Pink Floyd: Comfortably Numb o el abuso al que son sometidos los artistas

La trama de los Beatles es sólo una parte de una gran conspiración llevada a cabo en el marco de la industria musical y que, a su vez, forma parte de un proyecto mayor que tiene como objetivo buscar métodos para controlar a las masas, especialmente a los jóvenes.




Esta realidad es algo que intento plasmar en mi blog, aunque me centre en la teoría de la sustitución de Paul McCartney por ser el caso más relevante y con más cantidad de información.

Por eso hay un apartado dedicado a la trama del LSD y otro a la «Generación del 27», bajo la premisa de que no se puede entender lo sucedido con los Beatles si no lo contextualizamos dentro de una serie de acciones que tuvieron -y tienen – como víctimas a muchos otros artistas y grupos musicales.

Aunque resulte obvio, hay que recalcar que no se puede utilizar a los artistas como herramienta de control si no se controla, a su vez, a los artistas. Es decir, hay que convertirlos en marionetas. Hoy en día los métodos para conseguir esto han evolucionado mucho, y tenemos ejemplos como Lady Gaga o Beyoncé (por citar sólo dos), que no es que obedezcan, es que no tienen ni la más mínima opción de hacer otra cosa que lo que tienen «programado».

Los artistas se crean «de serie»: se cogen cuando aún no son famosos y se moldean al gusto.

Pero no siempre ha sido así. Cuando todo esto empezó, allá por los años sesenta, los músicos objeto de control ya eran famosos. Ya influían en la juventud, porque en su mayoría eran profesionales que se habían ido abriendo camino por mérito propio hasta formar una legión de fans que les seguían.

Esto tenía una ventaja para los que mueven los hilos: la mitad del trabajo ya estaba hecho. Pero la gran desventaja era que estos músicos, ya curtidos en muchos ámbitos, solían tener principios. No necesariamente buenos, pero eran suyos. De hecho, si lograban esa repercusión en la sociedad era, precisamente, por la forma de plasmar sus propias ideas. Como ya dije en mi artículo introductorio, alguien que piensa no es dócil.

También hay que decir que en aquel entonces el público, en general, tenía criterio. Elegía lo que quería. Y eso es algo que la industria, hoy por hoy, les ha robado. Moldeados unos, moldeados los otros.

Volvamos ahora a esta premisa: controlar a los artistas. Tratarlos como a objetos, simples máquinas de fabricar canciones y llenar estadios, robándoles su personalidad y sus sentimientos. Utilizarlos, presionarlos, maltratarlos. ¿Suena exagerado?

Ya vimos una pequeña introducción en mi artículo sobre la canción «Hotel California». Vamos a continuar con otro caso que, además, dio lugar a auténticas obras maestras.

Pink Floyd merece una mención especial en nuestra historia. Han sido víctimas de esta trama varias veces, con resultados devastadores para algunos de sus miembros. Por eso esta no será la única vez que tengamos que hablar de ellos. Sin perjuicio de que más adelante les dedique otro artículo, se hace imprescindible hacer ahora un pequeño resumen que nos ayude a visualizar el escenario en el que se creó la canción que analizaremos hoy.

Syd Barrett, «un papel protagonista en una jaula»

Ha habido pocos músicos con la inteligencia, la capacidad compositiva y el talento de Syd Barrett, miembro fundador y líder de los Pink Floyd.

Syd fue el último en llegar a un grupo que había ido cambiando de nombre a lo largo de un año y medio y que no terminaba de depurar su estilo.

Era gran amante del Rythm and Blues, motivo por el cual la banda pasó a llamarse «The Pink Floyd Sound», en honor a dos de sus músicos de blues favoritos. También era un gran fan de los Beatles, cuyo álbum Revolver provocó que decidiera dar un giro hacia el Rock Psicodélico.

La banda, formada por Syd a la guitarra, Roger Waters al bajo, Rick Wright como teclista y el batería Nick Mason, supuso una revolución en tanto que acompañaban su música con efectos de luces, imágenes y sonido para lograr un ambiente psicodélico.

Psicodelia… Si buscamos esta palabra en el diccionario obtendremos dos definiciones:

  1. Excitación sensorial que se manifiesta con euforia y alucinaciones y que está producida por el consumo de drogas alucinógenas.
  2. Movimiento artístico, especialmente musical, que pretende expresar los efectos que provocan las drogas alucinógenas.

Lo resolveremos con esta sencilla fórmula:

Música + drogas alucinógenas + años sesenta = conspiración.

Viajemos un poco hacia atrás en la historia de Syd y tengamos muy en cuenta aquel gráfico de conexiones que expuse en mi artículo sobre la trama del LSD en Gran Bretaña (que viene a ser como «la guía madre de este blog»).

¿Por qué? Porque vamos a recordar a este siniestro personaje:


Ronald Hadley Stark, agente de la CIA infiltrado en la mafia hippie californiana en tanto que les proporcionaba litros de LSD que estos, a su vez, repartían por los festivales de música.

A mediados de los sesenta viajó a Londres y empezó a trabajar en el Instituto Tavistock con un psiquiatra radical muy famoso por aquel entonces:


Ronald David Laing, responsable de la London Free School, comunidad educativa creada en marzo de 1966, basada en las llamadas «universidades libres» que servía para reunir, formar y aconsejar a jóvenes artistas. Sus alumnos potenciales provenían del arte underground y el movimiento hippie.

Resumiendo: preparar a artistas noveles para introducirlos al LSD y utilizarlos posteriormente como medida de propaganda de la droga y por lo tanto para manipular a los jóvenes.

Un alumno destacado de esta escuela fue Syd Barrett.

Y no sólo eso, sino que meses después, en octubre del 66, Syd fue invitado junto con su grupo a participar en un evento promovido por esta escuela en colaboración con la Indica Galery (vuelvo a remitirme al artículo anterior). Consistió en un baile de disfraces que tuvo lugar en la Roundhose de Chalk Farm y que fue descrito como «uno de los dos eventos más revolucionarios en la historia de la música y el pensamiento alternativos de Inglaterra».

Lo hicieron tan bien (o tan bien como se esperaba de ellos) que en 1967 firmaron un contrato con EMI, siempre atenta a «fichar» a todo tipo de grupos con proyección de futuro. El éxito de su segundo single les abrió las puertas de los estudios de Abbey Road, donde comenzaron a grabar su primer LP, The Piper and the Gates of Dawn. Todas las canciones, menos una, fueron compuestas por Syd.

Fue en este momento cuando coincidieron con los Beatles, que grababan entonces las canciones de Sargent Pepper’s. Aquello debería haber supuesto un auténtico sueño para Syd, compartir estudio con sus ídolos. Pero no lo fue.

En ese momento se sumió en la desesperación y cayó en una profunda depresión que, a su vez, le llevó a aumentar el consumo de drogas, especialmente el LSD.

Podéis hartaros de consultar los documentales y libros que se han hecho sobre Syd Barrett, en todos encontraréis la siguiente máxima: «se volvió loco porque tomaba muchas drogas». Lo que ninguno se pregunta es ¿por qué tomaba muchas drogas?

¿Cuánto LSD tomaron John Lennon o George Harrison durante su etapa psicodélica? ¿Cuánta cocaína llegó a consumir Eric Clapton en toda su vida? Por no hablar de David Bowie o los Rolling Stones. Por supuesto que las drogas pasan factura y afectan a la mente, pero, ¿cuántos han acabado como Syd?

«Absorbido, ausente, se convirtió en una persona que estaba muerta estando viva»

Así lo describe Peter Whitehead, director de Tonite Let’s All Make Love in London, documental sobre el movimiento underground en los años sesenta.

Syd estaba hundido en la miseria, sumido en un mundo de tinieblas y precipitándose en el abismo de la desilusión y la pena. Y eso no lo provocan las drogas. En todo caso, las drogas son una consecuencia.

A raíz de esto comenzaron a surgir las disputas con el resto de miembros de la banda, pues Syd quería mantener su carácter experimental y no convertirse en un mero grupo comercial, que era lo que se exigía de ellos por parte de EMI. Pero los intereses pesaron más que él, y poco a poco fue sucumbiendo a la presión.

Su declive llegó hasta tal punto que protagonizaba lamentables espectáculos en los conciertos. Roger Waters propuso que abandonara las giras y las grabaciones, pero permaneciera en la banda como compositor. Era su amigo y había fundado el grupo, no podían dejarle atrás. Trató de convencer al manager y a los responsables de EMI argumentando que tenía un indiscutible talento y era una pena perderle. Pero no hubo nada que hacer. Se le cerraron las puertas y fue sustituido por David Gilmour.

A Waters le dolió mucho esta situación y llegó a componer varias canciones dedicadas a Syd, como la conocidísima Wish you Were Here, que encarna el sentimiento de impotencia que sintieron y demuestra que las decisiones sobre Syd habían estado lejos de su control.

He elegido este video por ser una interpretación de Waters en lugar de David Gilmour, que es como se grabó originalmente. Por más que su voz suene peor, nada puede compararse a lo genuino de sus sentimientos que, años después y a juzgar por su expresión al cantar, continúan siendo los mismos:

¿Así que crees que puedes distinguir
el cielo del infierno?
¿Cielos azules del dolor?
¿Puedes distinguir un campo verde
de una vía de frío acero?
¿Una sonrisa de un velo?
¿Crees que puedes distinguirlo?
¿Consiguieron hacerte cambiar tus héroes por fantasmas?
¿Cenizas calientes por árboles?
¿Aire caliente por una brisa fresca?
¿Fría comodidad por dinero?
Cambiaste un papel secundario en una guerra
por un papel protagonista en una jaula.

Cuánto desearía, cuánto desearía que estuvieras aquí
Sólo somos dos almas perdidas
Nadando en una pecera
Año tras año
Corriendo sobre los mismos viejos campos
¿Y qué hemos encontrado?
Los mismos viejos miedos
Desearía que estuvieras aquí

También tenemos la maravillosa Shine on You crazy Diamond, cuyo título hace referencia a Syd al más puro estilo de Lucy in the Sky with Diamonds.

Recuerdas cuando eras joven, brillabas como el sol
Brilla en tu loco diamante
Ahora hay una mirada en tus ojos, como agujeros negros en el cielo
Brilla en tu loco diamante
Estabas atrapado en el fuego cruzado de la infancia y el estrellato
Soplando en la brisa de acero
Vamos, blanco de risas lejanas
¡Vamos, forastero, leyenda, mártir, brilla!
Alcanzaste el secreto demasiado pronto, lloraste por la luna
Brilla en tu loco diamante
Amenazado por sombras en la noche y expuesto a la luz
Brilla en tu loco diamante
Agotaste tu bienvenida con precisión aleatoria
Cabalgaste en la brisa de acero
Vamos, en tu delirio, eres un vidente de visiones
¡Vamos, pintor, gaitero, prisionero, brilla!

Está todo dicho. Hay obras que adquieren más belleza y sentido cuando uno sabe de verdad lo que hay detrás de ellas y esta es la suerte que tenemos los que abrimos los ojos y rompemos el muro…

En primer lugar, Syd se dio cuenta de lo que había sucedido con los Beatles, en lo que pretendían convertirlos a ellos, y se rebeló.

En segundo lugar, un artista con su talento, pero rebelde ante el control de la industria musical, y sabiendo además lo que sabía, era bastante peligroso.

Intentó volver a la música en varias ocasiones, pero tuvo tan poco éxito que poco después se retiró a vivir en casa de sus padres. Tras veinte años desaparecido, una publicación musical lo localizó y trató de hacerle una entrevista. Sorprendentemente, Syd dijo que no recordaba haber pertenecido nunca a un grupo llamado Pink Floyd. Murió en 2006 de cáncer.

Cambiaste un rol secundario en la guerra
por un papel principal en una jaula.

Así fue, ni más ni menos. Syd eligió ser dueño de su destino, aunque este fuera el olvido, antes que doblegarse y venderse. Roger, sin embargo, parece interpretarlo como un acto de cobardía, puesto que él si se quedó luchando.

 

La era Waters: abrid los ojos, romped el muro, rebelaos

En diciembre de 1967, y dado el estado de Barrett, la banda decidió llamar a un amigo de este, David Gilmour, para que le diera apoyo en guitarra y voces durante los conciertos. Pero Syd estaba cada vez peor y, a pesar de los intentos de Roger de que se lo mantuviera cerca, fue finalmente expulsado en abril del 68. Gilmour tomó entonces su lugar de manera definitiva.

Aquellos que me vienen siguiendo desde hace tiempo ya saben que no aprecio demasiado a Gilmour (por decirlo de una forma suave). Siempre se ha hablado de Waters como causa de los conflictos en la banda, antes y después de Syd. No les falta razón, Roger no es ningún santo. Le podían el orgullo y su mal humor. Perfeccionista hasta la extenuación, martirizaba a sus compañeros para que todo estuviera a su gusto. No llevaba bien el trabajo en equipo. Pero sus críticos no tienen en cuenta el peso que llevaba encima y la responsabilidad que sentía al querer transmitir, a través de su música, mensajes que él consideraba fundamentales.

Gilmour, directamente, es una mala persona. Buen músico tal vez, virtuoso de la guitarra (aunque yo no lo incluiría en el número 14 de la lista de los más grandes por encima de Les Paul como hizo la revista Rolling Stone) y con una preciosa voz. Pero no soy capaz de separar al artista de su obra, es lo mismo que me pasa con Faul.  Si el artista es un miserable, no podré evitar esbozar una mueca de hastío al escucharle cantar. Para mí, el fin no justifica los medios.

Para David Gilmour sí.

El segundo álbum de Pink Floyd se grabó entre enero y abril del 68. Syd todavía estaba allí, pero su estado era ya tan terrible que poco podía aportar. Sólo una de las canciones del álbum fue compuesta por él, pero, al escucharlo, todavía se aprecia el estilo del que había sido su líder. El título, A Saucerful of Secrets, también es digno de mención.

Y es que esta época estará marcada por la importancia y la profundidad del mensaje que Roger quería compartir, que se apreciará tanto en los sonidos experimentales como en lo filosófico de sus letras.

The Dark Side of The Moon (1973) ahonda en temas como la enfermedad mental (basada en lo sucedido con Syd y cuyo máximo exponente lo encontramos en Brain Damage), la codicia y las injusticias en general. Pero también encontramos otros conceptos, como esta frase de Us and Them:

Y las líneas en el mapa
Se movieron de un lado a otro
Negro y azul
Y quién sabe qué es qué y quién es quién

Wish You Were Here (1975) fue un concepto total de Waters, todas las letras son suyas. Al igual que en el anterior, se abordan cuestiones morales, incluyendo en este caso críticas hacia la industria musical. Roger continuaba muy afectado por lo sucedido con Syd, algo que se manifiesta en la canción homónima del disco y en Shine on You crazy Diamond. Durante la grabación de esta última sucedió un hecho perturbador, nos lo cuenta así Richard Wright:

Una cosa que permanece en mi memoria, que nunca olvidaré; sucedió en las sesiones de «Shine On». Llegué al estudio y vi a un hombre sentado al fondo de la sala, estaba tan lejos como tú lo estás de mí. Y no lo reconocí. Dije ‘¿Quién es este fulano detrás de ti?’ ‘Ese es Syd’. Y simplemente me vine abajo, no lo podía creer… Se había afeitado todo el pelo… Es decir, hasta las cejas, todo… Iba de arriba a abajo, haciendo ruido con los dientes, era horroroso. Y, eh, yo estaba, quiero decir, Roger estaba llorando, creo que yo también; los dos estábamos llorando. Fue muy chocante, siete años sin contacto, y llegó entonces, cuando nosotros estamos haciendo esa canción en particular. No sé, coincidencia, karma, destino, ¿quién sabe? Pero fue muy, muy, muy fuerte.

 

Mención especial requiere esta otra canción del álbum, dedicada a Syd y en la cual se habla directamente de manipulación. La industria musical simbolizada como una máquina y los artistas como «marionetas».

Animals (1977) fue otro disco conceptual inspirado en ni más ni menos que el libro «Rebelión en la granja» de George Orwell (ese visionario). Waters critica a la sociedad, ridiculiza a la clase política e incluso llama a la revolución.

Un año después de terminada la gira de este álbum los Pink Floyd se vieron inmersos en un gran escándalo económico. La empresa que gestionaba sus beneficios había estado malversando fondos. Esto hizo que tuvieran que abandonar el país durante un año. Fue durante este exilio forzado cuando Roger concibió y terminó la idea de The Wall, grabado en Francia y publicado en 1979.

Animals había sido un gran atrevimiento, pero no tanto como este. Roger creó una ópera Rock a partir de sus propias vivencias, inventando un alter ego llamado Pink, un artista famoso que se ve sometido a la presión y que arrastra fantasmas de su pasado en forma de traumas. Acaba construyendo un muro en el que se aísla, convirtiendo su espacio en un mundo de fantasía y autoengaño.

No necesitamos control del pensamiento…

Este trabajo no es sólo uno de los más grandes en la historia de la música, también uno de los más osados y transgresores jamás publicados. Y, sin embargo, mirad los «análisis» que se suelen hacer de esta obra en los medios oficiales. De tan simples y poco arriesgados hasta inspiran ternura. ¿Cuál es el mensaje de Waters aquí?

Un año después de la publicación Richard Wright decidió que abandonaba la banda.

En diciembre de 1985 Waters anunció que los Pink Floyd se separaban. Pero Gilmour no estaba de acuerdo. Convenció a Nick Mason de que siguieran actuando por su cuenta bajo el nombre Pink Floyd. Roger, al enterarse, presentó una demanda y los llevó a los tribunales.

Gilmour argumentaba que Waters se había marchado por iniciativa propia y que, por lo tanto, no tenía derecho a reclamar nada. Roger, por su parte, aludía a su carácter de miembro fundador.

La clave final estuvo en Richard Wright. Gilmour le convenció de que regresara y apoyara su iniciativa. De esta forma eran tres contra Waters, dos de ellos miembros fundadores.

Roger perdió la partida.

 

Pink Floyd marca blanca

A partir de entonces comenzó lo que los críticos musicales denominan «La era Gilmour». Una era en la que no se ha vuelto a ver nada comparable a Animals o The Wall, con ese carácter luchador, crítico y ácido. En contra del sistema, en contra de la manipulación. Tratando de hacer despertar a las masas aborregadas.

No voy a entrar a discutir la calidad musical. Como se suele decir, «para gustos los colores». Gilmour es capaz de escribir bonitas canciones con melodías muy trabajadas.

Pero lo que vemos ahora no es Pink Floyd. El alma de Pink Floyd eran Barrett y Waters, y luego siguió siéndolo Waters. Sin ellos esto no es nada, es un subproducto, una marca comercial sin personalidad ni identidad. Exactamente lo que quiere la industria musical.

Liderada por aquel que parece gozar del favor de los de arriba. Gilmour se quedó con una banda que no fundó, aprovechándose del declive del que llegó para sustituir. Un declive causado por los mismos a quienes Roger acusaba en sus canciones. Y que él, Gilmour, jamás ha criticado.

Por cierto, que Faul se volvió un gran fan de Pink Floyd a partir de entonces y ambos se convirtieron en grandes amigos. David Gilmour protagonizará un capítulo de nuestra trama del LSD y los Beatles, que tiene como epicentro la canción «Lucy in the sky with Diamonds» y nos ayudará a comprender mejor de qué clase de personaje estamos hablando. Pero eso será objeto de otro artículo. Muy pronto…

 

Comfortably Numb

Hacía tiempo que quería escribir sobre esta canción. Es mi favorita de Pink Floyd (que, en este caso, es lo mismo que decir de Roger Waters) pero no había forma de contextualizarla sin antes contaros su historia con el punto de vista necesario para comprender qué sentía Roger y qué se está plasmando en ella.

29 de junio de 1977. Los Pink Floyd se preparaban para actuar en el pabellón Spectrum de Filadelfia con motivo de su gira de promoción del álbum Animals.

Mientras esperaban en el backstage Roger comenzó a sentirse muy mal. Llevaba tiempo sufriendo síntomas estomacales, pero Steve O’Rourke, su manager, se había empeñado en achacarlo a los nervios y la presión de las actuaciones, negándose a que fuera al hospital por miedo a que eso afectara al calendario del tour. Si lo hubiera hecho le habrían diagnosticado Hepatitis, una enfermedad que, de no ser tratada, puede llegar a ser grave y muy incapacitante.

Roger se apoyó en la pared, no podía sostenerse en pie y los dolores eran cada vez más intensos. Un sudor frío recorría su cuerpo. Nick le puso la mano en la frente: estaba ardiendo. Lo tumbaron en un sillón del vestuario que hacía las veces del camerino y llamaron al doctor.

Este, al verlo, meneó la cabeza.

-Parece una grastroenteritis muy fuerte» -dijo.

O’Rourke lo cogió del brazo y se lo llevó aparte.

-Me da igual como lo hagas -le susurró – pero consigue que salga a tocar. Hay 20.000 personas ahí fuera.

A partir de ahora será Roger quien nos cuente lo que sucedió:

Tenía unos dolores de estómago tan terribles que pensé que no podría hacerlo. Un doctor vino al backstage y me inyectó algo que no sé lo que era, pero juro por Dios que podría haber matado a un puto elefante. Me aseguró que era un relajante muscular, pero lo dudo. Yo jamás recomendaría darle eso a ningún ser humano. Pasé todo el concierto sin poder levantar las manos, adormecido e insensible. Estaba tan mal que al final del concierto, cuando el público pedía más, no fui capaz de seguir. Tuvieron que hacer los bises sin mí.

Abril de 1979, Francia. Los Pink Floyd se encontraban en los estudios Super Bear grabando The Wall. Una mañana David Gilmour apareció con una demo que había creado unos meses antes. Se trababa de una melodía vocal sin letra, acompañada de unos acordes de guitarra. La idea había sido incluirla en su primer álbum como solista, pero al no saber cómo completarla la había dejado aparcada.

Entonces Roger tuvo una idea. «Esto podría ser parte de algo mayor», pensó. En medio de la grabación de un álbum que trataba, entre otras cosas, de la presión sufrida por los artistas, le vino a la mente lo sucedido años atrás.

Escribió la letra de la melodía de Gilmour, creando un escenario onírico que encajaba con su estado cuando empezó a hacerle efecto la sustancia suministrada por el médico. Después compuso la letra y la música de la parte vocal que él cantaría, y que coincidiría con las frases que escuchaba mientras era atendido. Finalmente agregó la línea «I have become comfortably numb» y su melodía.

De esta forma la canción quedo dividida en dos partes diferenciadas.

Se escuchan golpes en la puerta acompañados de voces repitiendo machaconamente que es hora de irse. Un coro se arrastra en dirección ascendente para acabar preguntando si hay alguien allí.

Comienza una melodía lenta, repetitiva y monótona, que será la que sirva de fondo a la voz grave de Roger.

¿Hola? Hola, Hola…
¿Hay alguien ahí dentro?
Asiente con la cabeza si puedes oírme
¿Hay alguien en casa?
Vamos (vamos), ahora
He oído que te encuentras mal
Bien, yo puedo aliviar tu dolor
Y ponerte en pie otra vez
Relájate
Primero necesito algo de información
Sólo los hechos básicos
¿Puedes mostrarme dónde te duele?

De repente la melodía se abre, llenándose de luz como si hubiera entrado el amanecer tras una larga noche negra. Es relajante, agradable y dulce, igual que si estuvieras flotando en un sueño. La voz fina y entonada de Gilmour ayuda a remarcar más aún el cambio.

No hay dolor, tú te estás esfumando
Un barco distante, niebla sobre el horizonte
Llegas hasta mí a través de las olas
Tus labios se mueven, pero no puedo oír lo que estás diciendo
Cuando era un niño tuve una vez fiebre
Sentía mis manos como si fueran dos globos
Ahora tengo ese mismo sentimiento de nuevo
No puedo explicarlo, tu no lo entenderías
Esto no es lo que yo soy
Me he quedado cómodamente adormecido
Me he quedado cómodamente adormecido

Y de nuevo la oscuridad con la voz de Roger resonando como una letanía lejana:

Okay, sólo un pequeño pinchazo (suena un clik)
Ya no habrá más «Aaaaaaaaaaah» (grito de angustia)
Quizá sientas náuseas, pero pocas
¿Puedes levantarte?
Creo que está funcionando bien
Esto te mantendrá en el show
Vamos, es hora de irse

No hay dolor, tú te estás esfumando
Un barco distante, niebla sobre el horizonte
Llegas hasta mí a través de las olas
Tus labios se mueven, pero no puedo oír lo que estás diciendo
Cuando era un niño tuve una fugaz visión
Justo en el rabillo del ojo
Volví la vista, pero se había ido
Ahora ya no puedo poner mi dedo sobre ella
El niño ha crecido
El sueño se ha ido
Me he quedado cómodamente adormecido

 

Roger se sintió como un objeto. Lo único que importaba era que saliera al escenario. Ni siquiera que tocara o cantara bien, sólo que apareciera ante el público enardecido que esperaba fuera. Habían pagado sus entradas para ver a los Pink Floyd y tenían que ver a los Pink Floyd. Cancelar ese concierto habría supuesto unas perdidas económicas inadmisibles.

Waters quería expresar eso, contar su historia, quejarse de la injusticia cometida. Se basó en sus propias experiencias, como hacen todos los artistas. Las frases en las que habla de un niño es un recuerdo suyo también, de una vez que estuvo muy enfermo y se sintió de una forma parecida. Pero lo acabó convirtiendo en una oda al dolor que provoca madurar y perder la inocencia en un mundo frío, cruel y alienante. Estar cómodamente adormecido significa estar metido en el muro y negarse a ver la realidad.

Algunas voces han hablando también de una posible referencia a la droga, concretamente la heroína, y puede que tengan razón. De hecho, si lo contextualizamos en el mundo de los artistas y en la trama que estamos investigando, la denuncia de Roger adquiriría una dimensión aún más importante.

En un primer momento el nombre elegido para el tema fue «The Doctor». Una vez grabada, la maqueta fue enviada al productor para su orquestación, siempre bajo las indicaciones de Roger.

Esto fue causa de fuertes discusiones. A Gilmour no le convencía el sonido de la base instrumental y propuso otra que a Waters no le gustó nada. Otro motivo de discrepancia fue la línea «I have become comfortably numb»: Roger quería cantarla, pero Gilmour consideró que no funcionaría y que su propia voz le daría un sonido más suave en consonancia con la parte anterior.

Y ya, por último, los dos solos de guitarra compuestos por David, que Roger consideraba excesivos, hasta el punto de acusarlo de querer usarlos para «destacar» en la composición. Según él, sentía celos de que él hubiera sido capaz de sacar adelante un tema que él había dejado por imposible.

El acuerdo llegó finalmente después de «horas de intensas negociaciones», en palabras de Waters. Qué remedio tenía, en todo caso. Le gustara o no, la demo había sido obra de Gilmour.

Al igual que antes, he elegido una versión interpretada por Waters, que se tiene que apoyar en otra voz para cantar la parte de David Gilmour. Por cierto, que los solos de guitarra quedan estupendamente interpretados por su guitarra solista. Habría que colocarlo en la lista de los mejores guitarristas de la historia.

Comfortably numb fue la última canción que Roger y David compusieron juntos. En 1986 Roger abandonaba la banda, considerando que los Pink Floyd ya estaban muertos. Tenía razón.

 

Lady Ruth
Con la colaboración de Raúl Ramírez Orozco

FUENTES

Documental sobre la historia de Syd Barrett: https://www.youtube.com/watch?v=_cia7oXa3eQ
Datos sobre la composición de Comfortably Numb: http://www.songfacts.com/detail.php?id=1697
Entrevista a Roger sobre las discusiones durante la grabación: https://www.youtube.com/watch?v=YKiWpaMkU08&t=5s



3 comentarios en “Pink Floyd: Comfortably Numb o el abuso al que son sometidos los artistas”

  1. Bravo, Lay, por tu magnífico artículo una vez más. Gracias por desvelar nos los entresijos de la industria musical y las componendas orquestadas a través de grupos de poder, a las que yo era tan ajeno… He leído tu libro en tiempo récord, y, francamente, aún estoy en conmoción por muchas de las cosas que cuentas allí. Enhorabuena por lo excelentemente bien escrito que está, y por todo el acopio de información de que has hecho gala en el mismo. Yo soy seguidor de los Beatles desde hace mucho tiempo, y doy fe de que tu información es fidedigna y merecedora de todo crédito. Me gustaría comentarte algunas cosas en privado, si no te es molestia, Lay. Un abrazo.

    1. Muchas gracias por tu apoyo, Carlos, y por leer mi libro el cual me alegro mucho de que te haya gustado. Para contactar conmigo puedes escribirme a mi página de Facebook «Paul is dead – Lady Ruth» a través de la mensajería. Un abrazo.

  2. Muchas gracias Lay por tan excelente trabajo, tienes una forma de escribir que capta por completo la atención del lector. Me alegra mucho conseguir esta nota en este momento, casualmente estaba leyendo y viendo videos tratando de entender la historia real de Pink Floyd. Comfortably Numb también con el tiempo se ha estado volviendo una de mis canciones favoritas. Empecé a tratar de entenderla luego de escucharla en la película The Departed (que me parece una película con una actuación de DiCaprio que le mereció el Oscar más que su actuación en El Renacido).

    Para mi Pink Floyd son los verdaderos creadores de lo que es un álbum conceptual, cosa que se le acredita a Sgt Pepper, pero para mi eso empezó realmente con Pink Floyd y con Syd.

    Ahora ya puedo entender mas fondo todo el contexto de fondo de la canción y su creaciòn, aunque habiendo leído tus anteriores trabajos entiendo un poco de tu poco aprecio por Gilmour como persona, creo que cuando hablaste de la canción le has dado el mérito que ha tenido. Ayudó a crear una canción genial y no se le puede quitar, para mi la canción brilla en su totalidad y es un logro tanto de Roger en su letra como de Gilmour en la base y en esos solos que a mi la verdad si me gustan. Para mi sin el uno o sin el otro la canción no hubiera sido lo que al final fue.

    Espero ansioso por la continuidad con el episodio de Gilmour y Lucy in the Sky with Diamonds.
    Saludos, muchas gracias por todo!

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