminando por la calle en uno de los peores inviernos que recordaban: todo estaba nevado y hacía un frío horroroso. De repente Alan se llevó las manos a los oídos y comenzó a llorar.

-¿Qué te pasa? -le preguntó su madrastra.

-¡Los árboles! -gimió él -¡Puedo oírlos, están llorando!

Las bajas temperaturas habían congelado los árboles, provocando la rotura de numerosas ramas que crujían y caían al suelo con gran estrépito.

Alan sufría una importante miopía que le obligaba a llevar gafas de gruesos cristales. Era un muchacho muy inteligente, destacando por encima de los demás. No solía compartir la compañía de chavales de su edad, que se burlaban de él tachándolo de «gafotas» y «rarito». Todo esto, sin duda, acrecentó su introversión y su afición por la naturaleza. También, debido a esto, a menudo solía prescindir de las gafas, aunque fuera a costa de no ver nada.

Su falta de visión se compensaba con un sentido del oído extremadamente agudo. Poseía una habilidad llamada «Oído Absoluto», que lo hacía capaz de percibir diminutos cambios en la velocidad y el tono de los sonidos, inaudibles para la mayor parte de las personas.

Esto, indefectiblemente, le acabaría llevando a la música. Siendo adolescente comenzó a experimentar con distintos instrumentos. A la edad de dieciocho años podía duplicar cualquier melodía de un disco escuchándola sólo una vez y escogiendo el instrumento apropiado.

Entró a formar parte de la banda del instituto, lo cual fue todo un alivio para él, al menos había un lugar donde se encontraba cómodo y era respetado.

En 1961 se matriculó en la Universidad de Boston, aunque sólo duró seis meses. Según su padre, solía corregir a los profesores en clase, lo cual no encajaba con su sistema académico. Mientras estuvo allí se unió a la Orden de Molay, una organización fraternal que practicaba la meditación para «serenar la mente y conseguir atención plena en las actividades diarias». Se trata de un grupo muy criticado por su carácter discreto. Algunos han llegado a catalogarlos como «el jardín de los niños del satanismo», una forma exagerada de llamar la atención sobre el hecho que muchos de sus miembros han llegado a ocupar puestos notables en gobiernos y diversas instituciones.

Cómo fue a parar allí Alan y qué hizo durante el tiempo que estuvo con ellos, es un misterio. Pero habremos de deducir que se desencantó pronto, puesto que no hay reporte alguno de que mantuviera lazos con el grupo más allá de su época de estudiante. Se trata de una orden destinada únicamente a jóvenes que, después de salir de allí, presumiblemente pasan a manos de otros…

Otra de las características de Alan era su inocencia. No pocas veces sería engañado y traicionado sin que ello supusiera ningún cambio en su carácter, que jamás se tornó malicioso o resabiado. Una vez, durante un viaje a Nueva York, un ladrón le robó su nueva y flamante guitarra marca «National». Tan sólo tuvo que pedirle que le dejara sujetarla un momento, tras lo cual echó a correr con ella en las manos. Alan tardó varios minutos en reaccionar para acabar llorando desconsoladamente.

Sensible, confiado, soñador y gran amante de la naturaleza. Por otra parte, ansioso, inseguro y pesimista. Este es el chico que acabaría formando una de las bandas de blues más famosas de los años sesenta.

 

CANNED HEAT

La vida de Alan cambiaría radicalmente el día en que conoció al guitarrista John Fahey, que sería uno de los pocos amigos verdaderos que tendría. Fahey llevaba ya una importante carrera musical a sus espaldas y se quedó impresionado por las dotes de Wilson, así que le propuso acompañarle a Los Angeles, donde encontraría más oportunidades.

John Fahey

Con la emoción y las prisas de preparar el viaje, Alan se olvidó las gafas en casa y no se dio cuenta hasta que no estaban en la carretera. No hacía más que entornar los ojos tratando de distinguir algo del paisaje, lo que hacía reír a Fahey. Fue en ese momento cuando surgió el mote de «Blind Al», que derivó en «Blind Owl».

Fahey ya tenía un título en Filosofía, pero su interés por la música le había llevado a cursar un máster de música popular en la UCLA. Para su tesis final sobre Charley Patton solicitó la ayuda de Alan, que acabó siendo una parte fundamental en la misma. El trabajo llegó a ser publicado por la revista especializada «Studio Vista».

Y fue en este momento, al amparo de la UCLA, cuando Alan comenzó a usar drogas psicodélicas. Así nos lo cuenta Fahey:

Empezó a tomar ácido como unos tres o cuatro meses después de que llegáramos allí. Se quedó despierto toda la noche y después, por la mañana, apareció por la Universidad como si nada.

Tal vez fuera para encontrarse con alguno de aquellos «extraños gurús» no identificados con quien se codeaba por allí, según algunos testimonios, y que le imbuyeron de ideas psicodélicas teñidas de filosóficas. Gente que le recomendó visitar Laurel Canyon, el feudo de un personaje siniestro e implicado en la trama del LSD en USA de quien tendremos que hablar muy pronto: Frank Zappa.

También misteriosas eran las parejas que tuvo Alan por aquel tiempo, que aparecían y desaparecían de su vida tan rápido que ninguno de sus conocidos, hoy en día, es capaz de proporcionar siquiera el nombre de pila de una sola de ellas.

Pronto Al descubriría una utilidad adicional al LSD: su capacidad para distorsionar los colores y engrandecer las imágenes le permitían apreciar mejor los detalles de la naturaleza. Podía pasar horas analizando las rugosidades en los troncos de los árboles o los intrincados dibujos de las hojas. Para ello solía frecuentar la parte de atrás de la casa que otro músico conocido suyo, Dave Evans, compartía con su novia Marina Bokeman. Marina, por cierto, era una gran amiga de Franz Zappa, se conocían desde el instituto.

Bob «El Oso» Hite

El segundo hito en la vida de Al fue cuando Fahey le presentó a Bob «The Bear» Hite, con quien mantendría una cercana, pero a la vez turbulenta relación de amistad. Bob era todo lo contrario que Alan: ni con todo lo grande que era le cabía el ego en el cuerpo. Era histriónico y ruidoso, le encantaba ser el centro de atención. Abusaba de la comida, el sexo y cualquier sustancia que le alterase la mente. El punto de unión entre ambos fue su amor por el Blues.

Hite conocía a un buen guitarrista, Henry Vestine, apodado «Sunflower», a quien le pidió que se uniera a ellos para formar una banda. Se da la circunstancia de que Vestine había pertenecido a The Mother of Invention, el grupo de Frank Zappa (sí, otra vez él).

Le siguió Larry «The Mole» Taylor, exbajista del grupo prefabricado The Monkeys, y completó la formación el batería Frank Cook, que fue sustituido finalmente por el mexicano Adolfo «Fito» de la Parra.

Fue Alan quien decidió el nombre para la banda, basándose en una canción de Tommy Johnson. Trata de un alcohólico que empieza a beber «Sterno», un combustible compuesto de etanol creado para que ardiera en la misma lata en la que se vendía, aunque Al se encargó de aclarar que no trataba tanto de la historia del alcohólico como del producto en sí:

Me gusta porque tiene mucho que ver con la energía potencial, como el temor a una explosión inminente.

Los Canned Heat al completo. De izquierda a derecha, Larry Taylor, Henry Vestine, Bob Hite (que siempre solía colocarse delante en las fotos), Alan Wilson y Fito de la Parra.

En el verano de 1966 los Canned Heat tuvieron su primera oportunidad de grabar en estudio. Fue a través de un importante músico de Rhythm and Blues, Johnny Otis. Grabaron una demo y la enviaron a varias discográficas: Verve, Elektra y United Artists, pero todas ellas los rechazaron. Aquello supuso una gran desilusión para Alan, que no comprendía cómo haciendo tan buena música nadie quería contratarlos. Así se expresaba en una carta escrita a Dave Evans un poco después:

Conmigo, tú pierdes. Como banda estamos, probablemente, acabados. Estoy asustado, no tengo futuro ni dinero y no parece haber ninguna oportunidad para mí.

Alan tendía al pesimismo, pero en este caso no exageraba: su situación era desesperada. Malvivían con apenas unos dólares y la ayuda de algunos amigos. Parecía que su final iba a ser el de tantos otros artistas noveles que habían ido a Los Angeles con la esperanza de abrirse camino y al final no lograban nada.

Tanto fue así que, durante unos meses, el grupo se separó. Pero a finales de ese año iban a tener la suerte (o la desgracia, según se mire) de toparse con un importante cazatalentos.

 

SKIP TAYLOR

Taylor trabajaba para la conocida agencia William Morris, la misma donde había empezado su ascendente carrera un viejo conocido nuestro: el siniestro David Geffen. Se hace imprescindible ahora recordar lo que sabemos de este personaje repasando el artículo sobre los Eagles y Hotel California.

De hecho, Geffen y Taylor se conocían, tanto que incluso se permitieron el honor de «rifarse» a las dos bandas que acababan de ser descubiertas en Los Angeles: Canned Heat y los Doors. Geffen siempre ha tenido buen «olfato» para encontrar artistas con potencial, puesto que, además de estos, también fue mentor de Janis Joplin. Qué casualidad, en los tres hay un miembro del club de los 27.

A Taylor «le tocaron» los Canned Heat. Nada más firmar con ellos realizó dos movimientos: el primero, conseguirles un contrato con la discográfica Liberty Records y concertar una cita para la primera grabación, en mayo del 67. La segunda, inscribirlos para participar en el Festival de Monterey que se celebraría entre el 16 y el 18 de junio. Os remito a este artículo para descubrir qué oscuro objetivo tenía en realidad dicho evento.

Interesante, ¿verdad? Tanto como el hecho de que Taylor hubiera dado la orden a la discográfica de hacer coincidir la publicación de su primer single con la celebración del festival.


LA TRAMPA

Denver, otoño de 1967, los Canned Heat acaban de terminar uno de los conciertos programados dentro de su primera gira nacional. Aquella noche la banda se alojaba en el Hotel Rancho Maron.

Bob Hite había organizado una de sus conocidas fiestas, a la cual asistió un antiguo colega suyo sin ser invitado. «El Oso» hacía gala de ser un gran anfitrión, por lo que, a pesar de ello, le dio una calurosa bienvenida. Lo que no sabía Hite es que el motivo de su visita era algo más que rememorar viejas andanzas: en el tiempo que llevaban sin verse, su amigo se había unido a la policía local dentro del departamento de narcóticos. No estaba allí para tomarse unas copas, sino en misión especial: como parte de una operación mayor dirigida a, según reporte oficial, «ciertos negocios e individuos», el agente colocó drogas en la habitación de Bob, escondidas bajo el cojín de una silla.

Poco después varios agentes de uniforme aparecieron de improviso, fueron directamente al lugar donde -sabían- estaban las drogas y detuvieron a todo el mundo.

A todos menos a Alan: por suerte para él, su falta de interés por las relaciones sociales lo había llevado a pernoctar fuera del hotel, en un campo cercano.

Pero de poco le sirvió: él no estaba encarcelado, pero sí el resto de su grupo, que en aquel momento no disponía de dinero para contratar abogados que los sacaran de prisión.

Entonces apareció «el salvador», Skip Taylor, que tuvo una ocurrencia genial: negoció con la discográfica, vendiendo todos los derechos de autor de Canned Heat, presentes y futuros, a cambio de 10.000 dólares. Con eso se pudo organizar una buena defensa, que sin embargo no habría hecho falta, puesto que el juez fue extraña y sorprendentemente benevolente, rebajando su condena a una multa que pudo ser a su vez abonada con el montante que quedaba del préstamo de Liberty.

Los Canned Heat se habían librado de la cárcel, pero sus miembros lamentarían durante toda su vida la pérdida de sus royalties, que habían sido más o menos forzados a entregar a cambio de su libertad.

Fue una maniobra redonda: la discográfica se quedaba con todas las ganancias del grupo, que además se veía obligado a continuar trabajando para subsistir y cumplir su parte del trato.

Y ahora, decidme si todo esto no tiene pinta de haber sido orquestado directamente por Liberty Records en connivencia con Taylor, que a saber qué porcentaje oculto se llevó.

Esta situación sería inmortalizada en la canción «My Crime», publicada en 1968 en el segundo álbum.

Alan quedó devastado con lo sucedido: justo cuando las cosas empezaban a ir bien lo perdían todo. Sabía que les habían tendido una trampa y era lo suficientemente inteligente como para saber de dónde venía. Pero, junto con sus compañeros, estaba atrapado. ¿A dónde podría ir él solo?

Se resignó, pero su descontento y su inconformismo crecían día a día. Se encerró todavía más en sí mismo, se resistía a entrar en otros ambientes que no fueran los más cercanos: la banda y unos pocos amigos. Se negaba sistemáticamente a relacionarse con los grupos salidos de Laurel Canyon, como si desconfiara de todo el mundo. No veía la televisión, no leía el periódico, sólo escuchaba emisoras de radio especializadas en blues. Estaba totalmente aislado de todo aquello que pudiera influenciarle, incluidos la discográfica y su manager. Todo lo cual le convertía en alguien tan inaccesible como difícil de manipular.

Sus letras trataban exclusivamente de sus propios sentimientos e ideas, no aceptaba ninguna propuesta externa. Le gustaba tocar, pero no ir de tour, se mostraba crítico con la apretada agenda que les imponían. Perdía los aviones constantemente y se presentaba varias horas después con el tiempo justo de salir al escenario. No dormía en los mismos hoteles que la banda, pues no se fiaba de lo que pudiera suceder allí, por lo que solía llevarse su saco de dormir y salía a pasar la noche en el campo.

Con todo lo que sabemos no hace falta que me extienda más para explicar lo poco adecuado que resultaba su perfil para según qué intereses.

Recibía tantas presiones por parte de Taylor, la discográfica e incluso sus propios compañeros, que su descontento le llevó a desinteresarse por la música. Se centró en la naturaleza, su otra gran pasión. Empezó a estudiar los árboles, sus nombres, su comportamiento, su evolución… Y entonces se dio cuenta del mal que le estaba haciendo el hombre al medio ambiente.

Sus amplios conocimientos en la materia y su implicación le llevaron a colaborar como asesor con la National Forest Service, una agencia gubernamental. Sin embargo, sus aportaciones a dicho organismo han desaparecido de los archivos oficiales.

Lo único que se sabe es que Wilson estaba elaborando un estudio para medir hasta qué punto los altos niveles de polución estaban afectando a la flora en todo el planeta. Como parte del trabajo se propuso determinar qué especies podrían sobrevivir si la contaminación continuaba ascendiendo al mismo ritmo. Cuando terminó el estudio sus conclusiones eran desoladoras: en poco más de cien años no quedaría nada. Aquello lo sumió en la desesperación.


LA DEPRESIÓN Y LOS SUPUESTOS INTENTOS DE SUICIDIO

A finales de 1968 los Canned Heat publicaban su tercer álbum, Living the blues, con menor presencia de Alan, que sin embargo se las arregló para componer algunas de las más importantes canciones.

Un interesante ejemplo es la balada Time Was, en la cual se aprecia tristeza ante un amago de despedida:

Alan estaba valorando dejar la banda.

Y es en este momento cuando las pocas biografías y testimonios que tratan sobre el artista se afanan en hablar de lo deprimido que estaba y las ganas que tenía de quitarse la vida. Uno de los personajes que más ha contribuido a ello ha sido, precisamente, Skip Taylor. Es increíble: cuando este tipo habla de Alan, de cada diez palabras cinco son referentes al suicidio y tres a su depresión.

Las personas que lo conocieron tienden a atribuir todos sus hábitos, vicios y particularidades a la depresión. ¿Se mostraba ansioso? Tenía depresión. ¿Meditaba mientras escuchaba música? Tenía depresión. ¿Le costaba mantener relaciones duraderas? Tenía depresión. Es como cuando ves una película por segunda vez: hay detalles que antes no habías percibido que ahora, al saber el final, parecen adquirir sentido. Una vez fallecido, y empeñadas la mayoría de las versiones en hablar de suicidio, es como si cada paso que hubiera dado Al en su vida fuera hacia ese final.

Aquí es cuando hay que hablar de aquel supuesto primer intento de suicidio: el golpe con la furgoneta.

1969, con 26 años Alan por fin obtiene el permiso de conducir, algo que hasta ahora no se había atrevido a hacer debido a su miopía.

Pero quería sentirse libre para viajar y conocer lugares nuevos, espacios naturales que deseaba visitar y estudiar. Por ello se compró una furgoneta y la acondicionó como una autocaravana: cama, cocina, mesa para poder sentarse a escribir… Se gastó un dineral, pero lo hizo con la mayor ilusión. Aquello daría un giro a su vida y podría dedicarse más a su mayor afición.

Poco después de estrenarla tuvo un accidente con ella: se salió de la carretera y volcó. Afortunadamente, no sufrió heridas de gravedad, pero la furgoneta, que ya era de segunda mano y algo vieja, quedó destrozada.

Unos meses más tarde se compró una segunda furgoneta, esta vez ya equipada en modo «camping», pero tuvo otro accidente, cuyos detalles se recogen en la autobiografía de Fito de la Parra, Living the Blues, del año 2000. Según él, fue Skip Taylor quien les dijo a los otros miembros de la banda que Wilson estaba intentando suicidarse y que resultaba peligroso que permaneciera sin supervisión.

Vale que dos accidentes en pocos meses son cosa seria, pero es algo que le puede pasar a cualquiera, más si se tiene poca experiencia conduciendo y escasa agudeza visual. ¿De dónde sale eso de que Alan estaba intentando suicidarse? ¿Es normal que, para quitarse la vida, una persona se dedique a comprar furgonetas y acondicionarlas con toda la ilusión del mundo para luego estrellarlas?

De hecho, y a pesar de ser el mayor defensor de esta versión, Skip Taylor tuvo que reconocer que Alan jamás habló con nadie de suicidio. Nunca le dijo a ningún amigo o compañero que estuviera tan desesperado como para desear la muerte.

Al no tenía ningún problema. El mundo tenía un problema con él, simplemente era demasiado particular.

O más bien era la industria musical la que tenía un problema con Alan Wilson.

 

BAJO LA CUSTODIA DE BOB HITE

A causa de este segundo golpe con la furgoneta, Alan sufrió diversos traumatismos que le provocaban severos dolores de cabeza. Alguien cercano a él (de quien no se ha proporcionado nunca el nombre, aunque yo apuntaría a uno en concreto), le recomendó no ir al médico y recurrir a unos analgésicos ilegales.

Esta medicación le sentaba fatal. Era demasiado potente o quizá, al provenir del mercado negro, estaba adulterada, pero el caso es que en una ocasión acabó inconsciente y tuvo que ser llevado al hospital.

Y allí estaba Taylor para alzarse al grito de «¡Al ha intentado suicidarse otra vez!»

Alan estaba solo. Taylor había logrado convencer a los demás miembros del grupo de que su estado mental era deplorable y era cuestión de tiempo que acabara consumando aquellos intentos de suicidio.

Al fue internado en un hospital mental. No hay reporte de que fuera en contra de su voluntad, tal vez él consideró que necesitaba un descanso o su propia tristeza le hizo creer que, realmente, era mejor estar acompañado todo el tiempo. Estuvo allí unos meses hasta que se hartó y dijo que se encontraba lo suficientemente bien como para salir.

Taylor, sin embargo, no estaba de acuerdo. Como no tenía la posibilidad legal de mantenerlo allí por obligación, se empeñó en que, como condición para salir, firmase un acuerdo con Bob Hite nombrándolo su «cuidador» oficial. Alan no vio inconveniente: Bob tenía una casa en medio de Topanga Canyon, un precioso parque natural donde podría seguir durmiendo entre los árboles.

Así quedó firmado: Bob se encargaría de «vigilarle» todo el tiempo que pudiera y Alan podría moverse con cierta libertad dentro de su propiedad.

Hite se las arregló para mantener a Al cercano a la banda, componiendo y acudiendo a las grabaciones, y así fue cómo surgió, a mediados del 69, el cuarto álbum: Hallelujah. En él encontramos una de las canciones más impactantes compuestas por Wilson: Get Off My Back, «Bájate de mi espalda».

No quiero que nadie me diga lo que tengo que hacer
Es verdad, no necesito a nadie alrededor de mí diciéndome lo que debo hacer
No quiero que ningún hombre me diga lo que debo decir o qué fumar
No necesito que ningún hombre me diga lo que debo decir

Y desearía que ese hombre se bajase de mi espalda
Me ha estado sujetando durante demasiado tiempo
Y no necesito a ningún hombre así por aquí
Recuerdo una vez que me derribaste
En el suelo, por eso lo digo
No sabía entonces lo que sé ahora, oh, mamá

Cuando visito a mi chica no estamos solos, tú estás ahí
Tú estás escuchando cuando hablo con ella por teléfono
Cuando le escribo una carta, tú la lees
Mírame, incluso nos has oído haciendo el amor
No quiero eso

Tuve un sueño cuando era niño
El hielo allí era claro y puro
Y todo lo que podía oír y ver
Eran las olas del océano y el rocío en la brisa
Hace mucho tiempo de aquello, antes de que viniera lo demás
Soñé que aún amaba lo mejor
Y a aquel lugar, donde ese hombre no es encontrado
Me voy…

Wilson nunca quiso explicar quién era ese «hombre» anónimo que le perseguía y le controlaba. Existen varias interpretaciones: una de ellas afirma que podría estar refiriéndose a una figura policial o al mismo gobierno. «El Hombre» era un termino popular en la contracultura de aquella época para referirse al aparato gubernamental. Resulta extraño, siendo que Alan nunca se interesó por la política.

Otra teoría viene de sus familiares: ellos aseguran que estaban hablando de Bob Hite y se basan en algunas cartas que Al les había escrito contándoles que este le amenazaba y le oprimía.

También podría estar hablando de Skip Taylor, instigador en la sombra de todo cuanto le estaba sucediendo.

La última posibilidad es que se tratase de todo lo anterior junto, él sabría por qué.

Alan soportó aquella situación durante un año hasta que, a mediados de 1970, anunció que se estaba planteando dejar la banda y montar otro grupo con el guitarrista Henry Vestine. No era la primera vez que Al les amenazaba con algo así, de manera que no le tomaron en serio.

O eso parecía al menos…

 

LA MUERTE

La tarde del 2 de septiembre de 1970 Alan fue a visitar a su gran amigo John Fahey, a quien hacía tiempo que no veía.

Sería sobre las siete o siete y media de la tarde. Vino a casa y me contó que había estado enfermo pero que ahora ya se encontraba mejor y que todo iba a ir bien. Yo le dije: «tío, no sabía que habías estado en el hospital, ¿por qué no me llamaste?» Y él me contestó: «No te preocupes, he estado mal, pero ahora me encuentro genial».

Después de ver a Fahey condujo hasta la casa de Bob Hite, donde todavía estaba viviendo.

No está claro quién fue la última persona en verlo con vida. Verlie Hite, la esposa de Bob, aseguró haber sido ella, ya que le dio las buenas noches antes de que él tomara su camino colina arriba. Sin embargo, Ed Marrow, hijo de Verlie de un matrimonio anterior, afirmó que había sido él:

Fui yo el último en despedirme de él antes de que subiera a la colina. Cuando le dije «buenas noches» él me contestó lo mismo, no hubo nada que pareciera extraño o fuera de lugar.

Ojalá fuera la única incongruencia que veamos en esta historia. Pero estamos hablando de un miembro del club de los 27 y, en este caso, las contradicciones en las versiones rozan ya el ridículo. Intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

 

La versión de Verlie Hite

Verlie y Bob Hite

Sobre las dos de la mañana del 3 de septiembre, unas horas después de haber visto a Alan por última vez, Verlie se despertó con el sonido del teléfono. Al otro lado de la línea estaba Skip Taylor. El resto de la banda, siempre según versión de Verlie, se había marchado a Alemania el día anterior (2 de septiembre) para iniciar una gira por Europa. Alan solía perder a propósito los aviones, por lo que a ninguno de ellos le había extrañado no verle aparecer por el aeropuerto.

Taylor llamaba para preguntarle a Verlie si Alan había partido ya hacia Alemania y para saber si lo había visto recientemente. Ella le contestó que no sabía dónde estaba.

¿Por qué llamaría Taylor a las dos de la madrugada? ¿No podía esperar al día siguiente? ¿Y por qué Verlie le dijo que no conocía su paradero? ¿No dice que lo había visto subir colina arriba? ¿Quizá mintió cuando afirmó que ella había sido la última en verlo? Y aún así, ¿no se imaginaba acaso que, como tantas otras veces, Al iba a dormir allí?

Al amanecer del día siguiente alguien vio la furgoneta de Alan aparcada en el patio. Verlie decidió explorar la colina para buscarle, y para ello le pidió ayuda a su hijo Ed y a otras cuatro personas que había en la casa. Uno de ellos era Craig Hoppe, un amigo suyo. El grupo se dividió y empezó a peinar la zona.

Sobre las diez y media de la mañana Craig encontró el cuerpo de Alan. O al menos es lo que dijo después el informe oficial de la investigación, a pesar de que todos los reportes de prensa afirmaban que había sido Verlie.

A la una y media de la tarde llegó la policía y certificó la muerte de Wilson.

Tenemos, por lo tanto, una inexplicable horquilla de tres horas entre el descubrimiento del cadáver y la llegada de los cuerpos de seguridad.

La versión de Verlie Hite coincide casi punto por punto con la oficial, de manera que pasaremos ahora a analizar las notas de los policías, entregadas a la oficina del forense.

El difunto fue visto por última vez vivo el 1 de septiembre en Midnite, su residencia actual, por Verlie Hite.
El difunto era miembro de un grupo de música rock. Los otros miembros se fueron a Alemania el 2 de septiembre.
El gerente del grupo de música telefoneó a la residencia del difunto preguntando por su paradero, a las dos de la mañana.
Furgoneta Ford Econoline de 1970 estacionada frente a la residencia.
Otros miembros de la residencia (un total de 6) fueron en busca del difunto.
El difunto fue encontrado a las 10:30 horas, el 3 de septiembre, por Craig Hoppe, 50 pies al oeste de la residencia, 50 pies de elevación con respecto a esta.
Estaba en el suelo, tumbado boca arriba, dentro de un saco de dormir, desnudo, en una zona boscosa y arbolada.
Espuma blanca en la comisura de los labios del difunto.
Hemorragia emitida por ambas fosas nasales del difunto.
4 pastillas rojas en una bolsa de plástico que se encuentra en el bolsillo del pantalón del difunto.
Toda la ropa es encontrada en el suelo, fuera del saco de dormir, al lado del difunto.
Una mancha o colorante rojo en la palma de la mano izquierda.
El saco de dormir no estaba sobre la cara o la cabeza del difunto cuando es encontrado.
No hay evidencia visual de violencia.

Como vemos, hay una contradicción en la fecha en la que Alan habría sido visto vivo por última vez: no sólo falta el testimonio de John Fahey, que había estado con él esa misma tarde, sino que sitúa el «buenas noches» de Verlie un día antes.

Aparte de esto, resulta cuanto menos extraño que unos policías no consideren una hemorragia nasal como un «signo de violencia», pero dejaremos esto para cuando hablemos del resultado de la autopsia.

 

La versión de Skip Taylor

La rocambolesca historia de Taylor sobre lo que sucedió aquel día comienza con una supuesta «premonición» que habría tenido su esposa la noche de la muerte de Alan.

La noche antes de que partiéramos para Europa, mi mujer se despertó en medio de la noche y dijo «Alan está muerto». Simplemente se despertó de una pesadilla y dijo eso. Yo creí que se había vuelto loca.

Llegué al aeropuerto al día siguiente para irme a Europa. Alan no apareció. Mi esposa sabía, psíquica como era, que tenía ese pensamiento… eso es lo que recuerdo. Y entonces todo el mundo estaba en el aeropuerto listo para ir y él no estaba allí. Sabía que ella tenía razón. Así que les dije: «Bueno, me quedaré aquí y buscaré a Alan». Pero sabía que no iba a encontrarme con Alan, sabía lo que iba pasar.

Bien, primer detalle importante: Taylor está diciendo que la banda había partido para Alemania el día 3 de septiembre, la misma mañana en que Alan sería encontrado muerto, en contra de lo referido por Verlie Hite y el reporte oficial. Esta incongruencia, que parece haber sido pasada por alto por los investigadores del caso, resulta fundamental en tanto que situaría a Bob Hite todavía en su casa la noche del fallecimiento.

Esta segunda versión de Taylor tiene más sentido si, buscando el programa de conciertos de aquel tour, averiguamos que el primer show se celebro el día 4 de septiembre en Deutschlandhalle, Berlin. No resulta lógico que se hubieran marchado dos días antes.

En cuanto a la «premonición» de su mujer, en mi opinión es una patraña para justificar esa llamada a Verlie a horas intempestivas y el repentino cambio de planes que le haría perder el avión porque «sabía que algo le había pasado a Alan». Un hecho que dejó a todos boquiabiertos, tal y como narró Fito de la Parra en su biografía, puesto que era habitual en Alan llegar tarde a los viajes. Según él, nadie salvo Taylor se mostró preocupado en ese momento.

Cabe resaltar que la versión de Fito sí concuerda con la de Taylor en la fecha de partida de la banda, lo cual termina de confirmarla como la más verosímil.

Seguimos con la historia de Taylor:

Fui a casa de Bob Hite, sabiendo perfectamente lo que me esperaba allí. Subí por la colina y supe dónde encontrarle. Él solía dormir detrás de la casa de Bob en Topanga Canyon. Así que subí y lo encontré allí, vestido dentro del saco de dormir, dormido con una botella vacía de ginebra y un frasco vacío de pastillas. Y la sonrisa más grande que hayas visto jamás. Yaciendo allí muerto, tieso como el clavo de una puerta y sonriendo como un gato Cheshire. Era sobrecogedor. Y, por primera vez en mi vida, creí en la vida después de la muerte, espíritus o lo que sea, porque pude sentir a Alan allí y verle allí y todo.

No sé ni por dónde empezar… Voy a ir por partes porque jamás me había encontrado con tantos comentarios para un párrafo de seis líneas.

El reporte de la policía indica claramente que fue Craig Hoppe quien encontró el cuerpo. El único momento en que aparece Taylor en la versión oficial es en la llamada a las dos de la mañana.

Taylor había llamado para preguntar si Alan estaba allí. ¿Cómo es posible que supiera exactamente dónde estaba al día siguiente? Según la versión de Verlie, hicieron falta seis personas peinando el área durante tres horas para encontrarle, pues estaba en una zona muy boscosa, oculto entre la maleza. Pero Taylor asegura que fue directamente allí.

Según el testimonio de Adolfo de la Parra, Taylor aseguraba que había encontrado el cuerpo al mediodía, lo cual entra en conflicto con la hora oficial de aparición del cuerpo y la hora de certificación de la muerte que se sitúa en las 13:30.

La escena del crimen difiere también notablemente con la oficial: según Taylor, había una botella vacía de ginebra y un frasco vacío de barbitúricos, y nada de esto se describe en el reporte. Las únicas pastillas encontradas fueron las cuatro que Alan se había guardado en el pantalón. También, aunque sea un detalle menor, hay que reseñar que Taylor lo describe vestido dentro del saco, cuando la policía dice que estaba desnudo.

Y ya, por último (de momento), esa «gran sonrisa» de gato Cheshire que tenía Alan es inconsistente con una muerte decretada como sobredosis de barbitúricos.

Taylor jamás ha tenido a bien explicar por qué su versión es tan distinta de la oficial. Algunos escritores y periodistas han tratado de ponerse en contacto con él para preguntarle, pero él ha declinado responder. En cuanto a la policía, aseguran que en su momento les fue imposible localizarle para solicitarle aclaración sobre estos puntos. Quizá no lo intentaron demasiado…

Lo que sí está claro es que la versión de Taylor tiene como principal objetivo avalar la hipótesis del suicidio: botella de ginebra y frasco vacío de pastillas, sonrisa en la cara simbolizando su felicidad por marcharse de este mundo, etc. Para Skip Tayor ha sido siempre una obsesión convencer al mundo de que Alan Wilson se había suicidado.

 

¿Qué le pasó en realidad a Alan?

Según el reporte oficial no había evidencia real en la escena de la muerte que demostrase que Alan se había quitado la vida. No había nota de despedida, algo habitual en estos casos, y el resultado de la autopsia demostró que en su cuerpo no había ni alcohol ni una dosis masiva de barbitúricos.

Es más: la presencia de esas cuatro pastillas en el bolsillo de su pantalón no concuerda con un suicidio. No es lógico que Alan se guardase píldoras «para después» si sabía que iba a morir. De haber querido intoxicarse deliberadamente, se las habría tomado todas para estar más seguro de que surtían efecto y las habría acompañado de grandes cantidades de alcohol.

Los rumores y especulaciones se han ido sucediendo a lo largo del tiempo entre los amigos y fans de Wilson: algunos aseguran que había tomado trescientas pastillas, otros sugieren que las pocas que había tomado, al provenir del mercado negro, podrían haber estado envenenadas con estricnina. Ninguna de estas teorías está apoyada por el resultado de los análisis toxicológicos, que fueron concluyentes: en el organismo de Alan Wilson no había nada que pudiera haberle matado.

Y, sin embargo, el médico forense adjunto, Luis Quan, decretó oficialmente la muerte de Alan como «intoxicación aguda por barbitúricos, debido a la ingestión de sobredosis». En el certificado de muerte se añade la palabra «accidental». El término «suicidio» no aparece por ningún lado.

¿Pero cómo se puede certificar un fallecimiento como una sobredosis de barbitúricos cuando no se han encontrado suficientes barbitúricos en el cuerpo del fallecido? Especialmente cuando se están pasando por alto una serie de evidencias que apuntarían en otra dirección:

En primer lugar, la hemorragia nasal, que no tiene explicación con este diagnóstico.

En segundo lugar, cito textualmente:

El cuero cabelludo presenta un área de abrasión superficial de 1,2 x 2,8 centímetros. Esta localizado en la parte superior trasera del cráneo.

Las venas de la superficie del cerebro están moderadamente congestionadas. En la región parietal del hemisferio cerebral hay una pequeña cantidad de sangre roja brillante.

Existe también una congestión de leve a moderada en la superficie del cerebro, tallo y cerebelo.

Estas evidencias encontradas por Quan demuestran que Alan sufrió una serie de contusiones poco antes de fallecer. No eran suficientes como para causar la muerte, pero sí indicaban que fue víctima de un acto violento y que, probablemente, hubo algún tipo de forcejeo.

Alan no estaba solo en la colina, a pesar de lo que él creía. Se había alejado, internándose en el bosque y eligiendo el lugar más oculto y apartado posible. Habría sido difícil encontrarle en la oscuridad (recordemos el tiempo que tardaron en hallar su cuerpo, a la luz del día y entre seis personas), de manera que, quien quiera que fuese, tuvo que seguirle desde la casa. ¿Quién estaba aquella noche en Midnite?

La versión oficial, así como la de Verlie Hite, afirman que la banda había abandonado Los Angeles el día 2 de septiembre, pero esto queda desmentido por Skip Taylor y Adolfo Fito de la Parra, que aseguran que cogieron el avión el día 3 por la mañana. El programa de conciertos de aquel mes avalaría esta versión.

Hay un único punto en el que ambas versiones, la de Verlie y la de Taylor, se ponen de acuerdo: ambas exculpan a Bob Hite. Una, situándolo a miles de kilómetros de distancia. La otra insistiendo en todos aquellos detalles que apunten al suicidio.

Todo esto habría quedado aclarado si las autoridades hubiesen realizado un careo para aclarar las incongruencias y si se hubiese llevado a cabo una reconstrucción de los hechos. Igualmente tendrían que haberse tenido en cuenta las evidencias de daño físico en el cuerpo de Alan.

Pero nada de esto se hizo. ¿Por qué?

Se abren dos posibilidades:

1. Negligencia. Se trataba de un artista musical, conocidos en la época por su abuso de sustancias ilegales y alcohol. No se quisieron complicar.

2. Estaban ocultando la verdad y, por lo tanto, al verdadero culpable (o, más probablemente, culpables).

Quince días después, el 18 de septiembre, moriría Jimi Hendrix, a la edad de 27 años. Y dieciséis días después, justo un mes después que Alan, lo haría Janis Joplin, a la edad de 27 años.

Tres estrellas del Rock fallecidas en un mes, los tres a la misma edad, los tres en similares circunstancias. ¿Casualidad?

La teoría de la negligencia pierde puntos en favor de la segunda: conspiración.

Pero aún tenemos que hablar de otro hecho que terminará de inclinar la balanza.

 

LA MUERTE DE BOB HITE

Según Fito de la Parra, la muerte de Alan supuso un tremendo shock para todos ellos. Habrían querido cancelar los conciertos y marchar a Los Angeles para asistir al funeral, pero Bob Hite insistió en continuar con el tour.

Sorprenden su frialdad y pragmatismo, sobre todo sabiendo lo que sucedió después con los restos de Alan.

Wilson fue incinerado el día 5 de septiembre. Sus cenizas fueron enviadas al cementerio Woodlawn de Massachusetts, su tierra natal. Este, a su vez, se las remitió a Barbara, la madrastra de Alan. Ella, pensando que él habría deseado quedarse en los Redwoods de California, las envió de nuevo a Los Angeles, a casa de Bob Hite.

Según John Fahey, Hite se obsesionó con las cenizas de Alan hasta tal punto que las llevaba a los conciertos de la banda «para que Al pudiera ver el show». Esto enfurecía a Henry Vestine, que lo consideraba irrespetuoso, y tuvo varias discusiones con él hasta que lo convenció de que se dejara la urna en casa. Esta fue colocada sobre la fregadera de la cocina, permaneciendo allí hasta que Verlie se hartó también y decidió, por su cuenta, esparcir las cenizas por el bosque.

En 1970, poco después de la muerte de Alan, los Canned Heat firmaron un contrato con EMI-Capitol Records. Se unió a la banda Richard Hite, el hermano de Bob, que también cantaba, en un intento de suplir a Alan.

Pero el grupo ya no volvió a ser lo que era. En 1981, once años después, sólo habían publicado dos álbumes de estudio nuevos, con un éxito notablemente inferior a los anteriores. Con todo, continuaban actuando donde y cuando podían.

En esta época el entorno de los Heat era cuanto menos perturbador, rodeados de rebeldes, bandidos, miembros de los Ángeles del Infierno…

5 de abril de 1981, Venice, Los Angeles. Un hombre que más adelante sería identificado como un comandante de tanques del ejército israelí se acercó a Bob Hite justo antes de comenzar el show. Sacó un pequeño frasco de polvo rosa y le aseguró que se trataba de una cocaína como jamás había probado. A pesar de ser un desconocido, Hite la aceptó.

Fito de la Parra, que se encontraba a su lado en ese momento, le pidió que tuviera cuidado, pero Hite ignoró su consejo. «Esta mierda no me va a afectar lo más mínimo», dijo, y la esnifó toda.

En apenas unos segundos Bob se desplomó en el suelo inconsciente. Fito avisó al resto de la banda para que le ayudaran a llevar los ciento cuarenta kilos de peso de «El Oso» hasta el camerino, donde lo tumbaron con la esperanza de que se le pasara pronto. Ya habían visto a Hite antes en ese estado, y solía quedar todo en un par de horas de sueño.

«Ya se había desmayado muchas veces antes», recuerda Fito. «Estábamos acostumbrados a dejarlo cuando se desmayaba en el escenario. ¿Quién puede levantar a un hombre de 300 libras? Luego se levantaba por la mañana y decía: ‘¿Qué coño ha pasado?»

Pero aquella vez no se despertaría. El corazón de Hite se había detenido. Un amigo de la banda, Ray Chambers, cogió el vial de droga que Bob había esnifado y probó unos granos que habían quedado. «Esto no es cocaína -dijo -sino heroína pura».

Cogió su moto y salió a toda prisa en busca del tipo que le había pasado la droga con la intención de pedirle explicaciones, pero no lo consiguió. El comandante israelí había desaparecido de la faz de la tierra y nunca más se le volvió a ver por allí.

La heroína pura es extremadamente difícil de encontrar en las calles, y mucho menos en el bolsillo de un supuesto camello de tres al cuarto. Ningún traficante comercia con droga pura, puesto que eso le supondría perder dinero. La cortan con otras sustancias, generalmente antibióticos o analgésicos suaves, cualquier cosa que sea blanca y en polvo y pase desapercibida.

La droga con la que se comercia en la calle suele tener un 30 o un 40 % de sustancia pura como mucho. Esta es la principal causa de la muerte por sobredosis: cuando a un consumidor habitual le venden una heroína con más pureza la consume pensando que es como siempre, pero sin saberlo está tomando el doble de droga. Para una sobredosis basta con que la proporción suba hasta el 50 o el 60%.

¿Por qué es importante esto? Porque una heroína pura sólo puede haber salido directamente de un laboratorio, sin pasar por las manos de nadie. Y si alguien entrega semejante sustancia a otra persona no es para comerciar, sino para matarle.

Esta información será fundamental cuando hablemos de la muerte de Janis Joplin, pero resultaba imprescindible comentarla ahora para demostrar que asesinaron a Bob Hite.

La pregunta ahora es, ¿por qué? ¿Qué convertía a Hite en incómodo? ¿Tal vez guardaba un oscuro secreto que no debía conocerse?

 

Alan escuchó unos pasos acercándose. Trató de abrir los ojos, pero la debilidad muscular y la somnolencia que le habían provocado las dos pastillas que se había tomado se lo impidieron.

Una mano se apoyó sobre su cara, tapándole la boca y apretándole la nariz con tanta fuerza que no podía respirar. Se removió y trató de defenderse. Consiguió levantar la cabeza, pero la mano lo empujó bruscamente hacia abajo, haciendo que se golpeara contra el suelo. Notó un dolor punzante en la parte de atrás. Siguió intentándolo, pero su oponente era demasiado fuerte para él. Se le acababa el aire, empezó a marearse, el agotamiento lo envolvió, dejó de luchar. Y, poco a poco, se fue sumiendo en un sueño eterno.

Lady Ruth


FUENTES

Davis, Rebecca. Blind Owl Blues: The Mysterious Life and Death of Blues Legend Alan Wilson (English). Edición de Kindle.
De la Parra, Adolfo. Living the Blues (Spanish). Perfect Paperback, 2011.
http://teamrock.com/feature/2014-12-20/the-twisted-tale-of-blind-owl-and-the-bear
https://thevinylpress.com/interview-with-skip-taylor/



7 comentarios en “Alan «Búho Ciego» Wilson, un asesinato bajo las estrellas”

  1. Que interesante Lay, demasiados suicidios en el mundo del rock, ¿ Chris Cornell también sobraría del mapa musical? Será verdad la expresión » vales más muerto que vivo»

  2. Que hermosa redacción. Lo leí escuchando Bring it on home.
    Desde la primera vez que vi la actuación de canned heat en beat club cuando tenía mis 14 primaveras, me dio la sensación que ese muchacho sufrió mucho, el gordito de la armónica no se porque no me caía bien, ahora entiendo porque, gracias por tan bello artículo

  3. En mis tiempos cuando joven 24 años, ví el festival de WoodStock año 1969. Al comienzo de la película sonaba una canción que me impresionó mucho…Con el tiempo supe que era del grupo «Canned Heat»…Cuando tuve Internet, busque como loco todo lo que salía de «Canned Heat», su historia, canciones fotos, etc.
    La verdad es que eran un grupo único, originales en su estilo.
    La mafia de los empresarios de la música los asesinaron y es verdad eso «Vale más muerto que vivo».
    En la serie producida por Mike Jagger «VINILO», se vé toda la Mafia de la música. Saludos desde Chile.

  4. Hermosa descripción y triste a la vez el adiós del gran Alan. He disfrutado mucho esto que nos escribes pero también despiertas en mi un repentino odio hacia las ambiciosas empresas de la música capaces de engrandecer a alguien pero tambien de destruir y desaparecer sin cortapizas.
    Agradezco tus relatos viviificantes sonremanera.

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